martes, septiembre 27, 2022
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    Eduardo Casanova | La socialdemocracia y otras tendencias

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    Seguir hablando de “izquierda” y “derecha” es un error. No hay tal cosa. Grupos que se dicen “de izquierda” son mucho más reaccionarios y conservadores que otros a los que se les califica de ser “de derecha”. En la práctica, los comunistas son mucho más atrasados que los liberales

    Hay que hablar de cercanía a la democracia, o de lejanía, para entender realmente la política. Son lejanos y hasta contrarios a la democracia, los llamados socialistas, que comprenden a los comunistas, los fascistas, los nazis, los populistas y los militaristas. Todos son autoritarios o totalitarios, y detestan la democracia. Se consideran mejores que los demás y se imponen por la fuerza. Son minorías ridículas que necesitan la fuerza bruta, la persecución, el espionaje y la más elemental violencia para mantenerse en el poder cuando han logrado imponerse.

    Los nazis, los fascistas y los militaristas, cuando han gobernado, en la mayoría de los casos han tenido éxito en lo económico, en lo material, pero su crueldad y su corrupción los descalifican del todo. Los comunistas y los populistas a su crueldad y su maldad suman sus fracasos en el terreno de lo económico. Pretenden ignorar normas elementales e imponer sistemas contrarios a la naturaleza humana, lo que sumado a su afán por aplastar a la gente y violar todas las normas y los derechos humanos, los hace sencillamente odiosos.

    Por eso solo pueden imponerse mediante la fuerza bruta. Sus regímenes nacen de la fuerza bruta o de engaños, y solo pueden mantenerse mediante la fuerza bruta y el engaño. Por lo general sus partidarios, además de ser minoritarios, son resentidos y fracasados. Hablan de una igualdad que no es otra cosa que una ficción. Si algo caracteriza a los seres humanos, y a todos los seres vivos, es la desigualdad. Cada ser es único e irrepetible. También algunos hablan de igualdad de oportunidades, lo que es muy relativo: aun cuando haya igualdad de oportunidades no se puede obligar a todo el mundo a que las aproveche. E insisten en “repartir la riqueza”, que no es otra cosa que un solemne disparate.

    La riqueza en general es producto de la habilidad y el trabajo de quienes la adquieren, salvo si se trata de riqueza mal habida en cuyo caso lo que requiere es medidas policiales. Si un gobierno confisca los bienes de todos los ricos y los reparte entre los pobres no pasará mucho tiempo sin que los pobres pierdan todo lo que se les dio y vuelva a haber una minoría de ricos, que muy probablemente sean los mismos a quienes se les quitó lo que tenían.

    Hay quienes nacen con habilidades para enriquecerse y quienes nacen sin ellas. Y claro que el factor suerte interviene en el enriquecimiento de quienes se convierten en ricos, pero no es el factor decisivo, sino uno de los varios que intervienen en el proceso. Y basar una ideología en ese tema es tan absurdo como basarla en el color de los ojos, por ejemplo. En cuanto a las tendencias políticas de los partidarios de la democracia, hay, para mí, cinco grandes grupos: conservadores, liberales, democratacristianos, socialcristianos y socialdemócratas.

    Todos tienen elementos positivos y elementos negativos. Con permiso de mis lectores voy a dar mis opiniones sobre cada uno de los cinco grupos, pero sin pretender que esas opiniones sean aceptadas por nadie. Son eso: mis opiniones personales, y no otra cosa. Habrá quienes coincidan conmigo y quienes no, y no es mi intención influir en nadie para que cambie sus convicciones. Simplemente las expreso sin segundas intenciones. Los conservadores, para mí, suelen tener el defecto de la inflexibilidad, que puede convertirse en una rémora para el progreso de los pueblos. Las circunstancias cambian, y a veces los cambios son necesarios para que una sociedad mejore, de modo que empeñarse en que todo siga igual atenta contra la posibilidad de que las cosas mejoren, y en materia política eso es más agudo.

    De modo que no me siento nada cómodo con los conservadores. En cuanto a los liberales, ofrecen un panorama mejor que el que ofrecen los conservadores, hablan siempre de tolerancia, de aceptar y respetar las ideas y planteamientos de todos los demás, pero muchas veces exageran y no tienen en cuenta, tal como los comunistas, la naturaleza humana: por ejemplo, afirman que no debería existir un ministerio de Educación (así lo ha afirmado públicamente Alfredo Benegas Lynch, principal representante del liberalismo argentino) porque cada educador, cada maestro, tiene derecho a decidir lo que quiere enseñar a sus alumnos y cada padre tiene derecho a decidir lo que quiere que sus hijos aprendan; y tienen ideas parecidas en otros campos, ignorando siempre que hay un alto porcentaje de gente que se aprovecha de las debilidades ajenas.

    En ese sentido con la antítesis de los socialistas, y especialmente de los comunistas, a lo que hay que citar el refrán que dice “ni tan calvo ni con dos pelucas”. Esas exageraciones pueden llevar a mucha gente a pensar que las “izquierdas” son mejores y hacer mucho daño. Por eso tampoco me siento cómodo con ellos. En cuanto a los democratacristianos y los socialcristianos, aun cuanto en general tienen buenas ideas e individualmente son gente que admiro, no me gusta mezclar la religión con la política, y por eso los rechazo. Solo me queda, entonces, la socialdemocracia, a la cual me acerqué en la década de 1970 y con la que me he sentido cómodo desde entonces.

    El nombre “socialdemocracia” es una equivocación. Proviene de una mala traducción del alemán, pues “socialdemokratie” en realidad debería decirse en español “democracia social”, es decir, democracia para toda la sociedad. Es la tendencia más amplia de todas, en la que caben más ideas, y por eso mismo suele ser objeto de muchos errores, pero su misma amplitud permite que esos errores se corrijan. Como dije, me acerqué a ella en la década de 1970 (aunque me había sentido atraído por ella en la década anterior) sin atreverme a decidir entre el MAS, fundado por muchos de mis amigos, y AD, que era algo así como el partido socialdemócrata por excelencia.

    En las elecciones del 1974 el error del MAS de apoyar a un oportunista me hizo votar por Carlos Andrés Pérez, pero cuando me alejé decididamente del MAS fue cuando volvieron a errar gravemente y apoyaron a Chávez. Eso me hizo preferir abiertamente a AD, algo que hoy no está tan claro, razón por la cual hoy prefiero sentirme socialdemócrata en abstracto, sin decidirme por ninguno de los grupos que se proclaman tales. Total, es mi decisión personal, y no pretendo, como dije más arriba, que nadie me siga. Ya estoy muy viejo para pretenderlo.

    Eduardo Casanova | Mérida Turística
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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