martes, agosto 3, 2021
More
    InicioOpiniónEduardo Casanova | Elección universal, directa y secreta

    Eduardo Casanova | Elección universal, directa y secreta

    -

    Siempre se ha dicho que la elección presidencial (y de otros niveles) universal, directa y secreta en Venezuela se logró solo en la década de 1940 y gracias al golpe de estado que tumbó a Isaías Medina Angarita, uno de los mejores presidentes que ha tenido Venezuela, pero que se negó a dejar atrás algunos vicios del gomecismo, especialmente el relativo a que el Presidente tenía que ser un militar tachirense, y también se negó a dejar atrás la elección de segundo y tercer grado, es decir que solo se eligiera a los concejales, que a su vez designaban a los congresantes, que escogían al presidente de la república.

    En rigor es cierto, pero también es una verdad a medias. En la Constitución de 1858 se estableció la elección universal, directa y secreta de todos los cargos electivos, incluido el presidente de la república. En su artículo 81, la Constitución decía: El Presidente y el Vicepresidente serán elegidos por votación directa y secreta de los venezolanos que estén en el goce de la ciudadanía, y en su artículo 11 establecía que eran ciudadanos y por tanto tenían derecho a elegir, todos los mayores de 20 años que no tuvieran penas privativas de los derechos ciudadanos y los que estuvieran casados o hubieran estado casados, aun si no tuvieran 20 años. Además, lo de la elección universal, directa y secreta se aplicaba también a los diputados (arts. 58 y 124) y a los gobernadores de provincia (art. 137).

    Además, En ella se estableció también la libertad de culto, la amplitud de la nacionalidad para todos aquellos nacidos de padres venezolanos fuera del país, la descentralización con la división entre poder nacional y municipal, la libertad de pensamiento, etcétera. Y esa Constitución rigió en la elección presidencial de 1860, en la que resultó ganador Manuel Felipe Tovar (hermano de mi tatarabuelo Fermín Tovar), candidato del partido conservador. Pero, de nuevo, se trata de una verdad a medias, y hasta de una mentira histórica. En primer lugar, la Constitución de 1858 no fue aceptada por todo el país, sino por los conservadores. Los liberales la rechazaron de plano poco después de su aprobación, cuando el país entró en la Guerra Federal o Guerra Larga (1859-1863).

    Los liberales, simplemente, no participaron en absoluto en las elecciones de 1860, que se convirtieron en monopartidistas, pues solo participaron en ella, como electores y como candidatos, los conservadores. Desde luego, las elecciones se hicieron en forma muy precaria, y en un país en el que, de acuerdo a la Constitución vigente, debería haber votado no menos de medio millón de personas, solo lo hicieron poco más de 45.000. El resultado oficial, de acuerdo con los escrutinios aprobados por el Congreso en abril de 1860, fue el siguiente: Manuel Felipe Tovar: 35.010 votos (87,3%), Pedro Gual 4389 votos (10,9%), y José Antonio Páez 746 votos (1,9%). Un resultado que, obviamente, no era nada serio ni podría ser aceptado por el país entero. Tovar asumió la Presidencia con la mejor intención, pero se dio de nuevo la paradoja de que los principales enemigos del gobernante fueron los que debían ser sus partidarios.

    Páez, quizás humillado por la derrota aplastante que había sufrido, a través de su testaferro Pedro José Rojas, se convirtió en el más encarnizado enemigo de Tovar, mientras la guerra civil invadía como una terrible enfermedad todo el país. Los militares, por su parte, conspiraban abiertamente contra el poder civil y hablaban de una “dictadura ilustrada”. Tovar, que hacía un esfuerzo sobrehumano por justificar su “vitoria” aplastante y por mantenerse apegado a las leyes y buscar el oxígeno civilizador, nombró a Páez comandante del ejército, cargo que ocupó hasta que renuncia el 19 de mayo del 61. Al día siguiente de la renuncia de Páez, el presidente Tovar decidió a su vez renunciar para que su nombre no sirviera “de pretexto a la prolongación de la guerra” y se fue definitivamente del país. Moriría en París a los sesenta y tres años, pues nació en Caracas el 1º de enero de 1803 y murió el 21 de febrero de 1866.

    En otro ambiente habría sido un excelente gobernante, civilizado y civilizador, pero en aquella selva que le tocó vivir, difícilmente podría haber pasado de domador de hipopótamos, látigo en mano, y nunca quiso asumir ese papel. Obviamente, lo de la elección universal, directa y secreta del presidente de la república resultó una lamentable farsa. Muy distinto fue lo que ocurrió casi 90 años después, cuando se enfrentaron tres candidatos de distinta tendencia ideológica: Rómulo Gallegos, de Acción Democrática (socialdemócrata), Rafael Caldera, de Copei (socialcristiano) y Gustavo Machado, del Partido Comunista Venezolano. La Constitución establecía claramente la votación universal, directa y secreta, y a pesar de que el país estaba bastante revuelto, participaron en ella 1.172.543 votantes de 2.320.074 registrados, o sea, más del 50%. 

    Ese domingo 14 de diciembre de 1947, el resultado fue el siguiente: Rómulo Gallegos 871.752 votos (74,47%), Rafael Caldera 262.204 votos (22,4%), y Gustavo Machado 36.514 votos (3,11%). También Gallegos, tal como Tovar, asumió la presidencia de la república con la mejor de las intenciones, y, tal como Tovar, debió renunciar al poco tiempo, pero no por una guerra civil, sino por un golpe militar que llevó a una dictadura que, aunque produjo un evidente progreso material, significó persecuciones, torturas, asesinatos y robos, y que a los diez años terminó abruptamente con la vuelta de la democracia, una democracia que duró cuarenta años y en 1999, mediante elección universal, directa y secreta, dio paso a un régimen criminal que significó un retroceso del país en todo lo positivo.

    Y entre las cosas que se han perdido está la votación universal, directa y secreta: desde entonces las alecciones han sido fraudulentas, se le ha impedido votar, mediante la violencia, a un alto porcentaje de votantes, y los resultados se han alterado para favorecer a los que han estado en el poder desde entonces. Pero de lo que no puede caber la menor duda es que las elecciones de diciembre de 1947 fueron las primeras en las que se aplicó plenamente la elección universal, directa y secreta del presidente de la república, para bien o para mal.

    Eduardo Casanova | Elección universal, directa y secreta 3
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

    Deja un comentario

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

    ÚLTIMAS ENTRADAS