miércoles, febrero 1, 2023
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    Soy clasista y a mucha honra: el nuevo materialismo histérico de Venezuela

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    Reporte desde el país donde unos pocos comen hamburguesas de oro, ante la mirada perdida de unos muchos que almuerzan, escarbando de la basura.

    Desde la colonia existen formas de clasismo en Venezuela. Una de las conquistas de los años de la democracia, fue intentar paliar las abiertas diferencias y brechas sociales del país, al robustecer a una clase media con apoyo institucional en becas(Fundayacucho), universidades y facilidades de crédito.

    De tal modo, surgió una clase media empoderada por el boom económico de los setenta, cuya autoestima se blindó con el nacimiento de una infraestructura cultural, digna de la envidia del continente, amén del ascenso del sistema de orquestas, de Museos como el Contemporáneo y el de los Niños, el Teresa Carreño, el Ateneo de Caracas y una vasta oferta de propuestas como el Festival de Teatro.

    Además se imprimían periódicos(El Nacional, El Universal y El Diario), revistas(Imagen y Encuadre) y libros, bautizados en las mejores tiendas del ramo de Sabana Grande, donde los ochenta fueron una fiesta de intercambio e integración, precisamente entre clases.

    Al existir más recursos y obras de envergadura como el Metro, era más fluida la movilidad social, el desarrollo por mérito propio y la conexión del rico con el pobre en conciertos, espacios públicos y restaurantes.

    No era perfecto el pasado, seguramente de allí viene un complejo de grandeza que fracturó el equilibrio mental de un venezolano que se siente la tapa del frasco, por el auge de la Venezuela saudita.

    Sin embargo, antes había chance de ascender y vincularse, desde el respeto y la igualdad ante la ley.

    Hoy dichas posibilidades de enlace y comunicación, con sus defectos y limitaciones, han sido borradas del mapa y sustituidas por una generación de relevo de arrogantes e indiferentes consumidores de espejismos de lujo, orgullosos de su presunto clasismo y privilegio, tal como el video viralizado de Emely Barile por Tik Tok, quien afirma no mezclarse y no salir con gente “pela bola”, porque la incomodan, la envidian y “son niches”.

    Lo peor: semejante retórica condescendiente consigue una cámara de eco en redes sociales, justificándose de manera racista y discriminatoria, apelando a un discurso de sifrino victimizado, mandibulero y despectivo, sin empatía por la precariedad o la falta de oportunidades, en una Venezuela que se las niega a los más jóvenes y vulnerables. Una mentalidad súper tóxica y narcisista de desprecio.

    Por ende, se trata de un fenómeno que merece un estudio y una reflexión, como mínimo.

    Primero, podemos atribuirlo a la catástrofe de los últimos 20 años, en el proyecto de destrucción de un tejido institucional que permitía un cierto acercamiento y comprensión de la otredad, del diferente, del distinto.

    Así, el chavismo que se prometió como remedio de la enfermedad, como una cura para las brechas entre los Amos del Valle y los desposeídos del barrio, aceleró las contradicciones y produjo el actual escenario de resquebrajamiento, de grieta, reforzando el resentimiento de los que no tienen y alimentando el nacimiento de una incultura boliburguesa, asociada al enchufe sin compás moral, profundamente desconectada de la realidad del país, ensimismada en sus torres y plataformas de influencers, suspendidas a 50 metros de altura.

    De ahí que no sea casual la apertura de lugares símbolo del exclusivismo, como Altum y la tienda Avanti en las Mercedes, justamente cuando la urbanización recibe un impacto urbano desproporcionado, a consecuencia de implantarle rascacielos y edificios enclaustrados como bóvedas, rodeados por guardaespaldas y camionetas, a la espera del deleite de unos pocos.

    Un exabrupto arquitectónico que deja en pañales la ahora tímida embarcación del Tolón, opacada por la sombra de unos complejos de concreto armado y diseño brutalista, que no se adaptan a las condiciones ambientales y a las disposiciones municipales, provocando un efecto atómico en el centro de la ciudad. Ya el daño está hecho y solo resta esperar que la situación no escale.

