martes, mayo 17, 2022
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    La estafa de los nuevos escaladores sociales: Inventing Ana y The Tinder Swindler

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    Vivimos en el apogeo, en el pico de un nuevo brote o virus, producto de la crisis moral y la depresión de la pandemia: el fantasma de los Hollywood climbers.

    Incluso explotó antes con la precarización y la cultura del entusiasmo, durante el milenio.

    Se trata del ascenso de los timadores de la red social, de los impostores de Instagram, quienes se escudan en perfiles costumizados y personalizados, de la ingeniería social, para cometer sus tropelías, delitos y corruptelas de cuello blanco, valiéndose de estrategias de comunicación digital, de la credibilidad ofrecida por los perfiles de Facebook.

    Así arman y montan sus esquemas Ponzi, sus pirámides de construcción selfie.

    Pero no es solo un asunto de ser víctimas del viejo juego del gato y el ratón, visto en series de MTV como “Catfish”.

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    Hemos escalado a un nuevo nivel de complejidad, como en un game transmitido precisamente por un presunto campeón sin corona, uno de tantos imitadores de Ibay en Twitch.

    No es casualidad el estallido y la subsiguiente explotación del fenómeno en Hollywood, siempre presta a cazar tendencias y a instrumentarlas como nicho o rentable fuente de negocios.

    Ahí vemos crecer un arco minero de la meca, donde cadenas como HBO, Netflix, Viacom y Disney se apuntan a la lista de los generadores de contenido derivado, proponiendo narrativas y arquetipos de diseño, al gusto de los consumidores de relatos antiheróicos.

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    Un capitalismo de la inteligencia emocional, cuyas ramificaciones merecen un estudio y una revisión analítica.   

    A propósito, entrando en materia, descubrimos varias fuentes de inspiración para series como “Inventing Ana” y “The Tinder Swindler”, la más populares de Netflix, con 77 y 64 millones de horas vistas en todo el mundo dentro de la plataforma de la N grandota.

    Por cierto, hoy los inversores prefieren contar la cantidad de horas de reproducción, les da más quesito, que revisar los clásicos charts del box office.

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    Así que la taquilla se mide ahora por millones de horas, antes que por boletos. Una consecuencia del propio estado de ambigüedad y de extraña liquidez financiera de los recursos de medición en la industria.

    Es que naturalmente Netflix hackeó y cambió al sistema, tanto que ganará el Oscar, por vez primera, con la operación de reivindicar a Jane Campion con “El Poder del Perro”.

    Una estrategia neoliberal de la que ningún académico por podrá resistirse.

    Curiosamente, “El Poder del Perro” visibiliza una microestafa relativa al género western: la de hipermasculinizar a su reparto y su género, escondiendo una obvia tensión gay, reprimida por el contexto puritano de “Los Secretos de la Montaña”.

    Tampoco es fortuito que compita contra ella, mi favorita en carrera que es “El Callejón de las Almas Perdidas”, una película negrísima de Guillermo del Toro, acerca de mujeres y hombres que devienen en monstruos de la trampa y el escamoteo, a fin de escalar social y económicamente en su conquista del poder.

    Ayer y hoy, existe una demanda cautiva dispuesta a pagar grandes sumas, para que videntes y charlatanes les predigan un futuro a la carta.

    No olvidemos el caso de “Barry Lindon”, que es el aporte de Stanley Kubrick a la tendencia en alza del síndrome de los impostores.

    Lo mismo ocurre con el arquetipal protagonista de “La Tragedia de Macbeth”, el cual será castigado por los dioses y las brujas de Shakespeare, debido a su ambición desmedida, sin control ético de daños.

    Pero si el cine del Oscar nos habla del tema, con sus guiños al pasado y a los decorados de época, “Inventing Ana” y “The Tinder Swindler” van al hueso del problema en la actualidad, siendo por ello más apetecibles para el mercado.

    Encima dan en el clavo con dos historias de tintes surrealistas que protagonizan dos arquetipales antihéroes, amados y odiados a partes iguales, pero que resumen las fobias y las aspiraciones inconscientes de una parte importante de la población global, sumida en la frustración y el estancamiento laboral.

