viernes, mayo 20, 2022
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    Un Batman para todas las épocas

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    Por Aglaia Berlutti.

    En el primer tráiler de la película The Batman de Mathew Reeves, el cruzado de la capa de Gotham es apenas visible. Sólo se ve su silueta en contadas ocasiones y en una de las últimas, está de pie, mientras un grupo de desconocidos le increpa. “¿Quién eres?” grita un hombre con voz levemente burlona. Batman no responde sino que levanta una barra de metal y golpea a una figura a sus pies. Le golpea una y otra vez, con una violencia y saña cada vez más evidente, oscura y siniestra. El grupo que observa retrocede un paso, hay un murmullo de terror. Pero Batman sigue golpeando, gruñe en la oscuridad. Cuando su víctima deja de moverse se medio incorpora. “Soy la venganza” murmura en voz cascada y enfurecida.

    Un Batman para todas las épocas 1

    La nueva encarnación en pantalla grande de uno de los superhéroes más ambiguos del mundo del cómic, no deja espacio para la imaginación y mucho menos, para la duda. Basada de manera libre en el cómic del 2000 Batman, Ego de Darwyn Cooke, la película intenta explorar la idea de la conciencia escindida del personaje y en especial, la forma como su violento, en ocasiones imparable y muy cerca de la crueldad alter ego, puede llegar a destruir la noción misma de Bryce Wayne sobre su decisión de combatir el crimen. Tanto el cómic — y sin duda, la futura película — están más interesados en analizar la forma en que el espíritu justiciero de Batman debe luchar contra el afán de venganza pero en especial, en la búsqueda desesperada de un significado. El Batman de Cooke es una criatura a las sombras, retorcida y cínica, que intenta empujar a Bruce al abismo definitivo. Las pocas escenas que Matthew Reeves mostró sobre su film, exploran las sombras detrás de un hombre en apariencia acorralado por una terrorífica e incontrolable necesidad de venganza. En medio de una batalla semejante, hay una reflexión de profunda importancia sobre la personalidad del antihéroe, la busca de su capacidad para comprender sus propios espacios grises y lo que más significativo, el poder ominoso de la ruptura definitiva con su personalidad más frágil. Bruce Wayne siempre mira a la distancia del trauma y del terror que le abruma. Batman es la noción perversa de esa condición sobre su propia humanidad.

    Cook y por ende, la película de Reeves, se plantea varias preguntas a la vez, en especial el hecho del sufrimiento como un vínculo con lo que yace en los lugares más innacesibles de la mente de Bruce. ¿Batman realmente tiene por objetivo la justicia, incluso de manera tangencial y con todo el peso del vigilante anónimo que encarna? ¿Es un criminal o un héroe? ¿Puede ser ambas cosas a la vez? La visión de lo maligno de Cook — externo, temible y angustioso — es también un recorrido por las piezas sueltas de algo más grande, elaborado y temible. Porque mientras Bruce intenta sostener su percepción sobre la moral en algo más duro y amargo que la simple necesidad de paz, Batman es la antítesis de esa reivindicación tardía del héroe.

    Batman — como discurso y elemento simbólico — se opone a la visión milimétrica sobre el bien y el mal. Al contrario del héroe común — que fundamenta sus dilemas sobre la concepción a través de un propósito bienhechor — refleja un tipo de bondad inquietante: es un hombre con un pasado turbulento y viste capa y máscara no por un accidente, sino porque decidió convertirse en un tipo de héroe que debe recordarse con preocupante frecuencia que hay un límite entre lo temible y lo inquietante que jamás debe cruzar. Tan parecido a sus enemigos y tan imposible de definir de una única manera, que termina por ser el reflejo de esa turbiedad que define a la ciudad que intenta proteger. Una y otra vez, Batman encarna un tipo de visión sobre la sociedad tan cínica que resultaba incómoda: desde los horrores de la tortura intelectual, hasta la liberación del canon de la bondad, la dicotomía de Bruce Wayne/Batman evita explicaciones sencilla y elabora un discurso social que intenta destruir la visión del héroe desde sus cimientos.
    En 1988 Alan Moore exploraría los peligrosos matices de la moralidad del hombre murciélago en Batman: The Killing Joke, la obra que además brindó una historia de contexto al Joker y convirtió al héroe y al villano, en reflejos uno del otro. Con la novela gráfica, el personaje alcanzó la estatura de obra de de culto y se convirtió, además, en una referencia casi mítica sobre la capacidad de los superhéroes para reflejar lo peor y lo mejor del espíritu del hombre.

