lunes, noviembre 28, 2022
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    Blonde: una odiosa telenovela canalla que no le hace justicia a Marilyn

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    Marilyn sufre como “Precious” en una de las sobrevaloradas e infumables del 2022. Una especie de secuela de «12 años de Esclavitud», producida nuevamente por Brad Pitt, para martirizar a una intérprete en ascenso. Una alta red flag que procedemos a criticar.

    Atención, el hecho de estar basada en una ficción o novela, no inhibe o desactiva la capacidad de criticar el contenido. Por el contrario, anima el debate acerca de las inconsistencias y falencias de su adaptación.

    “Blonde” puede ser la película más canalla del año, pero se pretende importante, grave y artística. Una pena por Ana De Armas, quien la incorpora con todo su cuerpo y alma. Una lástima por el director Andrew Dominik, cuyas cintas previas imprimieron contundencia expresiva en la pantalla.
    Con “Blonde” se le han subido los humos a la cabeza, al querer realizar una deconstrucción del mito de Marilyn Monroe, sin ofrecer matices en un calvario de puro llanto, moco tendido y tormento, desde una posición condescendiente de superioridad moral ante el pasado, para juzgarlo y condenarlo, como si ella solo hubiese encarnado una página oscura de la historia del cine.
    Nada más alejado de la realidad, nada menos cierto que el perfil terrorífico que pinta de ella, una brocha tan gruesa, monocorde, sombría y lo peor de todo, excesivamente redundante, pues la cinta da vueltas sobre su eje a partir de la primera hora, pasando de anillos del infierno a círculos del averno, en un ejercicio de demolición que se antoja problemático y contradictorio, arrogante y solemne, misógino y de una misantropía al límite de la caricatura negra.
    En uno de los últimos giros culposos que ha dado la corrección política de Hollywood, ahora resulta que los clásicos deben ser o cancelados o condenados, tal como vemos en la despreciable “Blonde”, donde hasta se nos acusa por reverenciar y amar las obras maestras que hizo Monroe con Billy Wilder.
    Según el filtro reductor de Dominik, tengo que sentir vergüenza y remordimiento por reírme con ella en “Con Faldas y a la loco”, que es una de las mejores comedias del séptimo arte.
    O de “La Comezón del séptimo año”, debo pensar y concluir que solo fue otra excusa para explotarla morbosamente, para una jauría de hombres lobo, movidos por el sexismo y la cosificación.
    Viendo el melodrama pomposo de Netflix, cualquier espectador, cualquier fan de la diva, se siente juzgado y atacado, no diré ofendido, pero sí señalado por identificarse genuinamente con su carrera cinematográfica.
    Por supuesto, la pieza no es tonta, como para tapar el sol con el dedo. Reconoce la nobleza de la chica platinada, su conocida ingenuidad, sus problemas edípicos, sus aficiones culturales, su evolución y carisma.
    Nada nuevo bajo el sol.
    Mérito de Ana De Armas dotar de ángel a un personaje escrito por un cretino que la infantiliza, enceguecido por el nuevo aire revisionista de la meca, según el cual los buenos son los creadores de hoy que se distancian y denuncian a los malos de la industria en el pretérito, aunque paradójicamente utilizando sus mismos recursos: la tragedia martirizada en blanco y negro, la vampirización de la miseria ajena, el estereotipo, la vendetta política, el populismo de subirse al carro de las agendas de la época, y en especial, la brutal deshumanización de una protagonista femenina, a la que el filme depara una narrativa de humillación, violación y tormento, carente del menor respiro.
    Es decir, “Blonde” involuntariamente predica lo que critica, al revictimizar a Marilyn, sometiéndola a una terapia de choque que la termina por desarmar y desactivar, por convertir en poco menos que un estropajo, al que se vuelve a torturar por todos sus orificios, quedando como una muñeca rota, usada por gerentes y presidentes, maltratada por esposos y mujeres viles, dibujada como un artificio pornográfico que nunca tuvo la oportunidad de concebir, ser feliz por un minuto, realizarse como mujer, dado que siempre acabó en una escenita, sufriendo algún escarmiento o colapso, dentro de un hundimiento progresivo que se narra sádicamente.
