miércoles, noviembre 30, 2022
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    La tragedia del Rey Viserys: análisis del capítulo 8 de House of The Dragon

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    La división reina en Kings Landing por la inminente muerte del monarca, consumido físicamente por una enfermedad terminal. Del crepúsculo de los dioses de la serie al ocaso de sus ídolos.
    Prepárense para el mejor capítulo de la temporada, gracias al descomunal unipersonal de Paddy Considine como Visery I, envenenado por una sobredosis de leche de Amapola.
    Como solo HBO sabe hacerlo, “House of the Dragon” desarrolla su penúltimo episodio de la temporada, como una extensión de los dramas familiares de “Juego de Tronos”, bajo la impronta de las revueltas intestinas de “Sucession”.
    Así, como Logan Roy, el Rey Viserys I busca desesperadamente un digno sucesor de su casta, ante su evidente estado de descomposición.
    Utilizando los recursos del body horror, “The House of the Dragon” moraliza respecto a la desfiguración humana que conlleva la lucha por el poder, cuya rueda es indetenible y corrompe la esencia de las casas en pugna.
    El episodio nos presenta un salto temporal de seis años, donde cambian los rostros y las imágenes de los principales descendientes, hijos y nietos, de las castas dominantes.
    Llama la atención, sobre todo, el aspecto de Aemond, quien luce un parche en el ojo y una cicatriz que marca su vida, llena de odio y resentimiento por los demás príncipes y sobrinos.
    Cada una de las partes guarda una agenda oculta, favorable a sus intereses, en pos de alcanzar la meta del trono, a cualquier precio, incluso el de la traición.
    Así Rhaenyra Targaryen y Daemon han fortalecido su alianza matrimonial, que los impele a querer gobernar sobre el resto.
    Los demás personajes también cierran sus pactos secretos, sus pequeñas conjuras y complots, sus agendas personales y políticas que pragmáticamente les nublan el juicio, con el fin de conquistar el podio en disputa.
    Surgen varias escenas claves que expresan la contundencia del guion y la dirección, hacia el clímax y la conclusión de la historia planteada en el arco de la serie.
    El primer segmento nos lleva al interior del castillo en el que reposa el trono de hierro.
    La Mano asume un papel de moderador de una discusión que conduce a la definición del conflicto de sucesión, por las circunstancias apremiantes que conocemos.
    Sorpresivamente, Viserys llega, como el elefante de la sala que todavía es y que merece respeto, a pesar de su frágil condición.
    Con una máscara de hierro, como la de Alexandre Dumas y el Fantasma de la Ópera, el Rey hace una entrada accidentada y simbólica, caminando con un bastón y una postura encorvada que lo hacen ver como un monstruo trágico, como un Quasimodo expresionista, afectado por la tuberculosis.
    Nadie sale en su inmediata ayuda, capaz porque su estrella ha menguado y el maquiavelismo ha despojado a sus congéneres de los últimos gramos de sensibilidad.
    La lección es que el Rey decrépito, como una calavera viviente, es la última reserva moral de “House of the Dragon”, el único que conserva algún compás ético y racional, la humanidad y la empatía que han cancelado las venganzas y los ajustes de cuentas, entre los convocados a la reunión.
    En efecto, los candidatos toman la palabra, para humillarse en público, cual campaña sucia de una elección.
    Si sabemos leer entre líneas, “House of The Dragon” nos va señalando los problemas que aquejan al pasado y al presente de las potencias anglosajonas, al Reino Unido y Estados Unidos, a escasos días del sufragio de medio término.

    De igual modo, retrata la crisis que constituye el fallecimiento de la Reina Isabel, la última noble de una estirpe de príncipes no tan carismáticos y estimados.
    ¿Es Viserys un Biden que apenas logra sostenerse y controlarse, amén de sus culpas y pecados? ¿ El episodio manifiesta la preocupación por la actual deriva y fragmentación de la zona Europa, declarando el fin de la globalización?
    De seguro el creador, George R. R. Martin, tiene la respuesta.
    Sí resulta estimulante la vigencia atemporal del libreto, su magnetismo poético que nos inspira conversaciones contemporáneas.
    El insulto bajo y la ley de la espada, culminarán el derrotero del infausto desencuentro. Volará una cabeza por los aires, cortando una ofensa hacia el origen bastardo de los hijos de Rhaenyra, acusada de “ramera” en público.
    Atendiendo a los rasgos raciales y la diversidad étnica del reparto, podemos inferir que el capítulo propone una reflexión acerca del fracaso del proyecto multicultural, del melting pot, que hoy eleva la inclusividad y la representatividad como una bandera de salvación en la política.

    No en balde, acontece una cena que es el típico reflejo de las aspiraciones de reencuentro y reconciliación, que se proclaman en noche buena, siendo acompañadas desde la condescendencia hipócrita que anticipa un futuro de conflagración, conspiración y cizaña.
    Nos sugiere “House of The Dragon” que la naturaleza humana se descompone y agrieta, como una maldición, cuando no existen narrativas fuertes que unifiquen, liderazgos que trabajen más por el bien común que por el reparto simple de las cuotas del poder.
    Las siguientes secuencias confirmarán el devenir presagiado por el capítulo trágico, en cuanto suponen el desenlace oscuro y profético de un Rey, que no pudo garantizar la paz y que despertó muy tarde de su sueño de eternidad, confrontándose con la realidad de la muerte y la pesadilla que desata, provocando una guerra civil.
    ¿No estamos aquí en una foto del mundo actual, en la Ucrania encendida por la invasión de Putin, en la Irán tiránica al borde de un colapso por las protestas de las mujeres que reclaman sus derechos, en la dictadura de Venezuela que se desangra por su cuadro de terror?
    De pronto, el episodio 8 ofrece un espejo dantesco, en el que mirarnos y meditarnos, a objeto de superar nuestras fantasías de destrucción.

    El Rey se despide con una lágrima, que se evapora frente a la llegada de la Canción del Hielo y el Fuego. The Winter is coming. El invierno ha arribado, y nos traerá más sangre, sudor y lágrimas, si nos estamos unidos y preparados. Ya el invierno causa estragos en Poniente, en el país que somos.

    La tragedia del Rey Viserys: análisis del capítulo 8 de House of The Dragon 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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