miércoles, enero 26, 2022
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    10 reflexiones por la llegada de Starbucks a Venezuela

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    La noticia corrió el fin de semana como la espuma, un café Starbucks inauguró en la avenida principal de las Mercedes, centro neurálgico y financiero de la capital, burbuja de la discutida reactivación y normalización económica de Venezuela.

    El tema prendió en las redes, siendo tendencia de Twitter y Tik Tok, con cantidad de videos de influencers anunciando la apertura, con explicaciones del verdadero origen de la franquicia en el país.

    Animado por el tema, quiero compartir con ustedes unas 10 reflexiones y reacciones honestas.

    1. La llegada de Starbucks, o lo que sea que es, no supone un cambio real en la economía, la política y la cultura de la nación, afectada por la crisis, la pandemia y las problemáticas derivadas de la dictadura. El socialismo tóxico sigue ahí, como el dinosaurio, controlándolo todo como un estado despótico y centralizador, al estilo de China.
    2. La actual mayamización de Caracas expresa una estrategia de apaciguamiento ciudadano, mediante el consumo de espejismos internacionales en una patria bloqueada y condenada por las sanciones. El juicio contra Maduro en la Haya, por casos de violación a los derechos humanos, continúa abierto.
    3. Como no todo es en blanco y negro, la experiencia de cada quien es única y no debe esperar por la autorización de nadie, sea de la diáspora o de la crítica interna. Es decir, usted todavía es autónomo y libre de elegir, dentro de lo que cabe, si desea probar un late de Starbucks, pagándolo a precio internacional por el equivalente de tres cafés criollos. Para ello existe el mercado y las fuerzas que lo organizan en teoría.
    4. Nestle no reconoce la tienda en Caracas. Starbucks niega tener programa “We Proudly Serve” en el local de las Mercedes. Lamentablemente ha violado derechos de autor, como otras franquicias truchas que roban y plagian la imagen de cadenas internacionales, a la usanza de “Five Guys”.
    5. Las fotos de las colas de Starbucks en las Mercedes, evocan las de las aperturas de McDonalds y Wendys. Incluso, traen de regreso el fantasma de los países comunistas cuando la perestroika, al colmar las calles de Moscú con filas de compradores de Big Mac y papas fritas. Dicen que así comienza la caída de los muros y las cortinas de hierro del partido único. Sin embargo, la fórmula de la historia no es una matemática cierta como preparar una doble hamburguesa con queso. De modo que países izquierdistas como los nuestros, se las arreglaron para funcionar en la contradicción de construir la narrativa de un hombre nuevo que tranquilamente almuerza arepas con un café de Starbucks en la misma mesa. El sistema rojo se alimenta, de hecho, de semejantes paradojas, proyectándolas como símbolos de “apertura democrática”.
    6. El que se enoje y no sepa manejar su inteligencia emocional, pues asunto suyo. Desahóguese respetando al prójimo, pónganse en el contexto del otro, considere al chico que jamás probó Starbucks y desea degustarlo, o a la tía que adora su café importado e invierte en adquirirlo, para rememorar su último viaje a Estados Unidos. Ahora sin Visa, la fantasía es procurar la Venezuela saudita en las zonas rosas de los principales municipios recaudadores de impuestos.
    7. Por su parte, las críticas le llueven a Starbucks, desde hace años. Primero, la acusaron de explotar mano de obra subpagada y de comerciar con el café que cosechan repúblicas africanas, en una suerte de distribución de trabajo neocolonial. Después, en los países de acogida, la franquicia sufre acusaciones por competencia desleal, gentrificación agresiva de los espacios urbanos, salarios bajos y un diseño hípster que uniforma al consumidor en una experiencia cafetera de contenido ligero. Todo súper de una era del vacío, la cultura híbrida, y el monopolio publicitario de unas semillas naturales, a cargo de un emporio con bastante poder de influencia y veto. Claro riesgo para las economías locales en el ámbito global. Por eso Colombia brinda pelea con su Juan Valdez.  
    8. En Mayo desayuné en Starbucks de México con el músico Harry Febres. El sitio quedaba en Polanco, equivalente de los Palos Grandes en DF, y no había nadie, solo nosotros y dos medialunas desabridas que tampoco iluminaban dos tarros de un café despojado de maldad, inofensivo y turístico. Al mexicano ya le vale madre el pinche Starbucks.
    9. La estética del local de las Mercedes representa el empaquetamiento y la nada formal que acompañan dichas propuestas de adaptación de franquicias, al canon de los bodegones criollos, donde la sumatoria y acumulación de productos importados, en anaqueles indiferenciados, intenta ocultar la falta de creatividad e identidad, rindiéndose a una pura recolección de clichés ajenos, como manera de legitimación de capitales. Al margen del origen de los dineros, porque todo es opaco en Venezuela, la orgía vigente, la promiscuidad contemporánea de llenar containers en Cosco, para revenderlos en Caracas, tiene la gracia de un bachaquero con pretensiones de mundo, que no haya qué hacer con su dinero represado o sencillamente se entrega a una actividad de larga data en el país, como la economía de puertos, saltándose los trámites de la Compañía Guipuzcoana, dado que la hacienda se arregla por los caminos verdes, a punta de coimas y mordidas. Ahí usted verá desde Guardias nacionales que acumularon fortuna, de la noche a la mañana, y que hoy son dueños y jefes de su propio negocio. El asunto es que se trata de una ficción que no se sostiene en el tiempo, y que edifica las ruinas del futuro, por la dificultad de conservar el espejismo de una oferta gigantesca que no cuenta con una demanda estable y orgánica. Apenas la de las remesas y el once por ciento de la población. Al resto le queda mirar, cobrar su pensión y su salario de hambre, a cuatro dólares por mes. El precio de un combo mínimo en Starbucks.    
    10. Estudiando a los analistas de la arquitectura, finalizo compartiendo algunos conceptos de crítica que circulan para ponerle nombre a cajitas como las de Starbucks. En el argot se les llama “junk spaces”(espacios basura), no lugares como de duty free de aeropuerto y sobremodernidad descafeinada, zerópolis y acuarios de reino artificial, construcciones distópicas que vigilan y excluyen bajo una fachada cool. No es casual que su expansión caraqueña coincida con la cancelación o suspensión momentánea de los lugares de la seducción y la resistencia auténtica, de la emancipación y el desarrollo de la disidencia, como la calle, los museos, las librerías y las salas alternativas, cuyas ventanas secundaron a los movimientos de protesta de los años 2014 y 2017. Caso de la propia Lugar Común en Altamira o del reducto alternativo de Discovery, para bandas y grupos de la subcultura. Hoy la frontera es el mainstream, alcanzar cifras de influencer, ser famoso bailando en Tik Tok o contando chistes de venecos. De a poco, nos volvimos más cínicos y menos desafiantes para el poder. Hay gente que renunció, que se acopló y que decidió adaptarse, para no morir, al precio de la domesticación y la colaboración de no decir las cosas como son. Hay mucho miedo en Caracas, miedo a pensar distinto, miedo a discrepar, a romper con el relato buenista de la autoayuda. Estamos entrampados en dogmas, visiones polarizadas y cerradas de la vida en Venezuela, donde no se admiten puntos de fuga o debates serios. O todo es un bluff, o todo es una maravilla. En el medio, surge un Starbucks en Caracas que nos interpela y nos impone una conversación de altura. Por aquí les proponemos diez ideas para hablar como adultos, de cara al incierto 2022.  

