lunes, septiembre 27, 2021
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    Goodbye, chief: in memoriam Norm MacDonald

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    Por Joaquín Ortega.

    Cada vez que recuerdo a mi padre lo veo tomando un whisky en las rocas con una bolsa de maní Jack´s al lado. 

    Eran los años 90. Y siempre que recuerdo a mi papá lo conecto con las risas que nos disparaba un tipo altísimo que soltaba rectas a 100 millas con cara de yo no fui. Cuando veíamos Saturday Night Live por cable las traducciones sin duda eran muy fieles (o muy creativas) y en especial, los subtítulos duraban lo suficiente para que pudiéramos cerrar y abrir los ojos de vez en cuando entre trago y trago…y entre maní y maní…

    Norm Macdonald era uno de los pocos comediantes canadienses (que en algún momento descubrimos en una Venezuela que se estrenaba en TV por cable) sin demasiadas poses y totalmente ayuno en muecas. Su versión noticiosa de Weekend Update era una mezcla de frases de humor fino aderezado con prejuicios pueblerinos, construido en un lenguaje para todo público. De vez en cuando soltaba una que otra frase tan libresca que obligaba a cualquiera a darse un paseo hasta textos de inglés isabelino, pero no era lo común. Sabía dosificarlo y comunicarlo sabiamente. Eso por supuesto no lo hacía intocable ni lo blindaba contra la furia de la censura escrita o no escrita.

    Contando una vez chiste sobre O.J. Simpson (aprobado por producción y revisado por el equipo de escritores) termina despedido, se arma un alboroto y antes de que terminara el año ya estaba invitado al show como el ancla de la semana. Todo tan loco como los giros del humor mismo. Verlo regresar al programa en donde lo habían pateado, pero ahora presentando a Snoop Dog, Eminen y Dr. Dree era todavía más surreal porque MacDonald compartía aquella frase de Barry White: “el rap es música de negros que no quieren a sus mujeres”.

    MacDonald se movió entre cameos y plataformas. Estuvo en cine, en radio, en Podcasts y presentaciones personales. Su larga conversación con Larry King es una clase de caballerosidad y de uso consciente de la materia inconsciente para destacar los grandes temas que le apasionaban desde el humor: la carga de ser canadiense y triunfar en Estados Unidos… su amor-odio con los deportes… el escozor que le producían personas hablando indistintamente  francés o inglés. En definitiva,  para quienes lo veíamos era su estilo lo que llamaba poderosamente la atención: te veía, te escrutaba y como un personaje de un Film Noir disparaba a quemarropa. Era todo un Cold Blood Murder. Planteaba una serie de frases punzantes con la popular cara de póquer, para después cambiar de tema como quien no ha metido una puñalada criminal en el costado.

    El trabajo de reinterpretar los titulares en Saturday Night Live y sus imitaciones de Burt Reynolds le valieron una larga cola de buenos comentarios. Muchos lo estudian todavía en aquel especial de TV: un clásico Roast contra Bob Saget (Los Roast son una suerte de cayapa humorística que nosotros entendemos en Venezuela como “chalequeo”)

    Ser la voz de la muerte en Family Guy disparaba emociones inmediatamente a su público (si no me equivoco Adam Carolla también compartía ese rol). Igualmente había hecho doblajes y personajes cada vez más sórdidos, como era el caso de una de las palomas en la serie animada para adultos Mike Tyson Mysteries o Skylanders Academy para Netflix.

    Norm Macdonald fue tan cáustico que casi hizo llorar a Conan OBrien, después de que fracasara en su intento de ascenso entre Late Shows. Inclusive logró derribar a quejicas como Jimmy Fallon, convertido hoy en un host tan complaciente como predecible.

    Comenzando la pandemia MacDonald hizo una canción sobre los murciélagos. La frase era genial por sí misma: “Once you go bat, You never go back” .  El tema animó a medio mundo, y de alguna manera le dio sentido a muchos en esos primeros meses del 2020 marcados por la desinformación, el miedo y la rabia.

    Norm MacDonald. Un hombre de humor negro y corazón blando que apreciaba la bonhomía de Bob Hope, comparaba a los personajes de Tolstoi con el Star System norteamericano y valoraba el genio, separando y a veces compartiendo las posturas políticas de Dennis Miller, otra personalidad tan imprecisa como inamovible ante la moda idiotizante de lo políticamente correcto.

    Micky Spillane le dio al mundo un personaje duro e insistente: Mike Hammer. En una compilación de historias un viejo mentor del detective muere misteriosamente, no sin antes darle algunas claves de por dónde iría la resolución del caso.  Adiós, jefe es una buena manera de despedir a un duro comediante que abría puertas pateando picaportes y te hacía pensar dándote primero un puñetazo en la mandíbula.

    @ortegabrothers

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