domingo, noviembre 27, 2022
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    Chyno Miranda: el malquerido de una telenovela oscura 

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    De entrada, es un problema semiótico serio que uno de los cantantes más importantes del país, Chyno Miranda, haya tenido que parar en un centro de rehabilitación que se llama “Tía Panchita”, un nombre que suena a cualquier cosa, a taguara, a bodega, a venta de empanadas, hasta a lupanar.

    “Tía Panchita era horrible esa mierda”, dice Chyno, en una de sus últimas entrevistas de la última docuserie o docusoap opera que avanza desde un realismo mágico y trágico, como una telenovela en vivo y directo, cuando el género precisamente ha declinado en el país, por falta de cash, de money, de efectivo.


    No en balde, reza la leyenda de los medios y sus reporteros de farándula, que al Chyno lo “hospedaron” en “Tía Panchita”, para ahorrarse unos cobres, pues la mensualidad cuesta 1.300 dólares, frente a los casi 50.000 que costaría la misma rehabilitación en los Estados Unidos, donde la medicina cuesta un ojo de la cara y te puede matar, si no tienes seguro para costearla.

    Chyno asegura que está bien ahora en el Cedral (ya hablaremos luego de semejante nombre que tampoco inspira confianza), mientras su cuerpo delata que su nueva normalidad no es la de otrora (se mece de atrás para adelante), cuando cantaba con Nacho en pleno dominio de sus facultades corporales y vocales.

    O cuando protagonizó “El Malquerido” en el epitafio cinematográfico del extrañado Diego Rísquez.

    Un Diego que, con su larga experiencia, tendría hoy palabras de aliento y estímulo, de orientación y renacimiento para su amigo Chyno Miranda, en quien tanto confío, para interpretar al bolerista Felipe Pirella, cuando los críticos le asegurábamos lo contrario, pensando que el cantante de “mi niña bonita” no daría la talla en la pantalla.

    Pero vaya que Rísquez nos calló la boca, al demostrar que su selección de casting era la correcta, y que aquella película supondría su regreso a los primeros puestos de la taquilla. Encima, los fanáticos y expertos de la música amaron el resultado, con lo cual se afianzó la luna miel entre Venezuela y Chyno, que actualmente atraviesa una fase de hiel, producto de las grietas familiares que dividen la custodia del artista, en un episodio de la teleculebra nacional que los fabricantes de memes comparan con el Free Britney.

    El gentilicio venecofreak, por ende, ha asumido la bandera del “liberen a Chyno”, como una cuestión de estado.

    No en balde, el fiscal de los poemas cursis, ex Tarek Gobernador, ha decidido fijar posición, en uno de sus hilos, cuyas imágenes y textos sentencian, antes de tiempo y el debido proceso, porque tenemos a una justicia que, desde su discrecionalidad farandulera, se comporta como un influencer de la prensa sensacionalista, que condena primero y averigua después.

    Si existe la posverdad en populismo, en Venezuela se ha desatado la posjusticia de una demagogia que olvídate de Geraldo y Cristina, de los tribunales rosas y los talk shows chichas de Laura en América.

    Una cacería de brujas cinco por cero, de troll macartista.

    El presente de las redes sociales, la carencia informativa y de sentido intelectual, ha instalado una corte paralela y penal, una inquisición roja que un día simula interceder por Chyno o condenar al cumpleañero nazi de un restaurante de las Mercedes, al tiempo que finge demencia ante las investigaciones de la corte penal.

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    Razón por la que Karim Khan debe regresar al país, para que no le vean la cara de inocente o le den trato de loco, o de niño.

    De hecho, el poder criollo todo lo infatiliza a su manera. Por un lado, el régimen desestima la seriedad del caso de la Corte Penal, como si estuviésemos para semejantes jueguitos de las escondidas.

    Por el otro, el estado ha montado un circo en el que se desvía la atención de los temas urgentes e importantes, como los deslaves y el Darién, poniendo a la gente a pelearse por el destino de Chyno, a través de Twitter, Tik Tok e Instagram, las principales fuentes informativas del venezolano ante la censura de todo.

    Una forma efectiva en que se tuerce la voluntad ciudadana, en que se consuma el proyecto de la teoría y la doctrina del shock, llevando a los adultos a la regresión intelectual.

    En tal sentido, Chyno es víctima, no lo duden, de un contexto de puro vicio, con múltiples capas de virulencia política.

    Primero, su delicado estado de salud, es consecuencia de una enfermedad que no eligió, que se ha cobrado la vida de millones, que le produjo daños neuronales(encefalitis).

    No es un dulce lo que ha sufrido, lo que hemos sufrido, por el Covid 19. Piénsatelo cuando tengas la tentación de juzgarlo.