    Una generación quemada, que llaman, que algunos sociólogos improvisados identifican con una angustia o un beta de los millenials, cuando en realidad se entiende como un efecto secundario de un planeta que no marcha bien, y que se olvidó de generar el máximo bienestar de sus ciudadanos.

    De modo que no es un asunto estrictamente concerniente a unos desalmados influencers de menos de 35 años, a los cuales hay que desenmascarar y condenar, tal como sugieren las series del momento.

    Uno de mis inconvenientes con “Inventing Ana” y “The Tinder Swindler”, es que refuerzan prejuicios generacionales contra los millenials, culpándolos como chivos expiatorios del colapso del capitalismo.

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    Otro “issue” muy serio y personal que tengo contra “Inventing Ana”, es que no me creo la peluca de ella, y no entiendo porque la producción fue tan desprolija a la hora de ponerle un postizo tan falso.

    De repente es que quieren subrayar su imagen prefabricada, sin embargo, parece un implante de una telenovela mejicana.

    Algo impropio de Netflix.

    Se fajaron más con la ropa y los decorados, que por cierto se encuentran perfectamente expuestos en un capítulo de la serie “Generation Hustle”, disponible en HBO Max.

    Atención porque HBO también se sube al carro de hacerle una inquisición a la generación millenial.

    Por supuesto, que trepadores y escaladores hay en todas partes, y de todas las edades.

    Por ejemplo y verbigracia, los ve usted escalando la cima de un Tepuy, por tierra o helicóptero, con o sin Pemones cargándolos como príncipes coloniales, para tomarse fotos dizque heroicas.

    Por fortuna, son proezas de trepas criollos que ya todos aprendimos a leer desde la crítica y la ironía. Ya no nos engatusan tan fácil como antes.

    ¿O sí?         

    Por tal motivo, tienen éxito las películas y series del género de las estafas.

    Nos permiten hacer una catarsis necesaria ante el populismo político de los “con artist” que nos rodean en la arena de la polarización, desde los P. T. Barnums del circo electoral hasta los mesiánicos Robin Hoods que prometen salvarnos del régimen de sombras, diseñando otra dictadura perfecta en paralelo.

    Es normal y lógico que las series retraten a los malos, incentivando el morbo que supone verlos triunfar y fracasar como revolucionarios fallidos.

    Un argumento que el cine ya transitó en la época de la primera depresión, amén de las estafas y las mafias de los caracortadas y de los barones del imperio del alcohol y la droga.

    Caso del Al Capone y del Koki en Venezuela.

    Carreras de Ícaros que ascendieron tan rápido como cayeron.

    Cumplo con advertir que, de nuevo, hay un simulacro detrás de todo ello, del cuento moral de castigar la ambición de la pobre niña rica, Ana Delvay.

    Una conspiración develada en curso.

    Estos microestefadores y sus sentencias, capaz nos ocultan que no son ellos solos y sus búsquedas desesperadas por la fama, sino que hay todo un sistema que permite su surgimiento.

    Capaz son una consecuencia del sistema que vende el cebo de la fama, a costa de crear una mentada imagen de éxito y felicidad.

    La trampa, la estafa está en el corazón de las aplicaciones, las redes, los poderes y las instituciones.

    No en balde, hoy la política global está gobernada por ellos, los estafadores.

    ¿Qué son realmente Pedro Castillo, Maduro, Obrador, Putin, Biden, Alberto y Boric?

    Hombres bastante discretos y grises, que llegaron y se mantienen en el poder por sus escasos dotes de Con Artists.

    Resultados de un medio condescendiente, de una sociedad del espectáculo, que debemos superar, porque estamos bastantes grandes para ser víctimas de ellos por siempre.

    Además somos más que ellos.

    Es una cuestión de simple aritmética.

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    En efecto, inspiró una película.
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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Locutor en Circuito X. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Profesor UMA. Documentalista, docente, productor y guionista.

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