jueves, diciembre 8, 2022
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    Eduardo Casanova | La (I)rresponsabilidad de Julio Borges

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    Julio Borges se dio a conocer con un fraudulento programa de televisión, del que salió “convertido” en líder, pero con un liderazgo muy frágil, seguramente condenado al fracaso. Y por eso mismo trata por todos los medios de hacerse notar, lo que no augura nada bueno

    En la década de 1990 se dio a conocer en la televisión venezolana un programa llamado “Primero Justicia”, en el que se fingían juicios o litigios y hacía de “juez” Julio Borges, un joven abogado copeyano.

    En verdad, no había tales “casos”, los productores de la televisora contrataban “reclamantes” y les pagaban por fingirse dañados, y contrataban “agraviantes” y les pagaban por hacer su papel en el programa. Y como suele suceder, el público creía a pie juntillas que se trataba de casos de la vida real. Poco después Borges constituyó una asociación civil con el nombre de “Primero Justicia”, cuyas finalidades no se limitaban al programa de televisión, y en el año 2000, con un grupo nutrido de socialcristianos, disgustados con el rumbo que iba tomando su partido, formó el partido político “Primero Justicia”, que competiría con Copei (que había quedado malherido por el retiro de sus filas de su fundador, Rafael Caldera para organizar otro partido llamado Convergencia, de vida muy efímera) mientras en Acción Democrática se daba un fenómeno parecido con la creación de nuevos partidos como Alianza Bravo Pueblo y Un Nuevo Tiempo.

    Al principio dio la impresión de que el partido Primero Justicia se convertiría en el nuevo Copei, cosa que no pasaba con los grupos desprendidos de AD, y esa sensación se reforzó con la candidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski.

    Hace unos días publiqué un texto en el que planteaba que Capriles, por no haberse ganado a pulso el liderazgo, que compró como se compraban los títulos nobiliarios en tiempos de la colonia, tiene poco futuro en la vida política del país. Hoy sostengo que es el mismo caso de Julio Borges: se dio a conocer con un fraudulento programa de televisión, del que salió “convertido” en líder, pero con un liderazgo muy frágil, seguramente condenado al fracaso. Y por eso mismo trata por todos los medios de hacerse notar, lo que no augura nada bueno.

    Recientemente ha mantenido algo así como pleitos permanentes con Capriles, en un esfuerzo por recuperar su primacía en Primero Justicia, y con Juan Guaidó (tal como Capriles) quizás con la intención de desplazarlo del protagonismo en el esfuerzo por salir de Maduro. Lo más reciente es su cacareada renuncia al cargo de comisionado de Relaciones Exteriores de Venezuela, cargo no muy explicable que tenía en el gobierno interino. Y no conforme con hacer pública esa renuncia, instó a la oposición a una restructuración política.

    “Yo voy a dejar el cargo que he tenido hasta ahora para dar esta lucha de desmantelar y transformar las cosas para volver a construir un proyecto, un camino y una unidad”, declaró en una rueda de prensa vía Zoom. También declaró que el gobierno interino se ha “deformado” y ya no es un instrumento para salir de la dictadura. “Hay que reformar el gobierno interino –dijo–, que tenía sentido para salir de la dictadura. Pero se ha deformado y, en lugar de ser un instrumento para luchar contra la dictadura es un fin en sí mismo”, y también declaró que el gobierno liderado por Juan Guaidó se ha transformado en “una casta que se ha burocratizado”. “La noción de gobierno interino tiene que desaparecer. No podemos seguir con una burocracia de casi 1.600 personas.

    El gobierno interino ya quiere perpetuarse”, sentenció. Pidió una reconstrucción de la lucha venezolana: “Perdimos apoyo internacional porque ha habido demasiados errores y escándalos. Pusieron nuestro caso en la nevera. Necesitamos un espacio interno de movilización de lucha, de los partidos y la sociedad civil. Hay que acumular la fuerza para tener legitimidad dentro y fuera”. En relación a Juan Guaidó dijo que “no puede pensar en vegetar en una posición, tenemos que sacudir y reconstruir el espacio de unidad. Confío en que haya sensatez”.

    Además, advirtió que únicamente los venezolanos son los que tienen la tarea de reconstruir el liderazgo. Parece no darse cuenta de que al eliminarse el gobierno interino el mundo entero tendría que reconocer a Maduro, y los bienes e instituciones que hoy están a cargo de Guaidó pasarán a manos de Maduro, lo que no es poca cosa. Se le ven demasiado las costuras, y creo que dividir, en un tiempo en que la unidad es una necesidad absoluta, es, por decir lo menos, una irresponsabilidad. Desde luego, está en todo su derecho a renunciar, pero no a declarar públicamente en forma agresiva para descalificar a Guaidó. El momento exige concentración absoluta en la tarea de quitar del medio a Maduro y sus cómplices, que deben estar frotándose las manos por el espectáculo que está dando la oposición. O las oposiciones.

    Esa división, ligada a la tarea disolvente de los abstencionistas, fue la responsable del fracaso oposicionista en las elecciones del 21 de noviembre. Hace mucho tiempo que Venezuela se extravió, perdió el rumbo en materia de política. El grotesco juicio contra Carlos Andrés Pérez, el apoyo larvado de muchos sectores a los golpes de estado de 1992, la división de Copei ejecutada por su propio fundador, Rafael Caldera, para no dar paso a la generación de relevo, la candidatura grotesca de Alfaro Ucero y la por lo menos discutible de una reina de belleza y  el retiro de apoyo de AD y Copei a sus candidatos para endosar a última hora la candidatura de Salas Römer, son muestras indiscutibles de ese extravío. Como lo son estas declaraciones públicas de Julio Borges.

    No se trata de defender a Guaidó, sino de entender que nada que divida la oposición le conviene al país. Toda la energía debe concentrarse en combatir al narcorrégimen. Recuérdese que para tumbar la dictadura de Pérez Jiménez se requirió que los tres grandes partidos de entonces (1957), AD, Copei y URD, dejaran de lado todas sus diferencias y se concentraran en el objetivo de recuperar la democracia. Lo hicieron, y poco después cayó la dictadura. Hoy día es aún más necesaria la unidad.

    En 1957 la dictadura se apoyaba únicamente en las fuerzas armadas, hoy, además de las fuerzas armadas, están las organizaciones terroristas internacionales, el narcotráfico y otras fuerzas del mal. Lamentablemente hay que hacerse un par de preguntas: ¿será que Julio Borges se alacranizó? ¿O no habrá podido resistir la tentación de un cañonazo de dólares? Ojalá que no sea sino una mezcla de ambición y falta de criterio. En todo caso, pronto tendrá que asumir las consecuencias de actuar en forma tan superficial en un momento tan delicado. Allá él.

    Eduardo Casanova | Mérida Turística
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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