martes, noviembre 30, 2021
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    Eduardo Casanova | Caracas; dividir para gobernar

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    El jueves 18 de marzo, publiqué en Facebook un texto llamado “El oficio de escritor” en el que me refería a mi carrera literaria y citaba casi todos los libros que he publicado desde 1972, y un amable lector (Pedro González Marín) me hizo el siguiente comentario: “Noto que está ausente la referencia a Caracas: Dividir para gobernar, G&T editores, 1978. Esa propuesta tiene hoy mucha más necesidad y urgencia que ayer, por los cientos de galimatías administrativos de los que ha sido víctima Caracas, ‘hecho en socialismo’, y salvo un quijotesco ex concejal nadie más habla hoy de esa imperiosa decisión administrativa anticipada con lucidez por usted”.

    Le agradecí mucho la acotación y le respondí que quizás algún psicoanalista podría explicar ese olvido, que no fue el único, pues dejé de mencionar por completo mis trabajos en el género ensayístico, y eso debe tener alguna razón escondida en mi mente. Ese libro, “Caracas: dividir para gobernar” (Garbizu & Todtmann Editores, 1978) lo escribí en Copenhague, cuando fui embajador en Dinamarca (1975-1978), luego de haber sido Director Civil y Político de la Gobernación del Distrito Federal durante la exitosa gestión de Diego Arria.

    Se publicó a mi regreso a Caracas, gracias a la amabilidad de buenos amigos que fueron mis compañeros de trabajo en la GDF, como Alberto Trujillo Sanoja y Antonio Moreno Castillo. En él digo que si bien la gestión de Diego fue muy buena, y en mi campo se consiguieron grandes logros, la verdad es que podría haberse conseguido muchísimo más si no existieran errores muy graves en la sola existencia del DF, que se mantenía más o menos igual a lo que fue en su creación, que fue durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1881), aunque previamente, mediante decreto del 9 de marzo de 1864, del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, se estableció la organización de un Distrito Federal en los siguientes términos: “Artículo 2.- Constituyen el Distrito Federal, cuya capital es Caracas, los antiguos cantones de Caracas, La Guaira y Maiquetía, que formarán Departamentos bajo las denominaciones de ‘El Libertador’, ‘Vargas’ y ‘Aguado’, siendo sus cabeceras respectivamente Caracas, La Guaira y Maiquetía. Sus límites, los que señala la ley de 28 de abril de 1856, sobre división territorial”.

    Es decir, el DF de 1975 era prácticamente el mismo del siglo XIX, de un país rural con muy poca población y unos ingresos fiscales mínimos. En mi paso por la entidad pude ver los negativo que era para la capital esa realidad, ese atraso. Entre otras cosas, el hecho de que el Gobernador fuera designado a dedo por el Presidente de la República lo alejaba notablemente de la población, que quedaba sometida al capricho de un solo hombre, con demasiado poder y todo lo que eso significaba. Y el Concejo Municipal del DF venía a complicar todavía más las cosas, pues se parecía a una Asamblea Legislativa estadal pero en realidad no lo era, y hasta competía con la Gobernación. Mientras lo escribía, veía la realidad de Copenhague, que está dividida en más de veinte municipios, cada uno con su concejo y su administración.

    Unos funcionan mejor que otros, pero todos funcionan bien y la población es feliz. Y eso fue lo que propuse: utilizar la división de Caracas a partir de sus parroquias y en cada una establecer una entidad administrativa con su correspondiente concejo y su ejecutivo local. De allí el título de “dividir para gobernar”. Un equipo de la Universidad Católica Andrés Bello resumió así mi propuesta: “Se plantea la urgencia de buscar una solución a la sobrepoblación de Caracas, porque la misma enferma a toda Venezuela. Hace un llamado a la atención de las ciudades del interior del país, que podría contribuir activamente al problema de la capital. Aclara que el Distrito Federal goza de una serie de aparentes privilegios, que se compensan con notarias desventajas, debido a su situación del capital de Venezuela. Entre las soluciones para este problema se encuentra la utilización de los ingresos de la Municipalidad, aumentando algunos impuestos y todas las tarifas por bienes y servicios, multiplicando el rendimiento económico de sus estructuras. Así mismo debe racionalizarse la estructura del Distrito Federal, eliminar varias de la direcciones, la burocracia y mejorar todos los sistemas, para simplificarlos y evitar todo lo que encarece los procesos.

    Finalmente debe delegarse el poder en las unidades básicas y primarias, que serían las jefaturas civiles. Reducir el Distrito Federal a sus nueve parroquias centrales, sería la solución ideal”. No es un mal resumen, pero como todo resumen, es incompleto y pone el énfasis en el tema secundario de los costos. Por ejemplo, no hace referencia a que la institución “jefatura civil” refleja una realidad decimonónica, muy poco democrática y nada apropiada para lo que yo proponía. Y podría seguir señalando otros elementos, pero no vale la pena. También la Universidad de Texas analizó el libro, pero su resumen no es mucho mejor que el de la Católica. El libro, en su momento, no pareció tener ninguna consecuencia. Dio la impresión de que a nadie le interesaba. Y una campaña publicitaria muy equivocada pareció centrar la atención del público en aspectos más bien adjetivos. Las reformas que se hicieron después, sobre todo en tiempos del chavismo, no aportan nada con respecto a Caracas.

    El actual Municipio Libertador se mantiene como único integrante del Distrito Capital, el Gobernador se sustituyó por un Alcalde Mayor electo por la población de Caracas. Existe la figura del Distrito Metropolitano, con su Alcalde Mayor, para la coordinación de las cinco Alcaldías que consta el área metropolitana de Caracas (Libertador, Chacao, Baruta, El Hatillo y Sucre), la de Libertador correspondiente al Distrito Capital y las otras correspondientes al Estado Miranda. El Distrito Capital no tiene Gobernador sino que tiene un jefe de Gobierno designado por el Presidente de la República y está formado en su totalidad por un solo municipio: el Municipio Libertador de Caracas. Es decir, el propio arroz con mango, en el que se mantienen los defectos del viejo Distrito Federal, agravados con el desorden de las reformas.

    En el terreno específico de la cultura, la incomprensión por parte de quienes hicieron las reformas, especialmente antes del chavismo, prácticamente anuló todo lo que yo había logrado con la creación de Fundarte, que se convirtió en una ineficiente dirección de cultura del Municipio Libertador, cuando debería abarcar toda la ciudad de Caracas, incluyendo las zonas caraqueñas ubicadas en el Estado Miranda.  Quizás la explicación sobre mi olvido se pueda apoyar en que nunca pensé que alguien hubiera entendido de verdad lo que dije en el libro. Pero el hecho de que un lector, Pedro González Marín, lo recuerde y me haya dicho lo que me dijo, me da alguna esperanza acerca del porvenir de Caracas. Quién quita que cuando por fin salgamos de la brutal pandemia del chavismo, la capital de Venezuela se pueda convertir hasta en una ciudad amable y bien administrada. No es imposible y sería hasta justo.

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    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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