domingo, enero 29, 2023
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    Hasta los huesos: el Crepúsculo de los caníbales hípsters

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    “Hasta los huesos” es la nueva película que se devora así misma, cual imagen goyesca de Saturno, dirigida por Luca Guadagnino para seguir rompiendo tabús, a su modo indie y mainstream, después del éxito de “Call Me By Your Name” y el fiasco creativo de “Suspiria”.

    “Bones and all” reclama ser una secuela gore, de géneros malditos, de aquella cinta hipster entre dos chicos del milenio.

    De hecho, en el filme del 2022, vuelve Timotheé Chalamet con el look andrógino de un James Dean desgarbado y melancólico, amante de la carne como su anterior pareja en la ficción, Armie Hammer, quien no figura ahora en el reparto, pero parece guiñarse y romantizarse en su cancelada predilección por el canibalismo.

    Es uno de los huevos de pascuas que usted tendrá que descubrir en navidad, durante la nueva función del creador italiano de “A Bigger Splash”.

    En efecto, el reparto ofrece un menú de autor, que permite reencontrarse con sus fetiches de la actuación, como Michael Stuhlbarg( el papá de Timotheé en “Call Me”), secundados por una tropa de intérpretes como el director Davin Gordon Green(“Halloween Ends”), Chloë Sevigny(la musa del primer Harmonie Korine) y un Mark Ryalance que quiere disputarle el trono al “Hanibal” de Antony Hopkins.

    Sin embargo, la canadiense Taylor Russell, con sus 28 años que aparentan menos, se roba los close ups y los corazones solitarios de la audiencia, en el papel de una joven afectada por un síndrome, como de vampira hiperrealista al estilo de un cruce entre el “Martin” atormentado de George Romero y la denostada saga de “Crepúsculo”, acusada por enterrar a la tendencia de los descendientes del Conde Drácula, mediante su glamurización.

    La protagonista se llama Maren, sufre un cuadro severo de orfandad y abandono, por su condición de antropófaga en la tierra. En una clásica road movie, de carreteras perdidas y corazones salvajes de David Lynch, ella cruzará destino con personajes fantasmales y zombies, que puede que su mente genere o recreeé, como mecanismo de defensa ante su laberinto de la soledad.

    Situada en el pasado de los años ochenta, que no se idealizan, el largometraje sugiere que existe un pecado capital en la persistencia de una América silenciosa y periférica, donde las taras y las disfunciones se incuban, como un germen viral que carcome desde adentro las bases del país.

    El guion dispara innumerables alegorías, prestas a la lectura inteligente del crítico y el espectador, al que se interpela con un lenguaje poético y elíptico de imágenes impresionistas, subvertidas por la fuerza natural de unos buenos salvajes, de una animalidad primitiva y bestial que resulta incontrolable.

    No olvidar que el filme abre con pinturas y clausura con postales que son patrimonio del gótico de los sesenta y setenta, como “Malas Tierras”, “Easy Ryder” y “La Matanza de Texas”.
    Por algo, el consumidor susceptible y de cristal, comedor de cotufas y alienado por el algoritmo del celular, se verá sorprendido en la pantalla, cuando el realizador cumpla con lo prometido en su rueda de prensa: tomar a sus estrellas como el caballo de Troya de una de las películas más sanguinarias del año, amén de unas secuencias perturbadoras en su frialdad expositiva.
    Comentaba con la profesora Malena Ferrer, que no recordábamos una hemorragia de espectadores ahuyentados, por una cinta de autor, desde el estreno de “Funny Games USA”, dirigida por Michael Haneke.
    Capaz sea una consecuencia de acostumbrarse a una dieta adocenada, de súper héroes y piezas potables de ONG, que han acabado por dominar la grilla del streaming.
    En los ochenta, incluso antes, era habitual conseguir títulos así por montones en los anaqueles de las tiendas de video. Aquella serie “z” ha quedado relegada en la actualidad, a la representación minoritaria de rarezas de Festival.
    De ahí que “Hasta los huesos” sea una hermana incomprendida de “Crudo-Raw”, de la ganadora de la Palma de Oro por “Titane”, otro filme singular de la última nueva carne, postcronenberg.
    Al final del día, con Malena, hemos reconocido a una integrante de nuestra especie de caníbales del cine. Por ahí, “Bones and all” nos seduce y nos encanta, debido a su rico tejido intertextual, plagado de citas y homenajes, de reinvenciones y reflexiones sobre la propia condición antropófaga del séptimo arte.
    Tras el fin de la modernidad, Luca Guadagnino propone rendirse a un placer culposo, a un ejercicio de estilo, que replantea la semilla de su disidencia mutante.
    Cabe celebrar la destreza técnica y el arrojo conceptual, con que acomete la trituración de las entrañas de una cierta tendencia que se extraña.

    Me fascina que Guadagnino eche mano de sus recuerdos de desecho, para rescatarlos en un soundtrack que tributa al metal menos estimado, el de Kiss sin maquillaje en el polémico disco de Lick It Up.

    Alusión a que la vanguardia, a que la subcultura, tarde o temprano debe acoplarse, sin renunciar a su esencia de lado B, de chatarra industrial que inspira al arte contemporáneo a través de su reminiscencia pop e irónica.

    Hasta los huesos: el Crepúsculo de los caníbales hípsters 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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