    Pero los expertos ya mencionan y miden el incremento de la temperatura, con mapas de calor que indican que será aún más infernal caminar por allí al mediodía, sin el cobijo de árboles y bajo la intemperie de unas calles que te van aislando en un laberinto de moles y malls, cual Polanquito del DF pero sin comunión con la urbe.

    Traigo a colación el ejemplo de Polanquito, porque es un equivalente en México, donde pude ver el crecimiento de un hiper lujo, hasta con tiendas de Louis Vitton, pero de las dimensiones de una urbanización con casas de máximo tres plantas. Así eran antes las tiendas de lujo de las Mercedes.

    Lo digo con todo el conocimiento del caso, porque la familia de mi mamá se estableció allí en una casa ubicada en plena avenida California, más abajo del Tolón y al lado de los perros de Joao.

    Mi mamá es hija de un doctor que atendía en el Centro Médico, Leopoldo Briceño, y de la famosa Josefita Gómez. Pertenecían a un clásica familia de la zona, que podía desplazarse a pie y visitar a los amigos de la urbanización. Mi mamá estudió derecho en la UCV, y su mejor amiga vivía en San Martín, frente a la maternidad Concepción Palacios.

    En casa heredamos la idea de ser abiertos y no discriminar a nadie, razón por la cual me formé en los salones de la Central con amigos de todas las clases sociales, con estudiantes de Catia, Los Chorros, la Urbina, el Hatillo, el Cafetal, Plaza Venezuela, el Junquito, el Paraíso, Caricuao, los Palos Grandes, el Country Club y pare usted de contar.

    Recibimos clases de profesores del Valle, de la Trinidad, de Vargas, de los Palos Grandes, de Puente Hierro, de Parque Central, de la Tahona y un largo etcétera. Una síntesis de Caracas y el país.

    Por tal motivo, no me encuentro, no me hallo, no me acostumbro, no me identifico con la impostura de influencers como Emely, que de manera insensible no solo restriegan sino que además plantean una insensatez antropológica, es decir, que está bueno encapsularse, emburbujarse, enclasarse y aislarse.

    De ser así, Venezuela nunca avanzará de su estadio de estancamiento y aturdimiento político, pues la polarización es gasolina para el régimen que desea perpetuarse.

    El madurismo ha legitimado una ansiedad clasista, por marcar diferencia con el perdedor de la historia, a través de la ostentación de los símbolos de consumo. Un método que funciona en países como China y Rusia, para minar las bases sociales y políticas de la sociedad, generando unas ollas de presión que solo se desahogan con descargas de un materialismo histérico, controlado y administrado por el sistema de aduanas, en beneficio de una élite, de una burocracia de partido único. Unas oligarquías que crecen de la noche a la mañana, privatizando lo público y negociando con los feudos del estado.

    Por tal motivo, las alcaldías podan árboles y convierten a las urbanización de Caracas, en sus haciendas, en la extensión deforme de una feria de comida al aire libre, tipo Outlet shop de las afueras de Miami, donde a cada hora emerge un nuevo hot spot, un local que no te puedes perder.

    Pero así como ocurrió con los bodegones y el hype de los conciertos, el estallido minero de los restaurantes, está por sufrir un colapso si no se trabaja en su hipertrófica saturación.

    No mencionaré casos para no perjudicar puestos de trabajo, pero observamos que en cuestión de semanas y días, los cafés que se llenaron en la inauguración, amanecen desiertos en diciembre.

    Persistirán los que de verdad valgan la pena, los que sobrevivan a la inflación y el lavado.

    En cualquier caso, proponemos una discusión alrededor del tema.

    Una solución puede ser retomar el valor democrático y horizontal del intercambio.

    Hacer que la cultura de la calle se desarrolle, como en las propuestas nocturnas y positivas de cada municipio. Promover los cimientos de un desarrollo orgánico y sustentable, que permita que haya movilidad e interacción social.

    Ser conscientes que no hacemos nada como país de cara al futuro, refugiándonos en experiencias VIP de influencers, que cuestan un ojo de la cara, mientras contamos siete millones de personas que salieron por la frontera, en busca de una vida mejor.

