domingo, enero 23, 2022
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    Ganadores y perdedores en la noche cancelada de los Globos de Oro 2022

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    Anoche los miembros de la prensa extranjera se reunieron en una velada privada, junto con sus socios, y publicaron sus resultados en la página web de los Globos de Oro.

    Fue una situación un tanto inédita y embarazosa, que admite una doble lectura.

    Por una parte, refleja el agotamiento de la temporada de premios, la falta de dinero para honrarla por completo en la actualidad, y una excusa que aprovecharon todos, incluyendo los estudios, para hacer cambios estratégicos en la institución, que les permitan seguir siendo vigentes, después del año de paro del 2022.

    Volverán, sin duda alguna, el año próximo con nuevas reglas y miembros, adaptándose a los criterios del Hollywood que complace a las ideologías inclusivas y a las agendas del siglo.

    Un ajuste de la corrección política y de la cultura de la cancelación, que amenaza con matar de aburrimiento a la temporada de premios.

    La moda es ir de dignos, condenar a los Globos, devolverlos, y regresar el año que viene, fingiendo demencia en la celebración de la diversidad de la industria.

    Un cuento publicitario que, tal parece, conviene a todos.

    Por el otro lado, la dinámica de anoche entregó la cobertura del evento a las masas, a las audiencias, dándoles la oportunidad de empoderarse, bajar línea y editorializar los contenidos en vivo.

    Puede ser un camino, a futuro, para normalizar a los premios, hacerlos más cercanos y empáticos, dejárselos a los que saben manejar las nuevas redes de comunicación en streaming.

    El futuro no son las galas cerradas de antes, cuando la televisión mandaba, con las grandes cadenas de broadcast.

    El futuro es lo que pasó en la cobertura de las Olimpiadas online, a través de Youtube, al estilo de la compañía Claro.

    De lo contrario, seguirán dándose golpazos de ciego contra el muro de la indiferencia de los algoritmos globales.

    Un premio de una élite de estrellas enclaustradas, que toman y comen, se percibe como algo boomer y desconectado de la realidad.

    Tendrán que ser creativos como los Premios MTV o los Grammys, para reconectar con la gente.

    Así las cosas, se marcaron dos tendencias en la noche de ayer, durante la entrega virtual: “El Poder del Perro” se impuso en tres categorías importantes que le auguran un destino dorado en el Oscar, mientras “West Side Story” ofrece pelea y resistencia, ganando tres preseas por igual.

    De modo que será su lucha de dos en los premios de la academia. Una lucha soterrada entre Netflix y Disney, el orden del streaming, y la vieja guardia de los estudios, ni más, ni menos.

    Si me apuran, el primer round de la temporada, lo ganó Netflix, por la mínima y por decisión dividida. Disney va por la revancha en el Oscar y tiene con qué. Cuidado porque también pegaron duro HBO(Succession) y Apple TV(Ted Lasso). Pero mosca, porque Netflix va con todo por el lado del cine, va por la conquista definitiva del Oscar.

    Según se desprende del veredicto, puede que “El Poder del Perro” sea la película que le funciona a la prensa extranjera y a los académicos, para quedar bien con todos, con los críticos que defienden el arte, y con las defensores de los grupos políticos y de presión, a favor de la representatividad de minorías.

    Una película que llaman de consenso, que a todos sirve, en su campaña por la reafirmación de los valores de la industria, que son el desarrollo estético, unido a la toma de conciencia y la reivindicación de la alteridad.

    En paralelo, “West Side Story” se une a la comparsa, reclamando para sí la herencia de la tradición, la memoria, la historia y la ciencia que encarnan los efectos especiales del clásico, Steven Spielberg, amado por los sindicatos, pues brinda puestos de trabajo y acompañamiento como noble patriarca empresarial de la economía naranja, de las finanzas creativas.

    Atención que sucedieron cuestiones de fondo, en los Globos, que procedo a comentar.

    A Jane Campion, que todos aman y respetan, le otorgaron un Globo de mejor dirección que le debían por “El Piano”, siendo la segunda mujer en recibirlo y de corrido.

    Hasta la fecha, los galardones a ella y Chloe Zhao se inscriben en años de rectificación moral de Hollywood, por las secuelas del movimiento Me Too, a causa de las denuncias contra Harvey Weinstein.

    Había que tomar correctivos y enviar un mensaje de solidaridad con las damas de la meca.

    La consagración de Jane Campion viene bien, porque calma la ansiedad de las activistas, al tiempo que reconoce una obra de incontestable trascendencia artística.

    La sospecha que todos tenemos es que, como con el Oscar So White, el paternalismo insista con gratificar el feminismo, desde una corrección política de alfombra roja, olvidando que el cine importa más allá de la ideología.

