lunes, junio 27, 2022
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    ¿Hamlet se arregló?

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    Por Luis Alberto Rosas.

    El pasado 09 de junio, la Sala Ríos Reyna del Complejo Cultural Teresa Carreño subió el telón para que la compañía productora ClasProducciones estrenara la más reciente versión del clásico de la literatura inglesa Hamlet, bajo la dirección y propuesta del joven José Manuel Suárez, quien con su puesta en escena cristaliza el sueño de dirigir un espectáculo de gran formato que conjuga distintas disciplinas y artes con más de 50 personas en escena.  

    La consolidación de esta lectura del texto shakesperiano ocurre en un momento muy particular que podríamos calificar de renacimiento cultural y social en un país asediado por una profunda crisis económica y de valores, además del aparente fin de la pandemia mundial que sufrimos desde 2020. Asimismo, como lo plantea Shakespeare en su texto, al hacer un llamado de atención acerca de la situación aberrante de corrupción, abuso de poder y aparente “normalidad” que imperaba en la Inglaterra de su tiempo, a la Venezuela de 2022 el subtexto de la anécdota nos viene como anillo al dedo.

    No cabe duda que la puesta en escena de este clásico representa muchas cosas positivas, una de ellas es retomar los espacios que el régimen obligó a que abandonáramos ya que desvirtuó su fin y uso para apropiárselos con actividades y actos políticos. Que el teatro se vuelva a representar en la Sala Ríos Reyna es ya de por sí un punto positivo para el sector y sobre todo para el público caraqueño. Por otro lado, la restauración y mantenimiento de uno de los teatros más importantes de Latinoamérica, en infraestructura y maquinaria técnica, amén de motorizar la generación de empleos directos a artistas y técnicos es sin duda una buena noticia, aunque todavía haya mucho por hacer en una ciudad donde los edificios teatrales no superan la veintena. La situación aún no se arregla.

    II.

    El riesgo que se corre al llevar a escena los clásicos teatrales tiene dos posibilidades, o se respetan a cabalidad las formas originales (Teatro museo) o versionamos y tomamos lo que al director le interesa en una lectura contemporánea que le permita al espectador común acercarse al clásico, entenderlo y disfrutarlo. Creemos que en este caso del Hamlet criollo, se optó por la segunda opción. Y es que Suárez, a la cabeza del proyecto, apuesta por varias trasgresiones o licencias que le permiten su visión total del espectáculo. Por un lado, que sean actrices las encargadas de representar a todos los personajes masculinos y por otro, musicalizar el espectáculo en una suerte de eclecticismo rítmico por donde transitan desde la música clásica, la ópera, hasta los más emblemáticos temas del repertorio salsero del Caribe. Es una propuesta arriesgada, que no molesta, pero que sin embargo cuesta justificar, más aún cuando no se trasgrede el tiempo y espacio de ficción del texto original. Al igual que la música, el vestuario, realizado por Marisol Martínez, coquetea con esta misma propuesta de mezcla de estilos, que necesariamente deben corresponderse para buscar la unidad total del espectáculo.

    La visión trágica del montaje pretende ser resaltada por Suárez componiendo un coro de actrices-hombres que le funciona para la movilidad escenográfica, transiciones y rellenar el espacio escénico, amén de resolver las escenas de mensajeros, cómicos, soldados y sepultureros. A nuestro modo de ver es quizá excesivo por el número de actrices que, a todas luces, para contar la historia medular de la pieza no es necesario. Nos preguntamos: ¿También este coro es útil para dinamizar la puesta y levantar al espectador o acercarlo más a la anécdota? Es posible y si es así cumple su propósito.

    El hecho de que sean mujeres los personajes masculinos, pero caracterizados de hombres aporta a las trasgresiones que desea hacer el director. Contar con un elenco de las actrices más veteranas de nuestras artes escénicas le da un piso seguro donde moverse, aunque es una línea muy delgada y peligrosa para que el espectador no sienta que está frente a un disfraz y no a un personaje masculino. Es un reto enorme para una actriz o actor travestirse y representar personajes de su sexo opuesto, siempre ha sido tema de discusión, en este caso algunas salen más afortunadas que otras.

    Encabeza el elenco Daniela Alvarado, quien encarna al atormentado y dolido príncipe de Dinamarca, que busca insaciablemente vengar el asesinato de su padre de manos de su tío en complicidad con su madre y quienes ostentan el trono. Sentimos que con esta interpretación Daniela Alvarado logra un registro extraordinario en su tesitura de actriz. Su Hamlet exuda credibilidad, compasión y logra la empatía necesaria con el héroe que vive su tragedia. Aplomada y segura, Daniela derrocha su talento en el decir y en las transiciones muy complejas del texto shakesperiano. Con este trabajo demuestra una madurez interpretativa contundente para su carrera.

    La acompañan las decanas de la actuación en nuestro país: Carmen Julia Álvarez y Elba Escobar, la primera responsable de encarnar a Polonio, padre de Ofelia y Laertes; la segunda da vida al rey traidor Claudio, el antagonista de Hamlet. Carmen Julia da rienda suelta a su don de actriz y nos entrega un Polonio delicioso, pleno de matices cómicos y dramáticos que atrapan al espectador desde el mismo momento en que hace su aparición. Escobar hecha mano de su extraordinaria interpretación textual y logra momentos de contundencia en su performance.

    Completan el elenco principal: Grecia Augusta Rodríguez en Ofelia, dando muestras de su innegable talento actoral y vocal, conmovedora en su delirio. Sentimos que desde la dirección pudo ser más aprovechada técnicamente hablando la escena de su suicidio, que en esta pieza es de particular atención para el espectador. Varinia Arráiz en Horacio, confirma su veteranía sobre las tablas y borda finamente al fiel amigo que intenta por todos los medios salvar a Hamlet. En Laertes encontramos a Claudia La Gatta, quizá la de menos experiencia escénica pero que cumple con su rol de vengar a su padre y hermana muertos por la supuesta locura del protagonista y concretar la tragedia. En la reina Gertrudis, Nohely Arteaga fascina con su presencia escénica y logra momentos dramáticos contundentes cuando se enfrenta a su hijo.    

    Del coro-ensamble, destacan los trabajos de Adriana Romero quien construye cinco personajes extraordinarios dando muestra de su histrionismo y sapiencia de su oficio.  Stephanie Cardone, Carito Delgado, Nella Martínez y Raquel Zapata derrochan fuerza y naturalidad en sus interpretaciones.

    En general Hamlet, la experiencia bajo la cuidada producción a los que nos tiene acostumbrados Claudia Salazar, es un espectáculo redondo, que responde a la visión de un director joven que desea experimentar en búsqueda de un lenguaje escénico que lo vaya definiendo como esteta del escenario. Con este espectáculo esa búsqueda ha comenzado, tenemos que ver su desarrollo en las ligas mayores de la dirección y en próximos trabajos. Como siempre el público tendrá la última palabra.

    L.A.R

    @luisalbertor

    @avencrit

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