    Un recorrido entre las sombras
    Por supuesto, la historia de Batman en Detective Comics ha sido uno de los hitos en la forma como le percibimos en la actualidad. Se trata de una evolución en papel que le permitió al personaje no solo hacerse cada vez más interesante, sino también humano, a pesar de su claro y extraño rasgo misterioso. Echemos un vistazo a sus apariciones más icónicas en la publicación:

    Detective Comics №27 (Marzo 1939)
    The Batman hizo su gran debut en la edición de seis páginas The Case of the Chemical Syndicate. La historia tiene un indudable aire detectivesco y presenta los rasgos básicos de Bruce Wayne, que ya entonces, sostenía su extraña amistad con el comisionado Gordon. Aunque la obra está firmada por artista Bob Kane y el escritor Bill Finger, a este último le llevó un largo tiempo conseguir que su aporte al personaje fuera reconocido por el público y la industria editorial.

    Detective Comics №38 (Marzo 1940)
    Robin llega al mundo de Batman con el evidente propósito de humanizar un personaje que por entonces se consideraba violento y también, lo suficientemente agresivo como para necesitar un lado más accesible. Por supuesto, se trató de una decisión arriesgada que, aunque no funcionó tan bien como la editorial esperaba, permitió que el hombre murciélago pudiera tener un aspecto más profundo que solo un detective enmascarado.

    Detective Comics №156 (Diciembre 1949)
    Se trata del icónico número que incluye por primera vez al Batmovil, objeto de culto para la mayoría de los fanáticos y uno de los artefactos más emblemáticos del héroe de Gotham. Pero la llegada del vehículo distintivo del hombre murciélago define su capacidad como inventor y sobre todo, su habilidad para utilizar la tecnología de punta en su lucha contra el crimen.

    Detective Comics №327 (Marzo 1964)
    Después de una breve estadía en un mercado más familiar, Julius Schwartz y la artista Carmine Infantino le dieron un nuevo aspecto a Batman, que incluye el círculo amarillo alrededor del símbolo en su pecho y el traje a tonos de gris. El personaje, que hasta entonces había tenido un aspecto más o menos inofensivo con una máscara que le cubría el rostro y un traje oscuro, sorprendió por su reinvención más oscura y tenebrosa.

    Detective Comics №359 (Noviembre 1966)
    Batgirl se convierte en la nueva inclusión en el mundo de Batman debido a la insistencia de los productos de la serie de televisión en incorporar al universo netamente masculino del personaje. Una mujer con la que la audiencia femenina pudiera identificarse.

    Detective Comics №439 (Noviembre 1973)
    Batman se convierte en su propio espectro en una de sus historias más dolorosas, profundas y psicológicas publicadas sobre el personaje. La historia escrita por Steve Englehart, no solo muestra la profundidad del trauma de Bruce Wayne sino la forma en que el hombre murciélago revive el dolor como una forma de luchar contra el crimen. De alguna u otra forma, el cómic brindó la dimensión oscura y dolorosa que acompaña al personaje hasta la actualidad.

    Cuando Batman cambió al Cine

    El Batman de Tim Burton celebró este año tres décadas de haber llegado a la pantalla grande y, también, de crear una nueva forma de comprender el cine de superhéroes.

    La película es una muestra palpable de que las buenas decisiones de casting, marketing y también, en la forma de contar historias pueden crear clásicos instantáneos. De hecho, se considera que el éxito del cine de superhéroes es uno de los grandes legados de la obra de Burton, que abrió la puerta para la adaptación de gran parte de las franquicias que ahora disfrutamos en pantalla.

    Para 1989, la historia de Batman solo era una adaptación para el cine. En 1943, Lewis Wilson encarnó la primera versión del personaje en una serie producida por Columbia Pictures. En quince capítulos contó por primera vez la trágica vida del hombre murciélago y su lucha contra el crimen.

    Para 1949, el vengador de ciudad Gótica volvió a la pantalla chica en la serie Batman y Robin, que profundizó en el universo del personaje. Fue la aparición en carne y hueso del eterno compañero del vengador de la capa, de Vicki Vale y por primera vez, se muestra la Batsignal.

    Finalmente, en la alegre década de los sesenta, Batman regresó en mallas color turquesa y bailando el Bati Twist, interpretado por Adam West. Fue justamente el tono festivo y cursi que West brindó a Batman lo que haría mucho más complicada su éxito en la pantalla grande.

    La película de Burton fue el empujón definitivo para convertir al hombre murciélago en el ícono popular que es en la actualidad. Se trató de una combinación de factores improbables que transformaron a una película que despertó dudas y desconfianzas antes de su filmación en un enorme suceso de taquilla.

    No se trató de un trayecto sencillo: solo el productor Michael E. Uslan creía en la posibilidad que la retorcida historia del vengador, que decide enfrentar al crimen después del asesinato de sus padres, tenía el suficiente potencial para convertirse en algo más que una rareza o un producto dedicado al mundo infantil. Esta la forma en que se analizaba al cine de superhéroes tres décadas atrás y sobre todo, tras del fracaso de la franquicia de Superman que comenzó la película de Richard Donner en el 1978.

