lunes, febrero 6, 2023
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    “El apocalipsis según el cine” por Aglaia Berlutti

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    Por Aglaia Berlutti.

    Para el cine, el fin del mundo y la caída de la civilización son temas recurrentes que, por décadas, abordó desde diferentes géneros y premisas. Pero siempre, como una cruel reflexión acerca de la fugacidad de la naturaleza humana.

    La imagen de La Estatua de la Libertad, destruida por alguna calamidad planetaria, es una de las más repetidas en la cultura pop. También, el símbolo recurrente sobre el fin del mundo, tal y como lo conocemos. Una obsesión que el cine alimentó desde sus inicios y terminó por convertirse en un género por derecho propio. Para Hollywood, plasmar en la ficción la ansiedad colectiva sobre un posible apocalipsis, es un ejercicio narrativo al que regresa una y otra vez.
    Pero imaginar un cataclismo universal que arrase cualquier huella del ser humano, es un tropo complicado. No solo por sus interminables variaciones, sino por el hecho que suele poner al hombre como responsable de su destino. Ya sea por un incidente natural, un enfrentamiento bélico o una circunstancia inexplicable. Analizar la posibilidad de una catástrofe que ponga en peligro la existencia, apela a un elemento crucial sobre la fugacidad de la vida. Asimismo, lo que cualquiera haría para preservarla. En particular, cuando pone en foco en la reacción del individuo o a las grandes masas a un suceso semejante. 
    Desde las principales ciudades siendo asediadas o destruidas en incontables de formas hasta fenómenos sobrenaturales. Explorar la posibilidad de un desastre que supere cualquier otro, se ha convertido en una manera de analizar el tiempo y el futuro. A la vez, los horrores que los grandes errores culturales y sociales pueden provocar. Te dejamos cinco películas que profundizan en el tema desde puntos de vista disímiles. Monstruos, accidentes naturales, despedidas dramáticas. Un recorrido hacia un antiguo temor histórico que el cine elabora desde una perspectiva siempre novedosa. 

    El día del fin del mundo de Ric Roman Waugh
    Con su aire pesimista, la película reflexiona sobre la destrucción total como un fenómeno accidental. Lo que implica que sus personajes tendrán que enfrentar la tragedia en medio del caos. Cuando un cometa está a punto de estrellarse contra la tierra, John (Gerard Butler) intentará sobrevivir, a pesar de saber que, quizás, no lo logrará. 
    No es la premisa más original de todas, pero sí, una de las que utiliza la morbosa curiosidad sobre un desastre devastador con mayor habilidad. Sin posibilidades de escape y la amenaza cada vez más cercana, el comportamiento se vuelve primitivo. Lo que convierte a la trama, en una colección de pequeños de hechos mezquinos sutiles que inquietan por su carácter creíble. Desde traiciones hasta asesinatos, el argumento está más interesado en mostrar la reacción de las futuras víctimas, que los detalles del desastre. 
    Al final, la película intenta ser un alegato del espíritu inquebrantable de nuestra especie por vivir. Aunque termina por caer en clichés y giros predecibles, deja claro que la humanidad aspira a la vida. Un mensaje subyacente en medio de la confusa colección de escenarios destruidos que la trama analiza sin sutileza alguna. 
    28 días después de Danny Boyle
    Jim (Cilian Murphy) despierta luego de cuadro comatoso solo para descubrir el paisaje inexplicable de una Londres desolada. Han transcurrido veintiocho días desde el estallido de un brote infeccioso que destruyó, en cuestión de semanas, la civilización. Pero el personaje no lo sospecha y los primeros minutos de la película, son una impecable exploración a la incertidumbre y el terror primitivo. Cuando finalmente logra deducir el motivo de la devastación, solo podrá huir. 
    Más allá de cualquier metáfora o subtexto, el film es una mirada a la supervivencia como impulso inmediato. Boyle, utiliza el género de zombis para analizar la naturaleza del horror, pero en especial, la percepción sobre la identidad. Una y otra vez, la ciudad vacía, devastada por un fenómeno invisible a primera vista, es una representación del individuo. Del que sobrevive, de los monstruos que se esconden entre las sombras. 
    Para su tramo final, el argumento demostró que el apocalipsis, puede ser más que el acecho de un peligro inminente o la destrucción de la esperanza. Que, en realidad, es la imposibilidad de, incluso, imaginar el futuro. Sin duda, el punto más duro de una premisa brillante. 
    A ciegas de Susanne Bier
    Malorie (Sandra Bullock) está embarazada y trata de lidiar con el hecho de ser madre lo mejor que puede. Los primeros minutos de la adaptación de del libro homónimo de Josh Malerman, son engañosos. La cámara sigue al personaje por una ciudad llena de pequeños sucesos en apariencia fortuitos. Un accidente automovilístico, un suicidio, una serie de emergencias médicas caóticas. 
    Pronto, Susanne Bier logra crear una atmósfera claustrofóbica que esconde un fenómeno que jamás llega a explicarse del todo. Esta vez, el fin del mundo significa enfrentar además a lo desconocido. Un tipo de circunstancia que se expande con la velocidad de una infección, pero que no llega jamás, a ser en realidad un peligro discernible. 
    Lo único cierto es que la amenaza es capaz de enloquecer con una mirada, por lo que sobrevivir, implica la ceguera. Una premisa que el film maneja con cuidado y explota con habilidad en sus momentos más crudos. Gradualmente, es evidente que A ciegas, es mucho más que un relato sobre un apocalipsis inesperado. Al mismo tiempo, es la pérdida de la humanidad en sus peores estratos y consecuencias. 
    La última profecia de Vic Armstrong
    Basada en el libro del mismo nombre de Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins, la producción narra un apocalipsis basado en las profecías bíblicas. También, en la posibilidad que el bien y el mal sean conceptos absolutos que provocan una consecuencia. Esta rareza argumental, protagonizada por Nicolas Cage en otro de sus papeles inusuales, es mucho más una reflexión sobre lo intangible, que una película de desastres.
    Aun así, la trama relata el panorama de lo que podría ocurrir si los tétricos vaticinios de las predicciones místicas se cumplieran de manera literal. Desde la cúpula celeste abriéndose en dos entre llamaradas incandescentes hasta la desaparición súbita de millones de hombres y mujeres. La última profecía, recorre todos los puntos del terror basado en el atávico anuncio del apocalipsis con precisión. 
    Para sus secuencias finales, la película, además, toma una decisión argumental tan desconcertante, que la hace todo un ejemplo del cine extraño. A mitad de camino entre la narración del fin de los tiempos y el poder de las creencias, el argumento es tan desconcertante como curioso. 
    2012 de Roland Emmerich
    Las predicciones sobre el fin de los tiempos abundan en la historia universal y la señalada fecha del año 2012 fue una de las más perdurables. Para Roland Emmerich, fue la oportunidad que le permitió plantear una catástrofe inconcebible a través de la exageración. ¿Qué ocurriría si en lugar de un cataclismo fueran un grupo de ellos? Todavía más inquietante, ¿docenas de eventos inexplicables en rápida sucesión?
    El experto en cine de desastres tomó la decisión de explorar en 2012 en todas las posibilidades de una devastación universal. A un nivel tan total y disparatado, que varias de las escenas resultan hilarantes en lugar de aterrador. Con todo, la película logró plasmar varias de las preocupaciones colectivas más antiguas, en una especie de revisión sucesiva de terrores subyacentes. Desde terremotos hasta tsunamis, incluso la posibilidad que el casco terrestre se abriera en dos. Emmerich logró lo que parecía imposible: mezclar todas las ideas acerca del apocalipsis en una sola historia. 

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