jueves, diciembre 1, 2022
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    El Teatro Negro de Praga volvió a iluminar el Teresa Carreño

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    El Teatro Negro de Praga volvió al Teresa Carreño, en una función de dos horas, donde la agrupación desplegó todo su encanto y magia, a través de diversas secuencias, con una puesta en escena que emulaba el concepto de la caja dentro del mismo proscenio, abriendo y corriendo una cortina blanca, ilustrada con un corazón al estilo art deco, tanto que el mismo marco evocaba las líneas de Mucha.

    En total, siete actores compusieron el ensamble, entre los cuatro que daban su cara al público y tres que animaban los elementos del decorado, cubiertos por el tradicional traje negro de la compañía, que los oculta en el fondo de la composición.

    De inmediato, la audiencia conectó con cada una de las viñetas que propuso el grupo, entre el humor negro y kafkiano que siempre los ha caracterizado, y la melancolía retro que define el espíritu de las acciones que narra el Teatro Negro, aludiendo a problemáticas universales, desde una conmovedora y emocionante construcción dramática, que solo es inocente en apariencia.

    Parte del hechizo y el genuino magnetismo que todavía despierta la compañía, reside en la capacidad que ha desarrollado con las décadas, para corporizar y captar nuestro inconsciente colectivo, al hablarle a nuestro niño interior que vive en nuestro mundo de adultos y viceversa.

    La ilusión radica en refrescar el arte clown de George Meliés con cortinas, lámparas y luces fosforescentes, como en un acuario nocturno.

    Estimo que lo que mantiene vigente y fuerte al Teatro Negro de Praga, es su apego a una tradición animada de la cultura Checa, que ha tenido colosos por doquier como Jiří Trnka y Jan Švankmajer, cuyas alusiones surrealistas exponen los sueños y las pesadillas del ser humano, sus relaciones a menudo complicadas con el poder y la competencia de egos, sus dinámicas de oscuridad, pero también de luz y esperanza.

    En efecto, los gags que vimos relataron un conjunto de vidas paralelas, con una aura romántica, que se complementan en un mismo mensaje de paz y amor, a favor de la coexistencia.
    Así que los niños y sus padres, los centenialls y millenials, los boomers y los veteranos, nos conectamos de inmediato con las situaciones tragicómicas que se ilustraban con objetos que cobraban vida delante de nosotros, como en un viaje del primer Disney o el Pixar de ayer, como en una máquina del tiempo, donde nos sumergimos para regresar a la era de las sombras chinescas, a la época del precine que aglutinaba y asombraba a las masas, sin interferencia de la tecnología que hoy nos incomunica, nos aliena y nos provoca déficit de atención.

    Es un milagro lo que genera el Teatro Negro de Praga, al mantener a la Ríos Reyna en vilo, conservando sus celulares apagados durante dos horas.

    Estando ahí, para presenciarlo, puedo asegurar que el país que construyó el Teatro Teresa Carreño, y que lo ha conservado como una de sus joyas arquitectónicas hasta el sol de hoy, sigue estando entre nosotros, sigue estando ahí, como una conciencia de civilidad y respeto que sabe valorar el trabajo bien hecho, que tiene la cultura para entender una pieza escénica, en un lenguaje mímico que ha trascendido los siglos, sin necesidad de traducción.

    La Venezuela que me permitió conocer al Teatro Negro de Praga, décadas atrás, en el Festival de Teatro de Caracas, sigue estando ahí.
    La Venezuela cosmopolita y moderna con que soñó Tomás Lugo, arquitecto del Teresa Carreño, persiste y evoluciona en el 2022.

    En todo caso, es buena noticia que surjan iniciativas como las de traer al Teatro Negro de Praga, para inspirarnos, para leernos, para reencontrarnos y reconciliarnos con una mentalidad abierta e internacional, que nos invita a la tregua y al reto de apreciar una buena obra de arte dramática y cómica, de forma receptiva y empática, ordenada y educada.

    El Teatro anoche contó una historia de una lavandera, una de dormirse en cama y pelearse con el reloj, una de vaqueros con un caballo alucinante, una de un músico accidentado, una de caballeros que se pelean por el tamaño de su maleta, una coreografía con lámparas cinéticas, una de peces y sirenas. Mitos y argumentos que se conjugan con la gracia de un Tati, de un Chaplin, de unos jóvenes que aprendieron el difícil arte de comunicarse con gestos y sonidos.

    Fue una noche de interacción con la audiencia, de manera delicada e ingeniosa, apelando a la picaresca y a la ligereza que sirven como desahogo para hacer catarsis, ayudando a aliviar las cargas de la semana, funcionando como una terapia colectiva.

    De modo que fue una jornada digna de celebrarse y recordarse.

    Gracias por hacerla posible.

    Gracias al Teresa y su maravilloso equipo de prensa y medios, por invitarnos para cubrirla.

    Detalle al cierre, la obra del Teresa Carreño luce regia y remozada, de retorno a sus orígenes, con luz, limpieza y cuidado por el patrimonio, amén de su calidad en la atención.
    Lo dicho: una Venezuela que preserva y va al rescate de instituciones que hacen memoria, aportan y construyen futuro. Porque los niños que la conocieron por vez primera anoche, volverán a ella como nosotros de adultos, para tomarse fotos, crear y guardar bonitos recuerdos.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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