martes, noviembre 29, 2022
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    10 reflexiones sobre la derrota de Bolsonaro y de la victoria de Lula, por un pelo

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    Brasil ha quedado realmente rota, partida, en grieta, como tantos otros países del continente. Diez ideas definen el panorama fragmentado que tendrá que heredar Lula, con no poca adversidad política.

    1) Más que la izquierda, gana la oposición y el hastío ante el establishment.

    Una de las reflexiones más extendidas en Twitter, indica que América más que teñirse de rojo, vira hacia la oposición. Es una forma de leerlo. Varios factores pesan a la hora de seguir buscando cambios en el continente, rechazando al status. Un privilegio de alternabilidad democrática que todavía extrañamos y añoramos en Venezuela, porque la dictadura reina desde hace 22 años.

    2) Regresa Lula, pero a qué precio.

    Acusado y encarcelado por corrupción, el líder del partido de los trabajadores genera amor y odio entre el electorado carioca, que no para de caricaturizarlo como un ladrón de siete suelas, que merece seguir en cana. Razones de contexto cultural, inciden en que la falta de compas moral y de ética, se perciba como botín electoral, como un tabú que lamentablemente seduce a las masas. Hay un importante condimento de irracionalidad emocional en todo ello. De modo que el señor del Foro de Sao Paulo, encarna a un típico Robin Hood del mundo populista de hoy, lo cual estimula preocupación en los mercados por el futuro de su gestión, que estará empañada por la sombra de Odebrecht en el pasado.

    3) Bolsonaro ganó en las ciudades como Sao Paolo y domina la cámara.

    Lula no gobernará solo, mientras exista división de poderes en Brasil, un país de fuerte tradición legislativa. Por ello Lula terminó tras las rejas. El nuevo presidente tendrá que asumir un mandato, con medio país en contra, sin poder absoluto en la cámara, y con los estados más fuertes controlados por Bolsonaro. Así que el juego continúa trancado en la polarización.

    4) Culpa del Covid y del fundamentalismo antivacunas.

    Bolsonaro perdió puntos importantes por insistir en una campaña infructuosa de negacionismo científico, contra las vacunas y sin mostrar empatía por las 700 mil víctimas del coronovirus en Brasil. Lección para una ultraderecha arrogante, que cree que su discurso antimoderno y primitivo de teorías de conspiración, es más sexy o contundente que los números, la big data y la historia de la investigación médica. Así les va. Con Fake News, se fracasa.

    5) La pandemia no perdona.

    Como hemos visto en la región, ningún presidente se salva de ser señalado como el responsable de pésimas administraciones en la era de la nueva normalidad. El virus ha sido una molienda de presidentes, y se ha cobrado a Bolsonaro.

    6) El voto evangélico.

    Bolsonaro pensó que le bastaba con garantizarse el voto de las iglesias pentecostales en Brasil. De pronto el electorado fundamentalista maquilló sus números. Pero no fue suficiente, porque Lula también explotó su costado demagógico de subirse al tren de las soluciones mágicas que confunden política con los asuntos de las iglesias y los pastores chamánicos en Brasil. Todo un tema que afecta al republicanismo en la nación vecina.

    7) Nuevo aliado para Maduro, nuevo escollo para la oposición en Venezuela.

    El interinato ha sufrido la caída de otra de sus fichas, en su largo declive y funeral, marcado para concluir en 2023, según los medios internacionales. De cualquier modo, es un problema para Venezuela y su crisis migratoria, que tengamos ahora a un presidente enamorado del socialismo cubano y criollo. Con Lula no se puede contar para la causa de los derechos humanos en Venezuela. Por ende, no pinta bien el escenario.

    8) De retorno a la espada de Damocles que se cierne sobre al Sur de la Frontera.

    Aquel mal documental de propaganda de Oliver Stone, “Al sur de la Frontera”, se ha repetido como tragedia y como farsa populista del progresismo mesiánico. Habrá que interrogarse por la efectividad del discurso del centro y de derecha, que adversa a la marea roja en el continente. Habrá que hacer un mea culpa, más allá de decir que nuestros pueblos son ignorantes o fáciles de manipular. Menos condescendencia, más cabeza fría para que no se vuelva a reproducir un ciclo gastado. Mensaje para los que creen que la narrativa neoliberal en extremo, sube cerro y resulta atractiva en nuestros países. Capaz hay que condimentarla y saberla disfrazar, con un lenguaje más cool y emocionante. Enseñar que no todo es en blanco y negro, como piensa el marxismo, y que hay opciones fuera del abismo en que nos encierra la dialéctica política imperante. Porque en el dilema, el comunismo va sacando la delantera, lamentablemente. Es su nicho y lo saquean a discreción.

    9) Triunfo de soluciones viejas y anticuadas en Brasil.

    La verdad es que Lula y Bolsonaro pertenecen a un paradigma caduco de la política en el continente, que ve como se imponen candidatos con plomo en el ala, pues la generación de relevo no acaba por emerger. De modo que Brasil votó por el boomer que le resulta menos malo, en su cuenta. Una paradoja en un continente de gente joven. Por Lula y Bolsonaro, se vota por dos rostros distintos del modelo paternalista y presidencialista, que nos ahoga y oprime. Hombres cringe, reyes desnudos, que carecen de méritos y atributos. Personajes grises de la picaresca, que ambos dan vergüenza ajena. Así que no hay nada que celebrar en Brasil. No se vengan arriba los camaradas de Lula, tampoco los fachitos de Bolsonaro.

    10) Lula, dos intentos.

    Lula no será Cap o Caldera, pero va por su segundo mandato, como uno de los clásicos abuelos y carcamales de la política del realismo fantástico, como un San Nicolás en Halloween, que ha vendido el regreso a la prosperidad de una primera gestión que subió de nivel a los pobres, que los puso a viajar por el mundo y a consumir como en la época de la Venezuela Saudita. En mis viajes a Brasil, he preguntado por qué del éxito de Lula, que no entiendo. Me afirman que su negocio se basa en la instrumentación de la miseria, en la promesa de inclusividad y reconocimiento de las zonas más vulnerables. A Lula lo ven como un héroe, como un patriarca en defensa de la clase trabajadora. Y en nuestros países, dicha cuestión hace la diferencia. Me temo que Lula no contará con la misma bonanza que le funcionó para desarrollar su capital político. Recibe un país marcado por el conflicto y la recesión. ¿Podrá terminar su mandato? Es la pregunta que se hacen en Brasil. Cuidado si es la pregunta de todo un continente, que atestigua inestabilidad por sus cuatro costados, producto de unos ciclos y unos tiempos fenecidos que merecen reformas profundas, debido al estancamiento de ideologías y teorías políticas de hace siglos, que han envejecido mal. Imagínense que América no sale de los libros que se discutían en el siglo XIX y el XX, entre la izquierda y la derecha.
    Por desgracia, lo de Lula es un maquillaje, un barniz, un cambio superficial, hasta un retroceso.
    Todavía esperamos por una política que logre leer-descifrar al milenio en Brasil y América.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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