    Veremos qué pasa después de la era de “El Poder del Perro”.

    Como plus, «Drive My Car» ganó en película internacional y validó a un autor japonés en alza, el asiático que es un fenómeno en Cannes y las listas en plan de Cahiers Du Cinema. Los Globos requieren del oxígeno de los Festivales y los curadores, para persistir.

    Las chicas de “West Side Story” pertenecen a una generación de relevo, que ha conseguido respaldo de los cascarrabias boomers de Los Ángeles.

    A punta de tesón, tres son los nuevos nombres a tener en cuenta en Hollywood, durante la temporada de premios: Rachel Zegler, Ariana De Bose y Kodi Smith.

    Si la temporada de premios quiere mantenerse real y relevante, tendrá que admitir a los nuevos chicos de la cuadra, a los jóvenes que refrescan y entrañan un cambio necesario de guardia.

    En tal sentido, los Globos de Oro se anotaron dos puntazos con el público de Tik Tok y Spotify, al premiar a Billie Eilish por encima de “Beyoncé”, y al darle el premio, de actuación masculina en musical o comedia, al chico de “Spiderman No Way Home”, Andrew Garfield, al que quieren tanto como a Will Smith, que también se llevó el Globo en actuación dramática.

    Son premios que responden a las expectativas sanas de la audiencia, por ver a sus ídolos vencer y obtener el espaldarazo de la industria. Sin ellos, no hay negocio. Por ende, los Globos hicieron la lectura correcta.

    De ahí que triunfara “Encanto” en animación, la cual despierta una adhesión inmediata y un cariño de propios y extraños, por su elaboración del duelo y de la inteligencia emocional de una familia en crisis como nosotros.

    ¿Cuál es el subtexto conceptual del fallo del jurado?

    Las películas ganadoras, al menos las importantes, pertenecen a un pasado, a la reinvención del clasicismo, de géneros que hicieron grande a Hollywood, como el western y el musical, respectivamente actualizados por la influencia de los estudios culturales y los debates que se dan en Twitter, alrededor de las identidades y las razas.

    Por consiguiente, validan la estrategia vigente del mercado, de reconfortar la nostalgia y situar al espectador en un lugar cómodo del ayer, donde pueda trabajar sus conflictos, sin los apremios y urgencias del presente.

    Un Hollywood en fuga hacia el pretérito, de escape y evasión del mundo complejo que vivimos, es el que terminó coronándose en los Globos.

    Por tal motivo, el premio de Hans Zimmer por la ciencia ficción retrofuturista de “Dune”, el galardón a Keneth Branagh por la revisión vintage de su infancia en blanco y negro(Belfast), el curioso romance de los Globos con Nicole Kidman, laureando la mutación de su máscara fantasmal en la sobrevalorada y parlachina “Being the Ricardos”, que es uno de los bluff de la nominación y una traición melodramática del Show de Lucy, genuinamente iconoclasta y divertido, a diferencia del telefilme solemne, de novelita con problemas de alcoba, a cargo de Aaaron Sorkin.

    Hay romances tóxicos que perduran en los Globos, y uno de ellos es con el versito de las divas de la actuación(Nicole) y de los genios del storytelling(Sorkin).

    Estimo que el Oscar será más competido para ambos clichés, en el sentido de reconocer la modernidad de Paul Thomas Anderson en guion y del unipersonal de Kristen Stewart como una muñeca rota y kamikaze que sacude los cimientos de la aristocracia.

    El contraste con la televisión y las series, ha sido notable.

    A diferencia del cine, los Globos expresaron que existe una forma, una vía de representar el descontento y el malestar, a través de las victorias de “Succesion” y “Squid Game”, series que desnudan las taras políticas y económicas de la desigualdad, del darwinismo social que carcome a los sistemas democráticos.

    Un baño de actualidad que es justo y riguroso, y que encima consigue una manera creativa de llegarle al público.   

    Sumemos la fiesta tragicómica y oscura de “Ted Lasso”, y tendremos una foto fiel de un planeta que es como un equipo de fútbol díscolo, que necesita más de sentido común y afecto de quien escucha, que las directrices de un coach arrogante y mandón.

    Me alegro que haya persistido la apuesta de los Globos, a pesar de sus problemas, y espero que algún día se hagan tan abiertos, que todos los críticos podamos ingresar y votar sin rollo burocrático de por medio.

    Más democracia y transparencia, menos trampa y condescendencia con los grupos de poder, es lo que deseamos.

    Muchachos, traigan de regreso a Ricky Gervais, de una vez, para compensar la falta no de diversidad, sino de la incorrección política que estamos reclamando.

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