jueves, diciembre 2, 2021
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    TVES como síntoma del declive de la televisión venezolana

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    La televisora social de Winston Vallenilla murió antes de nacer, como un aborto mediático celebrado por los bombos y platillos del sistema de orquestas del minimaestro Abreu, bajo la conducción de Dudamel en su fase de instrumentador de los robos de la dictadura.

    Después los involucrados en el saqueo, incluyendo al director de los rulos, fingirán demencia, subestimando a la audiencia.

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    Pero si usted tiene memoria, lo recordará en su vano intento de armar una fiesta cultural, cuando lloramos el cierre de RCTV.

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    Entonces, Gustavo mostró cero empatía y solidaridad por los miles de trabajadores, talentos, creadores y artistas que perdieron su empleo, por el expolio del régimen de sombras.

    Las víctimas siguen contándose en vidas destrozadas y traumatizadas por el exilio, por el paro forzoso, por la pérdida de una fuente estable de salario y desarrollo personal.

    El chavismo castigó, sin misericordia, a Radio Caracas Televisión, apagando su señal y dejando huérfanos a sus usuarios.

    En adelante, RCTV pudo reinventarse y evolucionar a través de la web y de las redes sociales, adaptándose al futuro y demostrando que una marca no se limita a un contenedor.

    Mientras se espera por una justa indemnización para RCTV por los daños cometidos en años de tiranía, TVES huyó para adelante, como un tren descarrilado sin rating y auditoría que quema dinero del estado en programas de una piratería populista, nunca antes vista, como de un canal regional que intenta imitar malamente a la historia de nuestra televisión comercial.

    Por ende, lo ocurrido en la transmisión olímpica de TVES, donde interrumpieron a un funcionario, para censurarlo y ponerlo en completo ridículo no es un hecho aislado, sino que forma parte de un patrón de conducta cínico, que lamentablemente globaliza a la red nacional de televisión, que conozco por dentro, luego trabajar durante décadas en ella.

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    Así pude ser testigo de cómo la televisión nacional se envileció y empobreció, a merced de la vigilancia estricta y absurda que hace Conatel sobre cada programación, tema y contenido, imponiendo qué se quita y qué se sale de la parrilla, al modo de un cuartel de Orwell.

    La oficina de un «Loki» rojo que prende y apaga botones, con el tacto de un Koki en un penal.

    La televisión criolla se militarizó, siguiendo un orden jerárquico que centralizan los comisarios del estado, cuyas sentencias nadie puede contradecir y desobedecer, so pena de perder la concesión y la chamba.

    La fulana concesión deviene en el chantaje que ha secuestrado a toda la televisión pública del país, obligándola a encadenarse cuando a Maduro le da la gana, pasando unas cuñas horribles del desgobierno y transmitir series decadentes como “Caminos de Libertad”, a propósito del bicentenario de la batalla de Carabobo.

    Por eso, las personas migraron y modificaron sus hábitos de consumo, ignorando olímpicamente a los canales venezolanos, llenos de enlatados, espacios refritos, banalidades faranduleras o shows deportivos que, por lo general, cometen los dislates y disparates que le vimos a los narradores de TVES, ganadores de la medalla de estiércol en su disciplina de maquilladores de un desastre, del asalto cubano y comunista a la televisión nacional.

    Si el proyecto de una televisión privada y pública feneció con el chavismo, no queda dudas que un reto inmediato es recuperar el concepto de unos medios abiertos, independientes y libres que nos vuelvan a entusiasmar, representar y llenar de orgullo, por la vía que sea.

    Menos mal que estamos en ello, informando realmente lo que acontece y siendo testigos del surgimiento de un relevo generacional que no se cruza de brazos, que responde y se activa con sus propios recursos.

    En cuanto a TVES y al resto de los fósiles de la televisión abierta, su enfermedad carece de remedio dentro de la revolución y la cohabitación.

    Actualmente caminan y transitan como muertos en vida, como almas en pena.

    Sus señales renacerán, de verdad, cuando el país vuelva a ser democrático.

    Por lo pronto son apéndices de TVES.  

    Sergio Monsalve. Director Editorial de Observador Latino.

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