miércoles, enero 26, 2022
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    Armando Scannone y José Rafael Lovera: dos próceres civiles

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    Este ha sido un año funesto también para la gastronomía nacional por la muerte de nuestros dos grandes titanes en ese campo en Venezuela: José Rafael Lovera y Armando Scannone, amén de mucha gente valiosa en muchas áreas, y peor por la pandemia del virus chino.

    Murió a los 82 años José Rafael producto de la pandemia y quizás mucha gente no lo sepa, pero es el verdadero padre de la nueva gastronomía venezolana que surgió en los años ochenta cuando muchos jóvenes, luego de egresar del CEGA becados por Lovera, eran contratados como chef por grandes restaurantes del exterior. De allí ese pequeño boom que se vino abajo por las asonadas de 1992 cuando los venezolanos perdimos la confianza en el país y leímos y entendimos la Historia mal, colocando los carros delante de los bueyes.

    Armando era distinto. Trató de crear un gran libro de recetas de cocina a la manera de Caracas y lo logro gracias a su famoso libro rojo editado en los años setenta y basta con decir que es el libro nacional más vendido en toda nuestra historia. Era Armando amigo de un tío materno y siempre me preguntaba por él. Luego mi amiga Gisela Santander era comensal habitual en su casa y le pedía las recetas del menú y él se las daba mecanografiadas antes de la aparición de la computadora. Yo las vi. Armando era ingeniero de una promoción a comienzo de los años cuarenta y tuvo mucho éxito en su empresa de ingeniería cuando su juventud bajo Pérez Jiménez y creo que se retiró joven dedicándose a viajar por el mundo y a recibir amistades en su casa.

    Con la precisión que da las matemáticas a un ingeniero fue sustituyendo en el mundo de las recetas a ideas y conceptos como ñinga, puñito y pisca con medidas del sistema métrico de modo que eliminó la vulgarización sustituyéndola por cucharadas, centímetros cúbicos y otros términos precisos y universales. Armando era más expansivo y gustaba más de conversar con la gente que José Rafael, siendo ambos hombres muy sencillos de verdad.

    Presenciar la discusión entre ellos sobre la elaboración de un menú o sobre las virtudes de un vino en la cena anual de la Academia de Gastronomía era un espectáculo. La última vez que nos vimos en su casa fue cuando reunido con José Rafael y Luis Troconis aprobaron y recomendaron mi libro de Historia de los Restaurantes de Caracas hasta los años 1970, que aún espera por editor. Además era aficionado al Art Nouveau y sobre lo que hablábamos también pues era una afición compartida.

    Creo que uno y otro merecen que la ciudad los honre con el nombre de una calle o una plaza pues fueron grandes venezolanos y caraqueños de su tiempo. Que desde el cielo sigan protegiendo la calidad de vida de los venezolanos.

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