miércoles, junio 29, 2022
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    «La rebelión de las máquinas» por Joaquín Ortega

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    Joaquín Ortega.

    Así como Espartaco se volvió contra los romanos, Cromwell contra católicos y monárquicos y Robespierre pidió las cabezas de la aristocracia…así imaginamos que va a ser el derrocamiento del poder humano frente a los robots, la inteligencia artificial o la internet galáctica. El tema de fondo no es convivir con la tecnología sino dejarle toda la responsabilidad sobre nuestras vidas a ella.

    La ética y la cibernética de Nuño

    Juan Nuño, filósofo excepcional revisaba al pensamiento socrático para preguntarse si al igual que el sujeto biológico, alguna creación artificial (pudiera ser el HAL 9000 de Space Oddisey o el replicante de Blade Runner) tendría la capacidad de reconocerse desde su particularidad. ¿Sabrían las máquinas o los hombres que están pensando, al pensarse? Como vemos la pregunta clave se basa en la autoreflexión; la ya clásica: “¿qué hago yo aquí?  La cual nos enfrenta a la ruptura con el mundo exterior, marcada por el destino y el determinismo, por ello los griegos inauguran (hasta donde sabemos) aquello del pensamiento consciente. Pensar es atreverse a lo indocumentado, generando hipótesis del porvenir.

    Si bien es cierto que todo a lo que se le llamaba espíritu, pasarían luego a decirle mente. Hoy ese lugar no tiene otra función que la mera actividad cerebral… la idea de la trascendencia y de un aparato (en este caso el cerebro, que registra nuestra relación con el entorno) genera seguridad en el día a día y potencialidad para el mañana. Allí donde se guarde lo que he vivido, allí está el asiento de lo que me define entre el hoy que me ve dormir y el mañana que permite despertar.

    Responder no es entender

    Por lo tanto, es justamente el miedo humano (extendido y aumentado por la literatura y el cine)  el que nos llevan a creer que la máquina más moderna necesita vivir en función de la destrucción humana, ya en decadencia. Por otro lado, el recelo que han generado ciertas respuestas de programas que comunican una supuesta vida interna, nos hacen perder de vista  que si un mecanismo responde asertivamente es porque ha sido programada para ello, en baso a un libreto y a un cuestionario de preguntas y respuestas posibles. Creemos que al encontrarnos con otra forma de vida, su trato con nosotros será como el que le hemos dado a otros seres vivientes. En términos generales el encuentro entre inteligencias cercanas no siempre produce respuestas existenciales a realidades cooperativas y entornos de convivencia entre especies. Al parecer cada ladrón juzga por su condición, dirían muchos y aunque hayan experimentos como el de Lucas Rizzotto (y su microondas vengativo) no todo en la vida es una copia de la ciencia ficción (link)

    La vigilancia se vale de protocolos y vistos buenos humanos, todo automatismo requiere de ojos humanos y aunque no lo parezca refacciones y limpieza que solo pueden completar (hasta el día de hoy) con y desde las destrezas biológicas. Un dron, un telescopio, un satélite, incluso hasta un monitor de reconocimiento facial requieren de la supervisión explícita de hombres, mujeres o niños. Cuando las máquinas se hagan a sí mismas, se reproduzcan y evalúen su propia autonomía en el mundo tendremos tratados sobre el cuidado del yo mecánico… o las sensibilidades del refinamiento perceptivo. Por lo pronto, creer en la extinción humana inmediata por un levantamiento Cyborg es tan poco probable como el advenimiento de una raza  extraterrestre con interés de dominio colonial global.

    Lo humano, lo post humano y la infravaloración de la especie

    El filósofo Peter Sloterdijk llama (sin interés peyorativo) a la reflexión sobre ese culto a la especie y a los desarrollos de nuestra civilización “la humanolatría”. Sería, para muchos intérpretes como una especie de eurocentrismo biológico, esta vez ajustado al centro racional de los logros de la mente del homo faber.  Así las cosas, gran parte del relativismo posmoderno y el cambio del centro de lo humano hacia la creación de nuevos seres biológicos (alterados en sus fenotipos y organicidad original) han hecho que, no solo que nos veamos por debajo de la escala evolutiva, sino incluso innecesarios en el contexto de un universo en expansión.

    Cada enfoque de los fundamentalismos encasillados en versiones adolescentes del animalismo, el machismo, el feminismo, el veganismo, el posthumanismo o el transhumanismo no hacen sino cerrarle el paso a la vida humana… de formas tan o más perversas que si de una guerra declarada se trataran. Las agendas políticas se disfrazan con narrativas de tolerancia e inclusión, cuando en el fondo son prácticas de fanatismo y desunión social. Al fin y al cabo, nuevas cacerías de brujas con el tono del asesinato moral, por decir lo menos.

    @ortegabrothers

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