    Es un ser humano con una condición, y como tal, merece acompañamiento, comprensión y respeto.

    Noble de su parte, que Irrael visibilice su tragedia y que proponga ponerle el hombro, así como Luis Olavarrieta y Simón Villamizar, informando de las aristas del caso. Hacen el trabajo de los comunicadores sociales.


    A sus haters, recomendaría leer “Ante el dolor de los demás” de Susan Sontag.

    Segundo, la estrella de Chyno declinó por culpa de las drogas. Otra epidemia mundial que se cobra la vida de miles de seres inocentes, año tras año.

    Una epidemia que solo en Estados Unidos causa estragos por la ingesta de pastillas recetadas por doctores inescrupulosos y empresas farmacéuticas sin freno.

    Un problema en nuestros países productores, en Colombia, en México y Venezuela, que no se queda atrás en reportes de sustancias confiscadas y consumidas.

    Así que no es un asunto para matar con una afirmación, con una promesa, con una doble moral, con una frase de autoayuda de una Miss.

    En Venezuela se habla y chismosea de las adicciones de los demás, pero nunca de las propias o de las que afectan a las familias cercanas.

    No olvidemos que uno de los grandes cangrejos nacionales, involucra un trasfondo de tráfico de estupefacientes.

    De modo que aquí, Chyno tampoco está solo, es parte de un entorno adverso y complejo, que además se considera tabú.

    En Venezuela habría que redoblar los esfuerzos por enseñar que las drogas destruyen familias, por desarrollar campañas de prevención e información que expliquen de las severas consecuencias físicas, mentales y penales de consumir drogas.

    Por tal motivo, es sano y loable que Chyno pida ayuda, y que se la presten sus seres queridos.

    Hay que tener madurez para enfrentar un problema así, decidir superarlo con terapia y vigilancia médica apropiada.

    Es un paso adelante que Chyno se merece dar, para volver a los escenarios.

    Ojalá que consiga el tratamiento adecuado, el que busca, en el Cedral.

    Según fuentes, según él, “Tía Panchita” no le funcionó. Suele ocurrir así en casos de rehabilitación, que requieren de cambios drásticos si las cosas no marchan bien en origen.
    Es natural que los pacientes pidan mejores condiciones y que las obtengan.

    Así que hay que respetar siempre la decisión del paciente Chyno, que no se sentía conforme en “Tía Panchita”. Por algo allí, la relación se agotó.

    Respecto al Cedral, apenas acotar que su nombre también resuena en el inconsciente colectivo, en la memoria oscura de Venezuela, porque ahí internaba y recluía pacientes el tristemente célebre, Doctor Chirinos, el mismo del libro “Sangre en el diván” .

    Por supuesto, solo hablo del nombre del centro. Naturalmente, su devenir y evolución no está ligado al prontuario de Chirinos. Menos mal.

    Pero en el relato que se reconstruye, el nombre del Cedral me hizo ruido, al asociarse con una panacea.

    En cualquier caso, esperemos que Chyno logre reconciliar a tantas fuerzas familiares que se han dividido por su custodia y tratamiento, lo cual ha dado pie a una narrativa de prensa que se excede con el morbo, echando leña al fuego.

    Al final, la historia de Chyno hay que sacarla del chantaje emocional, del torrente de peleas y acusaciones mutuas en el que se quiere encapsular, como cizaña que explotan los amarillistas y noveleros.

    Por ello, deseamos que la familia de Chyno se reencuentre, desde la empatía y el amor, para que su hijo pródigo vuelva a sonar como corresponde en el mundo, libre de adicciones, vicios y depresiones.

    Depresiones que, por igual, se devoran a hombres y mujeres en el planeta, con la fuerza de un coronavirus silencioso.

    Un cuadro sintomático y multifactorial que invita a la reflexión, más allá de los chismes de una telenovela oscura por entregas digitales.

    Chyno Miranda: el malquerido de una telenovela oscura  3
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

    2 COMENTARIOS

    1. Sergio: gracias por esta mirada abierta a la vida de alguien que representa a muchos, a una generación de adictos en la que me incluyo. Mi única acotación tiene que ver con una referencia tangencial, pero que vale la pena señalar. No estoy de acuerdo con describir a Edmundo Chirinos como «tristemente célebre». Edmundo Chirinos fue un violador en serie, asesino; candidato presidencial del Partido Comunista en 1988; médico de cabecera, psiquiatra y mentor de Hugo Chávez. Un vil monstruo. Escoria de la escoria. Un Maldito (con M máyusucula).
      Nuevamente, gracias por la crónica y reflexiones.

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