    En la mitología, las sirenas sirven de guía para llevar a los mortales al más allá. En Venezuela, sin duda, la sirena de Starbucks conduce el rebaño zombie de lo que somos: muertos en vida, quizás, aferrándonos al último sorbo de café para sentir que existimos en el mundo real.

    Por Sergio Monsalve. Director Editorial de Observador Latino.

    3 COMENTARIOS

    1. Yo no sé para qué tanta habladera de paja para decir que el fulano café lo abrieron en la zona exclusiva de Caracas dónde no beben Guayoyo los pendejos de Petare, si ellos le salió abrir en ese sitio esa franquicia es porque saben que tienen un mercado en ese sitio porque no creo que sean locos para abrir un negocio que no les sea lucrativo, tan cobardes que son los dólares y los ricos también y porque si alguien tiene los bolívares y los dólares de este país es en ese sitio no tardan en abrir otro exclusivo café en lecherías o en plaza mayor quizás, así mismo está makro después que junto a alimentos polar le hicieron la vida cuadritos a los venezolanos están reinaugurado sus tiendas a todo trapo como si nada hubiera pasado, ojalá y les vaya muy bien como siempre les a ido en nuestro país que es muy rico aunque no les guste a algunos

    2. Amigo no sólo café, paseate por esa zona de Las Mercedes de noche y la amplia realidad para una clase social donde varian los lugares entre gustos y colores. Es otra Venezuela pues. Y quien guste ir tiene la libertad de hacerlo. La otra realidad paralela continuan siendo los apagones, la deficiencia de los servicios públicos ( gas, agua, entre otros) y ni hablar del poder adquisitivo de muchos.

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