domingo, enero 23, 2022
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    Yo, Robot. Tú, Robot. Nosotros, Robots

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    Por Jackeline Da Rocha.

    La evolución de miles de millones de años ha llevado a la raza humana a desarrollar cada día nuevas formas de supervivencia. Hace tiempo que no es necesario cazar nuestra comida ni huir de depredadores gigantes; los últimos avances son sofisticados, científicos y casi todos relacionados con medicina y robótica. Mucho más impresionante cuando estos mundos se juntan.

    Hace poco se han desarrollado implantes de órganos humanos (hasta palpitantes) en impresiones 3D y este año parece que vamos más allá: en noviembre se anunció el diseño de nano-robots celulares que pueden replicar las células de la piel. Las universidades de Vermont, Tufts y Harvard han utilizado genética de los sapos Xenopus Laevis (muy Jurassic Park) pero no le han programado al “robot” el formarse en un renacuajo. Al descubrir que replican sus células espontáneamente indicaron que es una forma de reproducción nunca antes vista en un animal. Quieren estudiar medicina en células no humanas además de avanzar los secretos para la regeneración humana (muy villano de Spiderman).

    Los libros de Isaac Asimov nos ilustraron hace décadas un futuro posible en convivencia cotidiana con formas robóticas inteligentes que funcionasen siempre por nuestro bien. En la ficción y en la realidad hemos encontrado similitudes y casos que ni siquiera pudimos haber imaginado. El machine-learning, por ejemplo, se pensó como una herramienta de automatización para que los “robots inteligentes” entendieran con más rapidez y profundidad los procesos del razonamiento humano.

    En Asimov y en algunas prácticas se plantea el diseño cognitivo de un robot como un laberinto, un camino por el que pueden navegar enfrentando distintas experiencias. Cada una de ellas lo llevará más adelante y habrá aprendido de ella para enfrentar otras. Sin embargo, en nuestra realidad se ha dado a diversos robots acceso a “puertos libres” como las redes sociales para tomar dicha experiencia, solamente en vano, ilustrando al contrario los niveles de bajeza e ignorancia que puede contener un ser humano.

    Asimov estuvo en lo correcto al dudar tanto de la creación como del creador en su serie de cuentos “Yo, Robot”. Un clásico inmediato de la ciencia ficción, sitúa al protagonista en medio de contradicciones lógicas de las leyes de la robótica. 

    1. Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daños.

    2. Un robot debe obedecer las órdenes que le den los seres humanos, excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.

    3. Un robot debe proteger su propia existencia siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.

    Más relevante que nunca, la obra de Asimov nos muestra el lado malo de cada uno de sus personajes. Hasta la Dra. Calvin parece dejarse llevar por el mundo del mercadeo: su trabajo es que los robots parezcan más humanos para que la gente no desconfíe de ellos y así los compre.

    (Aunque la película de 2004 con Will Smith merezca un remake) podemos decir con confianza que apunta a un futuro -cada vez más- cercano.

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