domingo, agosto 7, 2022
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    Cinco refutaciones a Dross en su sesgo contra “Lightyear»

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    El video de Dross contra “Lightyear” merece una refutación. Lo haré en mi condición de crítico de cine.

    El primer error cometido por el Youtuber, es condenar una película a priori, incentivando su censura y comprometiendo su rendimiento comercial, sin invitar a su audiencia a ver el contenido y sacar sus propias conclusiones. Dross propone una ruta de conformismo, que consiste en no pensar por sí mismo, repitiendo consignas, desde la comodidad y la zona de confort de un sillón.

    De tal modo, miles se quedarán con la impresión sesgada del influencer, antes que ver el largometraje y descubrir por sí mismos que no es para tanto drama y chou.

    El segundo desliz conceptual, en su caso, es tomar una parte por el todo, para emitir conclusiones temerarias y condescendientes, desde un lenguaje emocional de posverdad y fake news, radicalizando e infoxicando a su público.

    Se olvida así que “Lightyear” contiene una historia sobre la existencia, sobre las tensas relaciones dentro de una corporación como la Disney, sobre el hecho de emprender una pelea contra ti mismo, que es base fundamental de uno de los tantos subtextos que posee el rico guion de la película.

    Tomando la parte por el todo, también se hierra en el diagnóstico suyo, al afirmar que la cinta es un fracaso por haber obtenido cinco millones de dólares en su primer día.

    Hablamos del primer estreno pandémico de la Pixar, después de sufrir los embates del coronavirus y de tener problemas para que Disney vuelve a insertar sus contenidos en la cartelera.

    La empresa prefirió explotar “Soul”, “Red” y “Luca” en el mercado de directo a la plataforma de streaming, acostumbrando a su audiencia y obteniendo un buen rendimiento económico por ello.

    Ahora el cambio hacia el modelo anterior del theathrical, le pasa factura a la estructura financiera del filme, en uno de los meses donde la inflación ataca al bolsillo y el consumo cae en Estados Unidos.

    Son factores a tomar en cuenta, que Dross obvia e ignora para bajar línea y llevar agua a su molino, de manera binaria y parcializada.

    Hoy “Lightyear” engrosa la suma de 104 millones de dólares, siendo la película animada más taquillera tras la epidemia(que ahora repunta, por cierto).

    De modo que la pieza está comunicándose con su target, y buscando sus mecanismos de funcionamiento, para saldar sus cuentas.

    Pixar y Disney jamás pierden dinero, porque su negocio es transversal, viene fundamentado en una investigación de marketing que escapa de nuestra comprensión, y siempre termina ganando plata por sus negocios derivados en las tiendas, la venta de juguetes y souvernirs, los parques temáticos.

    Tercero, la batería de falsos argumentos o sencillamente trillados que emplea Dross, daría para un ensayo o un análisis aparte. Llama la atención la falta de ideas propias, el hecho de colgarse a los “muñecos de paja” y los clichés que circulan en los chats de la derecha alternativa, para afirmar fobias y paranoias, para complacer demagógicamente a un nicho reactivo.

    En su caso, se vale de puros tropos, de puras categorías reductoras que se sacuden como banderas, cuando se desea aterrorizar a lo más elemental de las familias conservadoras, que es la educación de sus niños.

    Dicha técnica no es nueva, y suele ser instrumentada por bots y trolles, a fin de desatar cacerías de brujas contra personas y temas que les sean incómodos.

    Así, Dross encadena una sucesión de cajitas de pensamiento, que impiden la conversación y fanatizan a su rebaño, como “inclusión forzada”, “wokeismo”, “marxismo cultural”, “progresimo” y demás eufemismos que ocultan un evidente maniqueismo intelectual, al borde del dogmatismo y el autoritarismo de “estás conmigo o en contra mío”.

    Eufemismos que suelen usarse para disimular intolerancias y racismos endémicos. Odio y violencia en el manejo de la comunicación. Violencia argumentativa que se basa en el estilo histriónico, melodramático y gritón que usa Dross en su live, para intimidar al que piensa distinto, en plan bully.

    En cuarto lugar, su análisis reductor parte de una acusación que no busca escuchar la otra versión, que la niega de plano, que borra la experiencia de los que pertenecen a la comunidad aludida.

    O permitir que los padres y representantes tengan la última palabra de cara a sus familias e hijos. Orientarlos en el arte de la comprensión, no de la satanización y el terror que después se devuelve como karma.

    En tal sentido, lo más productivo que se puede hacer es invitar al sector referido, el que se da el beso en la película, para que emita sus opiniones, juicios y versiones.

    Mis amigos críticos pueden ser una alternativa real al discurso de Dross. Por ejemplo, Jorge Roig hizo un trabajo digno al explicar que no se puede criticar un filme por un fotograma, sin ver la película. Y que el beso forma parte de un contexto, incluso de una historia dentro de la compañía y el género animado.

    Así que lo que no me cuadra es la pose de beata de Dross, más conociendo su pasado como hombre bohemio y más cercano a las estéticas del progresismo, como el rock, el glam y las narrativas geeks de terror.

    De hecho, podemos pensar en los vuelcos sí forzados que ha dado la imagen de Dross, para encajar en los foros de Twitch y de los gamers, después de hacerse popular hablando de forma cringe sobre “el Ayuwoki” que te ve a comer y tal.

    Cinco refutaciones a Dross en su sesgo contra “Lightyear" 5

    Le diría a Dross que “Lightyear” no amerita que se enoje, que refresque sus lecturas, y que no se monte en las cascadas de la “alt right” por mera moda, pues el pensamiento conservador también tiene su historia, su cuerpo de obra y sus argumentos que escapan de su ahora cuento de la cripta sobre el beso de “Lightyear” que te va a comer como el “Ayuwokiiii”, si te descuidas.

    De quinto y último, decir una verdad, que Dross ya está viejo para la gracia, como para andar tirándoselas de Ibay. La edad tampoco nos pasa en vano.  

    Lo que siento es que él vende como nuevo, algo que ya fue en forma y fondo. Una venta de humo de tradiciones y memes que se amoldan estratégicamente a un mundo de hoy, plagado de miedos y pánicos.

    Un medioevo de regresiones que tiene a Dross como uno de sus inquisidores.

    Cuidado porque te puede «aparecer de noche», como el Ayuwoki.

    Al final del día, Dross no es quién para decidir de qué temas se hablan o no en una película de la Pixar. Porque es cine y como arte no tiene límites y menos barreras para la creatividad. Así que en una película animada cabe todo. Le guste o no a Dross.

    Si Dross ve un animé japonés le puede dar algo. Cuidado, lo manda a cancelar.

    Díganle que el año pasado «Flee», largo animado, fue nominada al Oscar, visibilizando la problemática de la homofobia.

    Cuestión de actualizarse sin pecar de moralista.

    Hay que salir de la caverna.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

    3 COMENTARIOS

    1. Cuando buzz hablaba de una alianza ínter-galáctica (en la película de Toy story), esperaba ver a su lado otra raza que no fuera humana… creo la serie animada fue mas asertiva en eso. Y que la película deje a buzz como un inútil donde no termina siendo el héroe de su propia película deja mucho que desear… Nadie habla de buzz… todos hablan del gato.

    2. Los padres ya opinamos: Estamos hartos de la inclusión forzada, esa es una pelicula para niños de hasta 9 años

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