    Claro que Marilyn, no lo duden por un minuto, fue más que la pobre “Blonde”, una dama que nos hizo llorar y reír, que nos inspiró con su poesía escrita, que demostró que las rubias también pueden ser inteligentes y dueñas de su imagen.
    Naturalmente, la película posa de filme multidimensional y complejo, sin embargo, peca de una redacción infame de telenovela mejicana con estética de publicidad de perfumes, de campaña nostálgica de una marca glam, de fashion qualité que busca lucir como una pesadilla de Lynch y Von Trier.
    Pero ustedes no se confundan, ni permitan que Netflix se forme un criterio por usted. Compare con las películas originales y vea las enormes diferencias.
    Marilyn en realidad no fue una actriz frustrada del método. En efecto, pudo cumplir sus sueños y metas de superación, al lograr codearse con la élite del Actors Studio, con los grandes actores e intelectuales de su tiempo, con los autores y directores de moda, aportándoles una presencia con plena conciencia de su estatus, con un notable desarrollo interpretativo que se truncó, por desgracia.
    Marilyn, que he pasado la vida estudiándola y analizándola, necesitaba de nuestro afecto y cariño, de nuestra empatía. Precisamente, fue víctima de incomprensión e instrumentación por parte de sus múltiples aprovechadores.
    No obstante, se las arregló para mantener un porte regio y digno frente al inmisericorde paso del tiempo, y a prueba de cualquier primer plano.
    Más que acusarla o traicionarla, más que divinizarla o demonizarla como “Blonde”, el mito de la Monroe exige que sea cuidado y protegido, celebrado y preservado, como una de esos patrimonios y esculturas de nuestra historia que corren el peligro de ser derribadas por las turbas iconoclastas de la progresía.
    Con ella se han ensañado en “Blonde”, intentando echarla abajo como referente de empoderamiento, justo cuando las chicas necesitan de reconciliación con sus raíces, no de una guerra contra su propio género.
    Aunque se revista de alegato reivindicador, “Blonde” resume un odio hacia ella y lo que representa, por extensión, un odio a las mujeres de su estilo.
    En tal sentido, es una película de una abyecta doble moral, que merece una refutación.
    De paso llega tarde a su deconstrucción, porque nos hemos cansado de ver documentales así de sensacionalistas y amarillistas, porque ya leímos “Hollywood Babilonia” que ajustó cuentas con ella y su leyenda negra, cuando de verdad aquello te condenaba al ostracismo, como el que sí sufrió su autor Keneth Anger.
    No es el caso de Dominik que recibe un cheque en blanco de Brad Pitt, para desfilar con su venta de humo por Venecia, apuntando al Oscar.
    Solo espero que sea reconocido el trabajo de Ana de Armas en la temporada de premios.
    Veremos qué dicen los académicos sobre el resto de la trampa que montaron los creadores del filme.
    Me quedo con su fotografía en cuatro tercios, que remarca la opresión que padece la protagonista, su experimentalismo, su idea de proponer un cuento distópico como advertencia del peligro que encarna la fama. Un cuento viejo, por cierto.
    Lo demás será olvidado y sufrirá un backlash, en el sentido de provocar una ola de indignación favorable a la recuperación emotiva de Marilyn, no la de un director que secretamente la desprecia, proyectando sus éxitos como fracasos.
    Hay que ser resentido para cargarse la historia de Marilyn, con el fin de destrozarla y desfigurarla.
    El interés es borrar la memoria, sustituyéndola por las visiones reactivas de la historia que actualmente circulan en Hollywood.
    Paradójicamente, se glorifica la vida de cualquier don nadie o asesino vil en la serie de moda en Netflix, mientras se mancilla el aura de estrellas queridas y auténticas como Marilyn.
    Así les va.
    “Blonde” es una película que no tiene futuro, que nació desfasada.
    Prefiero mil veces las lecturas románticas que hace Tarantino sobre el cine de antes, construyendo utopías allí donde hay heridas y muertes.
    Imaginemos una “Érase una vez Marilyn”, en la que ella finalmente sale de su cárcel, de su prisión de “Blonde”, para respirar y brindarnos la alegría que nos regaló en vida.
    Creo que un acto subversivo e inspirador, no es terminarla de liquidar y destronar, sino aspirar a que su legado alcance la plenitud que se le fracturó y evaporó.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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