    Uslan adquirió los derechos de Batman en la década de los sesenta, pero no encontró a nadie interesado en producir la película. Era la época de los grandes dramas emocionales relacionados con la Guerra de Vietnam, por lo que el tono pintoresco del material basado en el cómic, parecía fuera de lugar.

    Solo en los últimos años de la década siguiente, la futura película que imaginaba Uslan despertó interés en Hollywood y también, encontró un director capaz de crear la visión “seria y adulta” que el productor insistía debía tener el personaje. Tim Burton, conocido por su discurso visual extravagante y su capacidad para dotar de vida a historias singulares, fue el escogido para contar la historia del ciudadano ilustre de ciudad Gótica en el cine.

    Se trató de todo un reto para Uslan, que solo conocía el trabajo de Burton por la inclasificable La gran Aventura de Pee Wee Herman. El productor dedicó tiempo a discutir con el director el enfoque de la película, con la intención de encontrar una forma de traducir el cómic a un film adulto. Por último, se decidió que la historia debería reinterpretar el mito de Batman a partir de su torturado alter ego, Bruce Wayne.

    Para encarnar al millonario y playboy de Gotham, Burton recomendó a Michael Keaton, al que dirigió en Beetlejuice y cuya actuación le impresionó. El casting causó revuelo y hubo una masiva desconfianza hacia el hecho que un actor “blando y bajito” pudiera interpretar al héroe de la máscara, pero Burton insistió en su elección.

    Después, el estudio declaró que recibió más de 50.000 cartas con quejas de fanáticos que insistían que Burton no era el director adecuado para encarnar a Batman, por lo que se llevó a cabo una estrategia de marketing en favor del actor que incluyó enviar representantes a convenciones de fanáticos para hablar sobre las cualidades interpretativas de Keaton.

    Pero el mayor acierto en el casting fue contratar al oscarizado actor Jack Nicholson para el icónico rol del Joker. El actor estaba tan interesado en el papel que rebajó su salario de 10 millones de dólares a seis y un porcentaje de taquilla para interpretar al personaje. También escogió el maquillaje y el aspecto general que tendría entre varias opciones imaginadas por Burton.

    De hecho, Burton se esforzó por devolver al personaje el aire lóbrego y amenazante que le había definido desde su debut en Detective Comics en 1939. Lo logró. Las primeras fotografías en plató mostraban un aire tenebroso e inquietante que sorprendió — y cautivó — a la audiencia.

    Desde los rumores sobre el extravagante diseño de producción — a cargo de Anton Furst y Peter Young — hasta el hecho que banda sonora estuviera manos del ídolo pop Prince, convirtieron a la película en una obsesión nacional en una época en la que la información sobre los estrenos y el acontecer de Hollywood no eran tan accesible como lo es ahora.

    Batman fue la pionera en muchas cosas que en la actualidad parecen normales en el cine de superhéroes: personajes de cómic interpretados por actores ganadores de Oscar, directores de considerable peso de la industria y bandas sonoras que incluían ídolos de actualidad.

    Tanto el avance como la promoción en carteles era austera y minimalista: el montaje del primer tráiler carecía de música y el póster no decía otra cosa 23 de junio, la fecha de estreno de la película. Pero no se necesitó nada más para convertir a Batman en un fenómeno incluso sin que mostrara los primeros clips con material concreto.

    Unos días antes de su llegada a la pantalla grande, Times Square y, de hecho, todo Manhattan, estaban cubiertos con el logo de Batman y con material de promoción de la película. Había camisetas por todas las tiendas y la expectación llegó a ser tan masiva, que se habló de un fenómeno “inesperado” y “controlado” por la productora.

    Como era de suponer, la estrategia rindió sus frutos. El 23 de junio, Batman se estrenó con críticas positivas y se convirtió en un éxito taquillero: superó en recaudación interna a Indiana Jones y la Última Cruzada de Spielberg — estrenada en mayo del mismo año — y también, fue la primera película de la historia en recaudar 100 millones de dólares en diez días. Pero también hizo algo más: se transformó en la puerta abierta para que el mundo del cómic llegara a la pantalla grande por todo lo alto. Un fenómeno extraordinario que se mantiene hasta hoy.

    ¿Qué hace que Batman siga siendo un personaje fundamental de la cultura pop? Quizás no haya respuesta clara para eso. Lo que sí está muy claro, que es el hombre murciélago es el símbolo de la aspiración colectiva de un superhéroe que sea algo más que los formidables poderes que pueda tener. Una combinación de voluntad y los lugares oscuros de la imaginación, que sin duda hacen al personaje extraordinario.

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