viernes, febrero 3, 2023
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    Abren otro restaurante, montado en una grúa, al que tampoco iré

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    Reza la leyenda que se abren 50 restaurantes por mes en Caracas, de los cuales sobrevivirán unos pocos, pasado el año. No dudo que existen profesionales en el medio de la restauración venezolana, que se encuentran detrás del renacimiento del negocio en el país.

    Pero por igual existen sospechas y dudas, en muchos casos, sobre de dónde salen los fondos, quién pone el dinero, cuáles son las razones reales que motivan el boom, como no sean las del lavado o la simple explotación de un nicho de moda, como tantos otros en la historia reciente del país, siendo el de los bodegones el último de la fila que se pinchó, seguido por el arco minero de los conciertos.

    Veo los videos de Norkys Batista, extasiada en su parque de atracciones gastronómico suspendido por una guaya, y no puedo más que sentir una mezcla de vértigo, cringe y rechazo ante uno de los múltiples inventos que surgen en el patio criollo, para embaucar a los comensales, a costa de la manipulación de los influencers y la presión social loca por consumir cualquier novedad de dudoso origen, solo para sentir que se pertenece, que no se queda afuera.

    ¿Qué hace allí una bandera de Venezuela, es un logro, una usurpación de símbolos, un clásico refuerzo del populismo nacionalista?

    Es un concepto trucho de dinner in the sky, que se copia por esnobismo en un país que requiere de urgencias en rubros como salud, alimentación y cultura.

    Claro que el FOMO, el miedo a perderse de lo que acontece, ejerce su atracción psicológica en los castigados bolsillos del ciudadano, un demandante subpagado que ya no tiene suficientes recursos para costear la ida al cine, los tres toques de la semana, y próximamente, el deporte extremo que Norkys confunde con propuesta culinaria, desde las alturas.

    No señor, hay que seguir explicando y resistiendo críticamente, adoptando las herramientas del genuino cuestionamiento, de la auténtica disidencia, que se echa en falta y que se relega en los medios, porque impera el conflicto de interés, el terror a ser excomulgado de la rosca de invitaciones, por ejercer el oficio y decir las cosas como son.

    Es decir, si usted sabe un poco y ha tenido tiempo de investigar fuera y dentro de Venezuela, pues debe conocer y advertir que abrir un restaurante en una plataforma, no solo es problemático en Venezuela, sino que no nos iguala con las grandes capitales gastronómicas del mundo: París, Tokio, Nueva York, Lima, Roma y Londres, por citar algunos ejemplos.

    ¿En serio ustedes ven a un sibarita consumado, degustando platos sobre una silla de podcaster, de youtuber o de twitcher, colgado en un andamio, sin poder ir al baño? ¿Hay que encaramarse con pañales?

    ¿Y si se tranca el sistema, porque estamos en Venezuela y ajá? ¿Cuánto costará la gracia en la factura, la aventurilla improvisada por nuestras mentes más ociosas que se creen emprendedores?

    De nuevo, es un irrespeto a la razón, a la historia de quienes de verdad cultivan el género en Venezuela, con amor, con pasión y conciencia de no hacer el ridículo.

    Hay muchísimos restaurantes buenos en Caracas: el Domo del Sapori, Aprile, el Mesón de Andrés, Urrutia, el Tizón, Moreno, Chez Wong, Ávila Tei, entre otros.

    De la generación de relevo, destacan positivamente los proyectos de Modo, los recomendados restaurantes del Hatillo de Carlos “Pipo” Marrero(Sempe Dritto y Rue de Lys) y la cervecería artesanal de Claudia Requena(La Esquina), así como la llegada de superficies sofisticadas y curadas, como es el caso de Fresh Fish y el nuevo The Rocks.

    De modo que hay ejemplos de sobra, para saber distinguir el grano de la paja, el arte que se desarrolla con criterio frente a la amenaza de los que saturan el mercado con pompas de jabón, con fuegos de artificio, con excentricidades innecesarias, que rozan el rizo del invento banal y el despropósito.

    Me lo pinten como quieran, no iré a perder mi dinero en la suspensión aquella que parece un “Ryde” mayamero de un centro comercial, de un Zombieland en decadencia.

    Prefiero gastar en Lai King de los Palos Grandes, una grata cena china. O en invertir en la Paella en vivo de mi amigo Daniel Pérez Febres, que lleva años poniéndole el pecho a su proyecto. O celebrar el diciembre con mi familia en el Mesón de Andrés, donde solemos reunirnos en la víspera del espíritu de la navidad.

    Al final, usted es libre de escoger. Cumplo con mi trabajo de crítico, de señalar que el medio se está llenando de un efectismo posmoderno, de unos trucos onerosos y absurdos, diseñados al servicio de una clientela fácil de engatusar, sin mayor criterio.

    Una oferta para bolichicos ignorantes, quienes piensan que el prestigio se compra a los realazos con facturas de 500 dólares por cubierto en un restaurante prescindible, que encubre sus fallas de origen con un desfile de emociones, enchufes y posverdades circenses.

    Espero que la crítica gastronómica, renazca de sus cenizas, y que nos indique el camino correcto, para no perderse en el Darién culinario que nos lleva al abismo.

    Talento hay, esfuerzos en generación contenidos, algunos comunicadores que de vez en cuando reprueban el cliché, a riesgo de desentonar.

    Cuestión de honrar la tradición y la memoria crítica de un país que es también sus fogones, sus maestros de la talla de Scannone, Lovera, Popic y Soria.

    Abren otro restaurante, montado en una grúa, al que tampoco iré 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

    1 COMENTARIO

    1. No sea envidioso. Si eres venezolano, deja la envidia de ir Venezuela surja. Hay que pensar en elecciones no en invasiones. Los venezolanos saldremos adelante. Ten cuidado que la envidia que crea cáncer en los riñones. Vive en paz si te da miedo eso pues no vayas. Tu de monigote hablando de dinero lavado. Busca la paz que tu no sabes nada de lo que está gente emprende. Eres un mediocre con todo esto que publicas. No te da pena? Sr. Sergio. A menos que seas extranjero comportandote cómo un bribón. Si no sabes nada, no hables porque además de dar pena, viviras con amargura todo los días.

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