lunes, diciembre 6, 2021
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    Carlos Dorado, ser migrante es…

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    Venezuela un país que recibía hace unas décadas a cientos de miles de emigrantes, y que nos veían como el país de las oportunidades, hoy se estima que más de seis millones de venezolanos han emigrado. Entrevistamos a Carlos Dorado, presidente de Italbank y vicepresidente de Italcambio, una persona que llegó a Venezuela siendo un niño, hace 50 años, y que conoce de primera mano, lo que significa ser emigrante.

    —Carlos Dorado, ¿qué significa para ti ser un emigrante?

    —Significa dos países, uno que lo quieres con todo tu corazón; y uno que te ilusiona, pero aún no lo quieres, uno que te hizo lo que eres hoy, y el otro que te convertirá en lo que quieres ser mañana.

    Es un poco morir por lo que dejaste, y es un poco vivir por lo que encuentras, es morir, es revivir, es vivir la nueva rueda de tu vida.

    ¡Queremos muchas cosas, pero tenemos que dejar muchas otras; es un trueque!, expresó Carlos Dorado.

    —¿Es difícil tomar la decisión de emigrar?

    —¡Hay momentos de la vida en los que hay que ser muy valientes para emigrar, y muy valientes para quedarse!, comentó Carlos Dorado.

    ¡Es muy triste dejar la tierra que te vio nacer, nuestra familia y nuestros amigos! Son decisiones valientes motivadas por lograr un sueño, el cual siempre comienza con una pesadilla, y donde hay que acostumbrarse de nuevo a todo; pero sobre todo a volver a vivir. ¡Es algo así como si tuvieses que morir para volver a vivir!

    «Te dicen emigrante cuando llegas, y te dicen emigrante cuando regresas»

    —¿Pensaste que algún día Venezuela pasaría de ser un país de inmigrantes a uno de emigrante?

    —Me acostumbré a ver muchos españoles y otras nacionalidades llegando a Venezuela; pero nunca pensé que iba a ver tantos venezolanos llegando a todo el mundo. Vi gente llorar porque se venían y ahora veo gente llorar porque se van; pero el equipaje sigue siendo el mismo después de cincuenta años: ¡La Morriña! La tristeza de la separación, la promesa de volver, el recuerdo de lo normal que pasa a ser especial, lo especial que pasa a ser normal. Uno que trata de olvidar y lo repite tantas veces que termina convirtiéndose en el efecto contrario; ya que nunca se deja de olvidar.

    —¿Irse o quedarse? ¿Qué piensa Carlos Dorado?

    —¡Unos que sueñan con irse, otros que sueñan con regresar!

    Un venezolano tiene todo el derecho a irse del país, y seguramente tendrá miles de razones para hacerlo; pero también habrá muchos venezolanos que tendrán miles de razones para quedarse. Pretender ser el juez del que se va o del que se queda, es un papel que a nadie le debería corresponder, y como bien decía mi padre: «Nadie es culpable, cuando se es el propio juez; y siempre es más fácil juzgar a los demás que a uno mismo».

    Veo que hay gente que opina alegremente sin nunca haber emigrado, y son muchos menos, los que profundizan en analizar las circunstancias de por qué algunos han tenido que hacerlo, reflexionó Carlos Dorado.

    «Patriotismo es trabajar por el progreso de cada uno individualmente con honradez», aseguró Carlos Dorado

    Carlos Dorado
    Carlos Dorado, presidente de Italbank y vicepresidente de Italcambio

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    —¿Qué es lo más triste de emigrar?

    —Esa añoranza o sentimiento de pena que produce la ausencia, la privación de la familia, de un país, de unas costumbres, de unos amigos, y de cosas muy queridas. Los recuerdos te persiguen, sin saber cómo ni dónde colgarlos, y son muchas las noches que te quedas viendo la luna, pensativo, a sabiendas de que esa luna que estás observando, es la misma que ve la gente que tuviste que dejar atrás, dijo Carlos Dorado.

    —¿Qué siente por Venezuela después de 50 años de haber emigrado?

    —Yo amo profundamente Venezuela, porque siendo un niño, mis padres decidieron emigrar y no por razones turísticas, sino por necesidad pura y dura, y nos recibieron con los brazos abiertos. Nos dieron la oportunidad a ellos de trabajar, y a mí de estudiar; y más allá de la «Morriña» que sentían mis padres, nunca me sentí discriminado o rechazado.

    Yo he aprendido a querer a Venezuela; mejor dicho, a amarla, y dicen que el verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece. No sé si será por el hecho de que uno no elige donde nace, pero sí donde quisiera morirse, o porque en mi caso, vine siendo un niño y aquí me hice adulto, o si porque todo lo que soy y tengo, se lo debo a nuestro país; pero siento un profundo amor por mi país: Venezuela, y siento que estoy en deuda con ella.

    —¿Cómo era Venezuela en esa época?

    —Era el país de las oportunidades, y cientos de miles de españoles, italianos, portugueses, latinoamericanos, encontraron en Venezuela una oportunidad y un futuro en la misma, expresó Carlos Dorado.

    En mi caso particular, me consta que los emigrantes gallegos ayudaron tremendamente y fuimos un gran activo para España, y me imagino que igual sucedió con otros países. Sin embargo, hoy, a los venezolanos nos tachan de «sudacas» y somos vistos como sospechosos y somos injustamente maltratados. Esto me entristece, e históricamente me parece de una gran injusticia hacia Venezuela y los venezolanos.

    «No es necesario demostrar nuestro patriotismo con divisiones y exclusiones, eso es no querer a Venezuela»

    —¿Cómo observas Venezuela ahora?

    —¡Venezuela siempre valdrá la pena! Por la esencia de la mayoría de su gente, más allá de quién o quiénes la gobiernen o la hayan gobernado. Los gobiernos pasan y el país queda; y hay mucha gente buena, sencilla, alegre, trabajadora, y con ganas de un futuro mejor. Esa gente que emigra, aunque no te parezca, será un grandísimo activo para el país.

    «Carlos todo llega, todo pasa, todo cambia», decía mi madre; pero lo que siempre estará allí es Venezuela, y por encima de cualquier circunstancia, situación económica o tendencia política; somos venezolanos, y eso es bueno que nunca lo olvidemos, ya que Venezuela significa tener amigos, una familia, una infancia, y un país lleno de motivos y lugares bellos con un grandísimo potencial, que debemos sentirnos orgulloso de pertenecer a él, recordó Carlos Dorado.

    Eso sí, tenemos que dejar los odios entre nosotros mismos, pues así no puede construirse el futuro. Y no es necesario demostrar nuestro patriotismo con divisiones y exclusiones, eso es no querer a Venezuela. Patriotismo es trabajar por el progreso de cada uno individualmente con honradez, y que por extensión beneficie al país; y que cada día sean más y más; hasta que logremos ser un pueblo que se destaque por las virtudes de: sobriedad, laboriosidad, honradez y preparación.

    ¡Venezuela vale la pena!, exclamó al ObservadorLatino, Carlos Dorado, presidente de Italbank y vicepresidente de Italcambio.

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    Juan Vilchez
    Licenciado en Comunicación Social (LUZ) y magíster en Gerencia Empresarial (UFT). Docente y experto en medios digitales. Máster en Marketing Digital y Analítica Web

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