domingo, mayo 22, 2022
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    Eduardo Casanova | La aberración socialista

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    Suele definirse el socialismo como una corriente filosófica de pensamiento económico, social y político que envuelve un conjunto diverso de teorías políticas, movimientos y sistemas socioeconómicos que en ese pensamiento se han inspirado

    Para simplificar, se trata de un movimiento que hoy en día es total o parcialmente contrario a la democracia y defiende el estatismo, y que tiene diversas vertientes, como el comunismo, el fascismo, el nazismo, el populismo, el militarismo, etcétera.

    Todas ella tienen en común el rechazo de la democracia, que considera “burguesa”, la defensa en algún grado de la propiedad pública, colectiva o cooperativa de los medios de producción de la sociedad, en lugar de su propiedad en manos privadas. Propone generalmente la planificación y organización de la vida social y económica desde las fuerzas que componen al Estado, es decir, el estatismo.

    No hay, sin embargo, una forma única de socialismo. Ni siquiera hay un consenso respecto de qué es exactamente o cómo se debería implementar en lo político, social o económico. Así, existen formas más radicales (comunismo) que proponen la abolición de la propiedad privada, y otras en cambio que proponen la convivencia con la economía de mercado, aunque bajo formas de control y espíritu social.

    En el terreno político algunas de esas corrientes proponen la dictadura, que suelen llamar “del proletariado”, mientras que otras aceptan algún nivel de democracia formal.

    En todo caso, los socialistas coinciden an algunas característica, como el debilitamiento de la propiedad privada en favor de modelos sociales o comunitarios de propiedad, especialmente en lo referido a los medios de producción, así como en un modelo económico que apunta a la producción, más que en la generación y acumulación de capitales y está dirigido por el Estado, la aplicación de diversos métodos de redistribución de la riqueza, como impuestos a los que más tienen y planes de ayuda para quienes menos tienen, para tratar de uniformar económica y socialmente a la sociedad, el empoderamiento del Estado que, suele ir en detrimento de la democracia y de los partidos políticos, fuerte intervención del Estado en los asuntos económicos y sociales, etcétera.

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    Es también normal que los socialistas favorezcan sistemas que llaman de igualación económica, tales como subsidios, bonos, etcétera, cuyos resultados no son nada positivos, pues propenden a estimular la pereza y, al atentar contra la competencia, perjudican la productividad social. El término “socialista” con el sentido contemporáneo apareció alrededor de 1830.

    Se utilizó para describir al ala más radical de los diversos movimientos y filosofías políticas nacidos durante los estallidos revolucionarios del siglo XVIII, que asociaban al capitalismo naciente los malestares sociales de la época, en especial los seguidores de Robert Owen y Henri de Saint-Simon.

    Algunos más pragmáticos y otros más idealistas, estos movimientos compartían visiones mayormente agrarias del socialismo, y fueron bautizados con ese nombre por Pierre Leroux en un artículo titulado “Del individualismo y el socialismo” en la “Revue encyclopédique” de 1833. Con la Ilustración, que abogaba por el uso de la razón humana en la comprensión y el mejoramiento de la sociedad, nació el primer socialismo moderno, industrial, que hoy en día conocemos como socialismo clásico.

    Sus dos cunas fueron Francia e Inglaterra. Aunque carecieron de un cuerpo de ideas en conjunto, contaron con importantes pensadores y militantes que allanaron el camino para la llegada en el siglo XIX del marxismo.

    El socialismo marxista revolucionó para siempre el modo de comprender la sociedad y la historia. A su vez, le dio al socialismo una teoría unificadora y de espíritu racional, “científico” en palabras del revolucionario alemán Federico Engels (1820-1895). Desde entonces, el socialismo o comunismo cobró vigencia dentro de numerosos partidos y organizaciones obreras de Europa, y le hizo un gran daño a la humanidad.

    Alcanzó su apogeo político a inicios del siglo XX, con la Revolución Rusa de 1917 que, bajo la conducción de Vladimir Ilych Lenin (1870-1924), puso fin para siempre a la monarquía zarista y fundó el primer país socialista (marxista-leninista) de la historia, la Rusia soviética, que después se convirtió en la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) y finalmente desapareció en 1990. Del mismo socialismo nació el fascismo, que por odio mellizal y competencia política aparecería como anticomunista, cuando en definitiva tiene a ser la misma cosa. Una de las ramas del fascismo, el nacionalsocialismo alemán o nazismo, desencadenó la Segunda Guerra Mundial.

    Al final de la guerra a mediados del siglo XX el mundo asumió formalmente la división en dos bloques, a lo largo de lo que se llamó la Guerra Fría: el bloque capitalista liderado por Estados Unidos e Inglaterra, y el bloque comunista o socialista liderado por la URSS y China, que tras la Revolución Comunista China (1949) había instaurado su propia visión del socialismo, el maoísmo. Hechos semejantes ocurrieron en otras naciones del mundo, como Vietnam (la Revolución de Agosto de 1945), Corea (tras la Guerra de Corea de 1950-1953), Cuba (la Revolución cubana de 1959), Camboya (tras la Guerra Civil Camboyana de 1967-1975), y finalmente la absurda “revolución bolivariana” que alentó el llamado “socialismo del siglo XXI”, entre otros.

    Nacidos en la violencia, muchos de estos regímenes dictatoriales han estado involucrados en guerras, o procesos genocidas, así como imperdonables atrocidades en nombre del “hombre nuevo” o de la sociedad utópica futura.

    El problema grave del socialismo es que parte por lo general del resentimiento y es contrario a la naturaleza humana, además de basarse en premisas falsas. Por eso le ha hecho un daño grave a la humanidad y en cierta forma, además de haber causado varias guerras, ha impedido el progreso del ser humano. Y uno de los hechos más graves es el que suele tener éxito en personas y grupos dominados por el buenismo.

    Por algo se dice que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. En todo caso, la aberración socialista, que proviene del colectivismo espartano (obsérvese que Atenas, la cuna de la democracia, se conserva como una gran ciudad, llena de monumentos y sitios bellísimos, mientras que en donde estuvo Esparta hoy no hay nada, sino una aldea de cinco o diez mil habitantes), pasó por la destrucción del imperio romano a manos de los primeros cristianos, y en este lado del océano existió parcialmente en el imperio incaico que no pudo resistir el asedio de unos pocos españoles.

    Hoy en día, además de arruinar pueblos como el venezolano y causar guerras como la de Ucrania, la aberración socialista impide en gran medida el progreso de la humanidad, en nombre de un hipotético porvenir mejor que nunca llegará, pero destruye un presente que no es perfecto, pero es mejor que cualquier resultado del socialismo.

    Eduardo Casanova | La aberración socialista 3
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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