lunes, noviembre 28, 2022
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    En Miss Venezuela también se hacen elecciones de mentira

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    Maritza Pineda, así como otros miembros del jurado de Miss Venezuela, se han pronunciado porque su decisión, de votar a Miss La Guaira y Delta Amacuro, fue desconocida por el veredicto final del certamen, donde ganaron Distrito Capital y Miss Portuguesa.
    Toda una caricatura que deja al Miss Chocozuela como un juego de niños.

    El tema ha despertado no poca controversia, por tratarse de un país que quiere reforzar sus principios democráticos y apartarse de una tradición de elecciones amañadas, que ha marcado a los últimos 20 años, desde el CNE.

    Así que ayer parece que volvió Tibisay a anunciar una tendencia irreversible, por la cual no votaron los miembros del jurado, según el conteo rápido que hizo Sócrates Serrano, a la luz de la versión de Maritza Pineda, también integrante del jurado.

    Por igual, otros integrantes del jurado han manifestado públicamente su desacuerdo o disconformidad con el fallo, afirmando que dieron su respaldo a las candidatas de La Guaira y Delta Amacuro, cuyos perfiles refrendan valores más contemporáneos y en tendencia con el milenio. Delta, por ejemplo, es una belleza moderna de esas que no surgen a cada rato. Un estilazo!

    No hay que ser muy experto en oratoria para entender que Distrito Capital se cayó en la ronda de preguntas, y que tal como afirmó Maite Delgado previamente, ello condicionaría su resultado en el cuadro final.

    Precisamente, el espectáculo se encargó de afirmarnos una cosa, y como siempre, de demostrarnos otra, regresando al mundo al revés que define el horizonte opaco del país.

    En opinión de Maritza Pineda, ella y Ángel Sánchez se aproximaron a Nina Sicilia a preguntarle, y recibieron una sorpresa, cuando les dijeron que su voto se cruzaba con el de un jurado paralelo de la organización, conformado por 20 personas.
    En tal sentido, se sintieron irrespetados, y se sabe que muchos de ellos han levantado su voz en privado, afirmando que no desean participar nuevamente, para que los utilicen e instrumentalicen, en una elección que al final no tomará en cuenta su decisión o la disolverá entre un grupo que tiene conflictos de interés, por su vínculo con la institución.

    Nada nuevo en Venezuela, una raya más para el tigre antidemocrático que nos saca las garras y nos amanece de golpe, cada cierto tiempo que nos convocan. Por ello, la gente se ha organizado por su cuenta, prefiere abstenerse, se siente estafada y defraudada por la clase política. Es una pena que suceda lo mismo con Miss Venezuela, que alrededor suyo se teja una sombra de duda y de sospecha, producto de su falta de transparencia y de habilidad para comunicar.

    Si antes le hubiesen dicho a los miembros del Jurado, que su voto se cruzaría con el de 20 anónimos más, se habría aclarado que su intervención sería meramente decorativa y que tendrían libertad de aceptarlo o pasar de largo.

    Por el contrario, al jurado nunca se le informó de lo que sucedería con su voto, y por tanto, merecen como mínimo una disculpa pública.

    Confío en la buena fe de los miembros del jurado, porque ellos votaron limpiamente y desearon como el país darle una buena noticia, un espaldarazo al concurso, después de años de irregularidad.

    De acuerdo al contexto cultural, Venezuela busca esperanza en sus Mises, descubre en ellas un ejemplo de superación y aspiración, que sin duda se resumió en la querida Miss La Guaira, que no solo ofreció la mejor respuesta, sino una candidata que representa a una generación que vino de abajo, desde Catia, y que cumplió su sueño con esfuerzo ante las adversidades del tiempo.

    Desde aquí deseamos que el caso se explique mejor, que no se repita, y que el Miss Venezuela pueda ser un contraste frente a la historia de manipulación democrática que nos ha empañado en dos décadas.

    Parece una cuestión superficial. Pero no olvidemos que en dictadura, se celebraron elecciones de reinas universitarias que significaron un aliento para la resiliencia que luego construiría los cimientos democráticos de Venezuela.
    ¿Será que las elecciones están condenadas a ser un simulacro de la belleza en el país, un disimulo y un fingimiento en el que todo está arreglado? Para ello no hubiesen despedido a Osmel, que debe estar frotándose las manos, viendo como su toque de Zar, de Midas, trasciende por otros medios, determinando ganadoras antes de tiempo.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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