    De pronto tenemos que dejar de seguir y mutear a tanto recién llegado coco seco, al que se glorifica porque reseña cada media hora un nuevo sitio cool que recomienda en Caracas.

    Preguntarnos cómo hace para pagar por todo aquello, si es producto de un intercambio de gorrón, o simplemente se trata de una estafa, de una apariencia que promueve un medio para fingir que todo se arregló.

    Reivindicar iniciativas de empresas y fundaciones, socialmente responsables, de salida con los que padecen. Solidaridad que tiene raíces y que se manifiesta en momentos de adversidad y crisis. Apoyar a emprendedores que brindan empleo, que brindan servicio, que proponen alternativas a la bunkerización de una Venezuela sectaria, fragmentada.

    Los leemos en el foro de comentarios.

    Soy clasista y a mucha honra: el nuevo materialismo histérico de Venezuela 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

    5 COMENTARIOS

    1. El video de Emely trata de dar facts basados en una lógica que hace ruido por su incoherencia y profunda insensibilidad, no es más que un reflejo de lo que se está tratando legitimizar en una burbuja de distanciamiento y exclusividad. Sin embargo esto no hace nada más que quedarse allí, intacta y lejana, pero alarmante. Caracas necesita coherencia en su gente, en su urbanismo y en su solidaridad.

    2. Realmente interesante tu enfoque y me hace sentir identificado, definitivamente solo comprendido por generaciones que nacimos en esos 40 años, donde vivimos los contrastes de forma cotidiana. La movilidad social se estancó después de Chávez y ahora es solo alcanzable por los que se atreven a vestir de rojo y repetir discursos de ignorancia y odio

    3. Me ha gustado mucho como fue redactado este artículo.

      Respecto a lo que plantea el autor es real que hay dos dimensiones que se están evidenciando en Venezuela, por un lado una panorama en donde hay abundancia sin frenos, derroches y egos; y por el otro una sociedad fracturada dónde sobrevive el más fuerte, el más audaz.

      Pero esto es una clara evidencia de las grandes consecuencias de una mala gestión política, que cómo ha mencionado, en su origen buscaba ser el remedio de otro problema social.

      A nivel cultural la identidad del ciudadano se ha visto afectada, una muestra de ello es en lo mencionado por la influencer, personas que por situaciones han desarrollado cierto descontento o rechazo a quienes si tienen los medios o recursos económicos, y aunque no esté defendiendo lo que ha mencionado esta chica, es una realidad.

      Sin embargo la solución a esta problemática no sería el crear más brechas, sino al contrario crear canales de socialización pero como los mencionados en el artículo, el apoyar a emprendedores en aquellos en quienes aún apuestan por el país, así como la reestructuración del sistema educativo como medio de transformación en la sociedad, pero considero que el país caería nuevamente en lo que tanto rechazó hace algunos años, estar a la Merced de los intereses ajenos y alejándose en consecuencia de su identidad y sus propios propósitos como nación.

    4. Este contexto desde Caracas es bastante apegado a la realidad, pero si así está en la capital imaginense el desastre que vivimos en el interior del país la población más vulnerable sobre todo porque no hay forma de crear “canales de socialización” para que los emprendedores honestos puedan echar pa´lante, todo pasa por los filtros politiqueros desde la comunidad hasta las instituciones. El “colapso por su hipertrófica saturación” se viene y ojalá sea pronto especialmente por los excesos económicos de los nuevos y viejos ostentados que nunca han dejado de ser socios.

    5. Me gusto mucho, se ve que no solo sabe de que habla, lo plantea muy bien.: Queria hacer referencia a los youtuber e influencer; pero prefiero seguir apegada a mi clamor: tenemos que hablar, no podemos dejar que los enrrollados, resentidos y creidos; den y cultiven una imagen falsa de la venezolanidad; (que en estos momentos esta muy maltratada), pero que lograra salir a flote. NOTA: este tipo de gente (youtubers e influencer ) estan haciendo mucho daño y no solo en lo que a Venezuela se refiere; esta es una plaga mundial, no se si es que tengo tiempo o que ya estoy mayorcita, pero yo no les permito que destrocen nada; como lo dije antes: no podemos callarnos y dejarles los social medias a ellos.

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