jueves, diciembre 2, 2021
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    Eduardo Casanova | Izquierda y derecha

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    ¡Qué daño le hicieron a la humanidad los que adoptaron la idea de izquierda y derecha como taxonomía política! Condenaron al mundo a una confusión dañina y a un engaño permanente que favorece a los peores y perjudica a los mejores. La idea de que la “izquierda” es progresista y la “derecha” retrógrada nació de un hecho fortuito: la simple ubicación geográfica de los delegados con distintas tendencias en la Asamblea Nacional francesa de agosto y septiembre de 1789, al inicio de la Revolución Francesa.

    Cuando empezó la discusión sobre el peso de la autoridad real frente al poder de la Asamblea Popular en la futura constitución, los diputados partidarios del veto real (casi todos pertenecientes a la aristocracia o al clero) se ubicaron a la derecha del presidente (lo que se debía a la costumbre de colocar allí los personajes más importantes, a los que se les daba una posición de honor), y los que, por el contrario, se oponían al veto, casi todos diputados del Tercer Estado, del Rey se ubicaron a la izquierda, además de proclamarse “patriotas”.

    Desde entonces empezó a difundirse la idea de que los revolucionarios pertenecían a la izquierda y los reaccionarios a la derecha. Desde entonces se dio por hecho que la “derecha” sostiene ciertos valores, como identidad nacional, orden, seguridad, autoridad, militarismo, tradición,  religión,  conservatismo, libertad económica, mientras que la “izquierda” tiene prácticamente el monopolio de otros valores como el progreso, la igualdad jurídica, la solidaridad, la insubordinación, el secularismo, la autodeterminación y la justicia social. Así, la “montaña” (los representantes del pueblo o “tribunes du peuple”) se consideraban la izquierda, mientras que “llanura” (los defensores de la restauración monárquica de los viejos valores, etcétera), eran la “derecha”.

    Durante el siglo XIX esa dictoromía se fue adoptando en toda Europa y finalmente se hizo común en el mundo entero. En Inglaterra se adoptó la dicotomía casi de inmediato, y los conservadores o “tories” se consideraron de derecha mientras que los liberales o “whigs” representaron la izquierda. Pero ese esquema se vio comprometido con el crecimiento y éxito de los laboristas, que obligó a que los liberales también se consideraran de derecha.

    Y en los Estados Unidos la situación es mucho más complicada, puesto que se tiene por derecha a los republicanos y por izquierda a los demócratas, algo que no resiste el más mínimo análisis, no solamente por el elemento geográfico, pues los demócratas del sur son bastante menos avanzados o derechistas que los republicanos del norte, sino porque en la guerra civil, cuyos temas fueron fundamentalmente el federalismo y la esclavitud, los roles se confundieron notablemente, y por otro lado, sería un disparate clasificar a Abraham Lincoln como derechista o izquierdista, además de que las bases doctrinarias de los dos grandes partidos han cambiado notablemente con el tiempo: en el curso del siglo XX, el partido demócrata se transformó en defensor de las minorías, mientras que el partido republicano se acercaba al electorado tradicional y rural, de mayoría protestante.

    Asimismo, hoy día los republicanos defienden la soberanía de los estados federados, mientras que, doscientos años atrás, era al revés. Entre nosotros, al iniciarse el proceso de independencia se decidió que los independentistas eran la izquierda y los realistas la derecha, sin tomar en cuenta, por ejemplo, que Boves y sus llaneros defendían valores típicos de la llamada izquierda, que es algo que han señalado con mucho acierto analistas importantes como Laureano Vallenilla Lanz y Juan Uslar Pietri, que hablaron de Boves como el primer demócrata de Venezuela. En realidad, lo sensato es dividir las tendencias políticas en democráticas y antidemocráticas o autoritarias. Es algo que habría que ubicar en el tiempo en la dicotomía Atenas-Esparta. Con todas las limitaciones del caso, los atenienses eran los defensores de la democracia, una democracia chucuta, que no abarcaba sino una pequeña fracción de la población, pero que le reconocía sus derechos aunque fuera a esa fracción tan limitada, y los espartanos eran los representantes del autoritarismo, que no le reconocían derechos a nadie, salvo al rey, y eran partidarios de una vida dura, austera, monopolizada por las obligaciones, pero en la que los jefes tenían todas las ventajas y los de abajo toda las desventajas.

