miércoles, enero 26, 2022
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    4 virtudes de Matrix Resurrections

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    Estrenada en 1999, Matrix fue una de las últimas películas del siglo 20 y una de las primeras del milenio, en cuanto a diseño de producción y efectos especiales se refiere.

    También actualizaba la teoría de los simulacros, ventilada antes por autores como Philip K. Dick y Jean Baudrillard.

    La cinta original supuso el pico creativo para los Wachowski, antes de cambiar de género y pasarse a llamar “las Wachowski”.

    Después hilvanaron una serie de películas excéntricas y queer, cargadas de mala leche y un divertido sentido de la autoconciencia, no del todo comprendidas y valoradas por la crítica, como Meteoro, Cloud Atlas, Jupiter Ascending y Sense 8.

    Las hermanas fueron reduciéndose en su ley, olvidándose de complacer a todos. Una elección riesgosa, pero aceptable dentro de su canon como autoras.  

    Urguidas por extender su propio invento, para sacar réditos, han regresado a finales del 2021 con una película, «Matrix Resurrections», que es la quintaesencia de la posmodernidad irónica, plagándose de guiños a su mitología y erigiéndose en una parodia deconstructiva, que se dinamita así misma al tiempo que abre nuevas capas de percepción en la audiencia. De ahí que cuente con las siguientes cuatro virtudes.

    1) Volver al origen de lo que Marvel saqueó.

    En los últimos años, Marvel ha vivido de saquear y plagiar ideas de “Matrix”, como la teoría del simulacro, que es fuente de inspiración para series como “Wanda Vision” y “Loki”, con una estética camp y goofy  que es patrimonio Wachowski. “Matrix Resurrections” marca distancia con las franquicias actuales de súper héroes, al evitar caer en el juego de “Spiderman no way home”, cuyo hype procede de hacer servicio, de ser condescendiente con el fandom, al rodar un filme hecho a la carta de las exigencias del gran público, para que confirmen en la pantalla las obvias sospechas que se desprenden del tráiler. En vez de ello, “Matrix Resurrections” quiere despertar a su audiencia, advertirle de los peligros de rendirse a un deja vu de nostalgia, dándole nuevamente la bienvenida al desierto distópico de lo real, buscando una salida del control algorítmico de nuestras vidas, bajo un orden difuso de ciencia ficción.

    2) Desprogramarse del metaverso con humor.

    En la gran secuencia de la película, un grupo de geeks y nerds, como del Valle del Silicón, lideran una tormenta de ideas, para crear una continuación del video game de “Matrix”. Así exponen y desarman cada uno de sus clichés, como la famosa técnica de la “bullet time”, consistente en ralentizar el tiempo del plano, a fin de ver movimientos veloces, desde diferentes ángulos de cámara. La escena me recuerda a “Free Guy”, que es otro filme postMatrix. Por igual, las realizadoras no dejan pasar la oportunidad, para ajustar cuentas con su invento y con la pretensión de sus productores, en Warner, de convertirlo precisamente en una “Matrix” que nos esclaviza. Pocas veces en Hollywood tenemos la suerte de asistir a una terapia de shock, en la que unos artistas se permiten revisar crítica y tragicómicante sus obras, como si estuviesen en una charla TED. De las cuestiones más sublimes del filme, es el momento “lynchesco” que proyecta imágenes de la primera trilogía, ante los rostros de incredulidad y los gestos de una risa burlona de los herederos del legado. Dichas fugas y abstracciones pertenecen al campo del video arte americano, apostando más por seducir que por instruir. Hoy el contenido falla porque, en efecto, desea imponernos un dilema moral, una lección de autoayuda, a cualquier precio, para parar de sufrir. Nada más lejos de “Matrix”, que basa su poder en el cuestionamiento agudo de la reproducción de la obra de arte, en el desgaste progresivo de los bucles de la representación. Por eso no se maquilla o disfraza el desencanto épico de Neo, siempre al borde del suicidio. Neo está deprimido en su concha, en su celda digital, atiborrado de pastillas y memorias culposas. Hasta el psicólogo lo manipula, instrumentando su crisis como un arma en contra suya. Él es el sujeto, sin autoestima, del que se alimenta la Matrix.

    3) El miedo por el ascenso del Big Tech.

    En “Matrix Resurrecction”, los villanos diseñaron un metaverso como el de Mark Zuckerberg, lleno de bots y espejismos malignos que nos dominan a través de una tecnología que refuerza el narcicismo y la deshumanización. El paraíso artificial del largometraje se compone por montañas de datos, que nos alienan, persiguen y acosan. Ahí surge la obligación de desarrollar un contenido derivado de Matrix, a objeto de extender la saga. Las hermanas resumen el absurdo de embarcarse en semejante proyecto, con el único propósito de mantener a un rebaño contracultural en fase de domesticación y explotación. Por algo la cinta transcurre en San Francisco, cuna de los programadores de nuestra jaula digital. “Matrix Resurrections” propone superar sus complejos de grandeza y despotismo, apelando al corazón de los personajes de la franquicia.

    4) Más amor que guerra de clones.

    “Matrix Resurrections” es un filme romántico que narra el reencuentro de Neo con Trinity, ambos adorablemente maduros y crepusculares, cuales antihéroes otoñales de las aventuras de Clint Eastwood. Ningún efecto oculta sus arrugas, sus líneas de expresión, sus ganas de tener una segunda oportunidad. Así “Matrix Resurrections” le responde, a su modo, a la manía de la meca por afirmar el mito de la juventud por siempre, desechando a sus talentos veteranos o negándoles la posibilidad de protagonizar blockbusters. Dicen que Trinity es la verdadera protagonista de Matrix, que en ella se esconden los principales huevos de pascua del guion. No en balde, detona la acción en “Matrix Resurrecctions” y salva a Neo en más de una ocasión.

    Como problema, la película redunda y explica con el parlamento, como en el cierre de la primera trilogía.

    Tampoco escapa de las comparaciones con los Animatrix, en la segunda hora, más endeble que la primera.

    Así y todo, hay más cine en ella, y destreza de dirección, que en mucha de la oferta comercial que circula por ahí.

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