domingo, febrero 5, 2023
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    House of the Dragon: Juego de Tronos para nostálgicos y centenialls postwoke

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    Alerta de Spoilers.

    El estreno de “House of the Dragon” divide la opinión, al llegar en un momento de turbulencia para el mundo y el futuro del negocio del entretenimiento, doce años después del lanzamiento de Juego de Tronos, tras dos años del polémico cierre de la saga que odiaron los fanáticos, antes del estallido de los servicios de streaming por la pandemia.

    Si “House of the Dragon” sale bien librada del trámite, el primer episodio dista de ser perfecto, la obra maestra que los teclados más ansiosos quieren calificar, a consecuencia de su nostalgia y del obsequio a su adicción.  

    Por un lado, la serie cumple con los altos estándares de GOT, emulando la calidad de sus capítulos de adaptación del régimen de Teleshekespeare, al plantear una clásica intriga palaciega de origen “hamletiano” y “macbhetiano”, sin olvidar los ecos de las tramas artúricas al calor de los dragones de la fantasía medievalista.

    El casting se adapta al perfil de los teatros y escenarios isabelinos, de acentos y tramoyas conspirativas, donde George Martin asienta sus mejores guiños al planeta de la geopolítica del caos que vivimos con miedo en la actualidad.

    Otros dos hermanos, como Caín y Abel, libran una guerra intestina por la sucesión del trono, dando lugar a una encarnizada metáfora de la política contemporánea: oportuno aviso de las peleas a cuchillo que se vienen por las elecciones de medio término, irresistible alegoría de la confrontación bélica que sacude a Europa entre un titán loco(el bastardo Daemon que es un hijo de Putin desatado) y un Rey Viserys de la casa Targaryen que luce como un complejo monarca edípico, frustrado por no concebir un varón que lo releve en el trono, causando la muerte de su esposa en la búsqueda desesperada del ansiado delfín.

    Ello supone el pecado original del personaje, lo cual desata su controversial decisión de designar a su hija, la hermosa princesa Rhaenyra, domadora de dragones, que es obviamente una imagen evocativa del aura de Daenerys Targaryen, cuya belleza emula su físico, su porte y su función de encapsular una transición esperanzadora, en medio de un choque de titanes que se avecina, un invierno que se anticipa como maldición por la incapacidad de conciliar tantas agendas e intereses enfrentados.

    Llamado de atención del eclipse de las formas democráticas, de cara al ascenso de las tiranías fascistas y nacionalistas que pueblan al globo. Un libertino déspota quiere todo el poder para sí mismo y HOD lo expone como advertencia.

    Ahí la serie nos entrega un remake discreto, por ya visto y masticado, de la consistencia argumental que brindó impacto en la esfera de las redes sociales, provocando un efecto de cascada a la luz de las teorías, de las respuestas, las conversaciones y los memes que acompañan la experiencia a través de Twitter, Instagram y Facebook.

    Ahora el auténtico reto, la verdadera frontera que “House of the Dragon” quiere cruzar con éxito, es el mercado de Tik Tok y el de los centenialls, quienes no crecieron con la serie, la ven como algo viejuno y medio acartonado cringe, una cosa de boomers nerds y millenials geeks, de comentaristas y analistas de datos en podcasts, artículos como el mío, e hilos infinitos con spoilers.

    Para garantizarse una mínima conexión con los más jóvenes, “House of the Dragon” recurre, de nuevo, a la explotación del arquetipo de la lolita, por medio de una Rhaenyra que interpreta una “coming of age”, una historia de madurez, que nos llevará por un derrotero previsible de amores, rompimientos de tabúes, violaciones y traumas, como es costumbre de GOT.

    Por lo pronto, ni ella ni el resto de los figurantes, logran calzar las botas que dejaron la casta admirable de Tyrion, Arya, Snow, Cersei, Drogo y Sansa, por mencionar a unos pocos.

    Ciertamente, es temprano para establecer comparaciones, pero lo más cercano al nivel de GOT circula alrededor del estupendo villano Daemon, de la niña Rhaenyra que triunfa al lidiar con las ansiedades de la generación woke y del trágico Rey Viserys, amén de Otto Hightower (Rhys Ifans) que pinta para grandes cosas, siendo un personaje clave de la precuela.

    Los demás tendrán que ganarse nuestra confianza y aprobación.

    En cuanto al dispositivo de rodaje, menciono algunas situaciones que me hacen ruido.

    La saturación de clichés GOT, incluidos por servicio y satisfacción inmediata del consumidor de HBO. Parece una recopilación de los archivos de desmembramientos, violencias sádicas de hiperrealismo morboso, un sexo mecánico de pornografía blanda de “Calígula” que se consume con más condescendencia que sorpresa.

    Me disgustó el inicio por caer en el facilismo de tapar y recrear con CGI, lo que antes era montado analógicamente en castillos, abadías y locaciones reales.

    Observo que se acostumbraron a ahorrar el presupuesto, apelando a matte paintings, fondos, y pantallas verdes que me desconectan, que me enfrían la experiencia, que me la entuban por un filtro de volúmenes de video juego.

    Más interesante se perfila el segundo y tercer acto, cuando los caballos y las armaduras entran en acción, forzando que la barbarie física saque a la cámara de los tres palos, moviéndose con dinamismo.

    Celebro la oportunidad de volver, de compartirlo con ustedes, de dejarnos el pellejo en la página en blanco, fajándonos con nuestras apreciaciones y debates.

    Me sumo a la cruzada, entiendo que apenas comienza, y que siempre es preferible el regreso de una mitología con respeto por sus convenciones, al salto al vacío que significa convertir a GOT en un desastre de serie al gusto de los progres, y de la corrección política.

    Nada menos cerca de George R. Martin.

    Aunque cuidado porque “House of the Dragon” también ofrece una mirada personal a la sociedad de cristal, al convocarla como cebo con la princesa que va descubriendo su amor femenino y algo lésbico, para luego trastocar los cimientos de su casa en llamas.

    Ojalá no me la transformen en otra Daenerys despechada y de telenovela, al final de la temporada o de la faena.

    House of the Dragon: Juego de Tronos para nostálgicos y centenialls postwoke 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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