Eduardo Casanova | El Referéndum Revocatorio 2021

Eduardo Casanova Sucre

El referéndum revocatorio es una de las tantas ideas buenas, pero inútiles, que el buenismo logró colar en la Constitución del 99 y el chavismo toleró, de mala gana y sin intenciones de cumplirlo

Quedó instituido, a pesar de la pésima redacción, en los siguientes términos: “Artículo 72: Todos los cargos y magistraturas de elección popular son revocables. Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria, un número no menor del veinte por ciento de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referéndum para revocar su mandato. (…) Cuando igual o mayor número de electores y electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al referéndum un número de electores y electoras igual o superior al veinticinco por ciento de los electores y electoras inscritos, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y la ley. (…) La revocación del mandato para los cuerpos colegiados se realizará de acuerdo con lo que establezca la ley. (…) Durante el período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria no podrá hacerse más de una solicitud de revocación de su mandato”.

Es evidente que los buenistas creyeron solucionar uno de los problemas más graves que enfrenta el sistema presidencial con sus períodos, sus plazos fijos, pues cuando la mayoría se equivoca y elige a un mal gobernante, el país tiene que calarse varios años de mal gobierno. En los regímenes parlamentarios, cuando hay un error colectivo y se pone al frente del ejecutivo a alguien que no da la talla, basta con negarle un voto de confianza o con aprobar un voto de censura para enmendar el error, pero en los sistemas presidencialistas no es así, hay que apelar a complicados juicios que envuelven hasta la Corte Suprema, hay que traumatizar la sociedad hasta un extremo insano, y a veces la tentación de un golpe de estado lleva a situaciones realmente indeseables. Esta idea del referéndum revocatorio, que es algo así como una solución intermedia entre la falta de solución del sistema presidencialista y la solución relativamente fácil del sistema parlamentario, no es perfecta, pero es aceptable.

No es perfecta por varias razones: en primer lugar el método es complicado, y hasta alambicado, requiere gastos considerables y esfuerzos casi titánicos, en el caso del presidente de la república implica que haya pasado la mitad del período y requiere que por lo menos el veinte por ciento de los electores, que es una cantidad considerable, solicite formalmente la revocatoria, luego exige que voten por revocarlo más personas que las que lo eligieron, y lo peor es que, de acuerdo al artículo 233 de la Constitución, cuando el presidente sea revocado no hay una nueva elección sino que lo sustituye su vicepresidente ejecutivo, es decir, alguien de su mismo grupo que puede ser hasta peor que el revocado, alguien que casi seguramente será tan negativo como el revocado, y que para colmo es irrevocable, puesto que “Durante el período para el cual fue elegido el funcionario o funcionaria no podrá hacerse más de una solicitud de revocación de su mandato”. Pero algo es algo. O peor es nada. Por lo menos el nuevo presidente le tendrá miedo a la violencia o a un golpe de estado y tratará de no hacerlo tan mal como el revocado. Todo en teoría, claro, porque los buenistas no tuvieron en cuenta la mala fe de los socialistas (y por definición, todo socialista es tramposo y actúa de mala fe).

En la práctica, lo dicho por la Constitución en materia revocatoria (igual que en cualquier otra materia) resultó letra muerta: los chavistas nunca lo aceptaron: las dos veces que se intentó lo anularon a punta de trampas y de violencia. Y ahora, en mayo de 2021, un grupo de personas, entre las que están el exgobernador copeyano del Táchira César Pérez Vivas y el exchavista de uña en el rabo Nicmar Evans, se dirigieron al nuevo Consejo Electoral para solicitar que se haga un nuevo Referéndum Revocatorio contra Nicolás Maduro, debido a que ya se habría cumplido el primer supuesto, pues ya Maduro habría superado la mitad de su “período”. “Este 24 de mayo se cumplen tres años de la juramentación de Maduro como presidente ante la asamblea nacional constituyente, lo que alteró el artículo 231 de la Constitución, que fija el 10 de enero como la fecha del inicio del período presidencial”, declaró Pérez Vivas como explicación de la iniciativa. No dice que se cumplió la mitad del período, sino que se cumplen tres años desde que se juramentó, sin darle a la juramentación carácter de valida o no.

Supongo que esa solicitud está relacionada con el hecho de que en el nuevo CNE, designado por la asamblea chavista, espuria e ilegal, hay dos representantes de la oposición: Enrique Márquez y Roberto Picón, en quienes casi nadie confía. Para algunos existe la esperanza de que si los chavistas imponen su mayoría y hacen nuevas trampas para impedir la revocatoria, Márquez y Picón los denunciarán ante la comunidad internacional y la comunidad internacional hará algo contra las trampas chavistas. Hasta ahí todo podría ser, si no razonable, por lo menos aceptable. Podría ser la fuente de alguna esperanza. Pero no debería rechazarse en los términos en los que José Amalio Graterol, abogado, dio a conocer su opinión por medio de dos “tweets”. El primero dice así: “¿Referéndum revocatorio? Entonces lo de ‘usurpador’ era una joda. ¿Era para ponerle un sobrenombre, al criminal que tiene secuestrado el poder?”, y el segundo: “Según la constitución que ya no existe, el referéndum revocatorio, es para cargos de elección popular, si se supone que el criminal que usurpa el poder no fue electo, quienes pidan el referéndum y quienes apoyen esa idea, de plano están reconociendo al usurpador como legítimo”. Son razonamientos que no dejan de tener un tinte leguleyo, pues, nos guste o no, Nicolás Maduro está en Miraflores y despacha desde la oficina del Presidente de la república, apoyado en las fuerzas armadas y en otras instituciones que no deberían respaldarlo, pero lo hacen. Pedir que se haga un referéndum revocatorio no es otra cosa que pedir un referéndum revocatorio, no es “reconocerlo” ni nada por el estilo, sino pedir que se aplique un mecanismo constitucional para echarlo de donde está. Es decir, aceptar que hay un carnaval permanente en donde nada es lo que parece y actuar en consecuencia.

Desde luego, es casi seguro que los chavistas vuelvan a sabotear con todo tipo de trampas este nuevo intento de buscar una salida, pero si lo hacen estarán afilando cuchillos para sus gargantas, pues entregarán a la opinión internacional nuevas armas para buscar una salida verdadera. En el peor de los casos, desde el punto de vista jurídico, el intento de realizar un nuevo referéndum, revocatorio no debe ser rechazado con rabia ni insultando a quienes lo piden, pues se explica como un trabajo para acumular nuevos indicios contra el régimen chavista, y cualquier estudiante de derecho sabe muy bien que un cúmulo de indicios constituye prueba plena.

Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones: los chavistas son socialistas, los socialistas son deshonestos y tramposos, y nada indica que vayan a cambiar. La cruda verdad es que hay pocos caminos para que haya una salida no violenta, pero rechazar sin razonar uno de ellos no parece lo más sabio. Lo que hay que pensar es que tanto va el cántaro al agua…

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