    El esquema espartano existió con plena vigencia hasta que los norteamericanos y los franceses lo desplazaron, y empezó a imponerse en muchas partes del mundo la democracia. El derecho divino proclamado por los jefes, que alegaban que Dios había dispuesto que ellos tuvieran el derecho a gobernar a todos los demás, mientras que todos los demás tenían el deber de dejarse mandar por los reyes y sus agentes, es la mayor manifestación de autoritarismo que puede haber existido, y aunque suene extraño, es también una forma de socialismo, puesto que supedita la felicidad individual a la colectiva. El rey es un buen rey si logra que sus súbditos, colectivamente, vivan bien, tengan más o menos cubiertas sus necesidades, pero ningún individuo, salvo el rey y sus representantes, tiene derecho a hacer lo que quiere. Y no otra cosa ocurre en el socialismo: el rey, llámese Secretario General del Partido Comunista o Führer o Duce o Caudillo, es el único que tiene derechos, y los delega en sus ayudantes; los demás no tienen sino deberes y obligaciones. Ese esquema se acentuó en el siglo XX con la llegada al poder de los autócratas modernos, comunistas, nazis, fascistas, militaristas, etcétera, en varios países importantes del mundo.

    Y hechos como el aparente enfrentamiento entre comunistas y nazis en Alemania, entre comunistas y fascistas en Italia, entre comunistas y falangistas en la guerra civil española, vinieron a confundir las cosas y hacer que pareciera cierto lo del enfrentamiento de izquierdas y derechas. Salvo por un detalle decididamente dirimente: comunistas y nazifascistas son la misma cosa, son tendencias antidemocráticas y autoritarias. Su aparente enfrentamiento no es otra cosa que odio mellizal, o, si se quiere, resultado del hecho de que compiten por el mismo mercado y cada uno trata de imponerse como sea en el medio en el que el otro trata también de imponerse.

    Eso fue lo que pasó en la guerra civil española, en la que los comunistas y los anarquistas, que también quieren imponerse a como dé lugar, desplazaron a todos los demás en el bando republicano, mientras que los falangistas, que son nazifascistas, los enfrentaron y los derrotaron. En resumen, la democracia tiene distintas tendencias que compiten entre sí, pero tolerándose y hasta respetándose: están la socialdemocracia, el socialcristianismo, la democracia cristiana, el radicalismo, el liberalismo, el conservatismo, etcétera, y hasta toleran a los antidemocráticos, que ya es mucho decir. Frente a ellos están los autocráticos, que básicamente se dividen en comunistas y nazifascistas (entre los que están los simplemente militaristas), que compiten entre sí a tiros, patadas y mordiscos, porque están dominados por el odio y la violencia, y no solamente no toleran a los demócratas, sino que ni siquiera toleran a sus pares.

    Otra cosa es en materia de economía, en donde la discusión es entre partidarios del libre mercado y partidarios de la economía dirigida y planificada. Los demócratas, obviamente, están con el libre mercado, y los socialistas de cualquier ralea con la economía dirigida. Pero en tiempos recientes los comunistas chinos descubrieron que se podía adoptar la economía libre y mantener la política autoritaria, y les ha ido muy bien. Y para mí, esa es la mejor demostración de que la dicotomía izquierda-derecha, en política, es absurda: China es un país políticamente de izquierda y económicamente de derecha, y dicen que nada puede ser contrario a su propia esencia, de modo que en ese caso habría que aceptar que se trata de una esencia falsa. LQQD.

    Eduardo Casanova | Izquierda y derecha 3
    Maria Carolina Alonso
    Periodista venezolana basada en Miami. Apasionada por contar historias, conectar personas y compartir experiencias valiosas.

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