sábado, octubre 16, 2021
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    Eduardo Casanova | Los que vinieron de África

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    El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. El buen padre Bartolomé de las Casas y sus amigos deben estar achicharrándose en la más tenebrosa de las pailas de aquellas regiones desapacibles, pero no por sus acciones sino por los resultados de sus acciones

    Lo que iniciaron como un movimiento humanitario para salvar a los indígenas americanos de la inhumana explotación, se convirtió en un movimiento que llevó a la más terrible e inhumana explotación de los nativos de África. Todo nació de esa acción bien intencionada unos pocos clérigos convencidos de que se estaban ganando el cielo al proteger a los buenos indígenas del Nuevo Mundo. Pero significó uno de los mayores genocidios de la humanidad, y uno de los peores casos de maldad que haya conocido el mundo.

    Incontables seres humanos fueron sacados de su ambiente, encerrados, encadenados y forzados a emprender viajes en los cuales un altísimo porcentaje de ellos moriría, y los sobrevivientes quedarían condenados a no ser libres, a trabajar forzadamente para otros que los maltrataban y los explotaban hasta hacerlos morir. Madres separadas de sus hijos, padres separados de los suyos, hermanos separados de sus hermanos, esposos separados de sus esposas. Y todos tratados como bestias que apenas recibían lo indispensable para mantenerlos vivos y poder venderlos en los centros esclavistas.

    En el caso de Venezuela, la mayoría de esos viajeros forzados provino de los grupos Loangos, Congos, Angolas, Minas y Tari, de las actuales zonas de Angola y Congo, que cubre los viejos reinos de Loango, Kongo Dia Ntotela y Ndongo. Los primeros que llegaron a nuestras costas fueron traídos por los Welser. Hacia el final del año 1552 llegaron a Buría unos ochenta esclavos, y entre ellos se encontraba uno, al que le pusieron el nombre de Miguel, aparentemente nacido en San Juan de Puerto Rico y “propiedad” de Pedro del Barrio, hijo de Damián del Barrio (uno de los fundadores de Caracas). Miguel logró convencer a un grupo de compañeros de infortunio y, con ellos, huyó a las montañas cercanas a fines de 1553. Pronto asaltaron el Real de Minas, en donde hicieron una matanza, y luego se hicieron fuertes en la zona montañosa.

    Miguel, que sin duda no tenía una idea muy clara de lo que debía hacer, se autonombró rey y coronó reina con toda pompa a su mujer, llamada Guiomar, y príncipe a su hijo. También nombró obispo a uno de sus amigos y, en general, creó un “reino” a imitación de las ciudades españolas. Para mantener su “estado”  se dedicó al pillaje, y murió en un intento de asalto a la recién fundada ciudad de Barquisimeto, que fue defendida por Diego García de Paredes, Diego Fernández de Serpa, Diego de Ortega y Diego de Losada.

    Al poco tiempo todos los alzados cayeron en poder de los españoles y volvieron a su triste condición de esclavos. No sería ese el único intento de los esclavos por liberarse de la situación en que los colocó el esclavismo. Poco después don Sancho Briceño, fundador de uno de los más importantes linajes españoles en Venezuela, consiguió licencia para importar doscientos africanos (1560), y en 1592 el procurador don Simón de Bolívar, primer Bolívar llegado al país, obtuvo tres mil licencias más. En buena parte eso explica los éxitos de Boves al promover el rechazo de las clases dominadas a la idea de la Independencia, que era defendida por la clase dominante, la de los blancos criollos.

    Esa mano de obra esclava fue fundamental para el desarrollo de las actividades económicas en el país. Trasplantados de las zonas tropicales de África, los sobrevivientes de aquellas bárbaras expediciones se adaptaron bastante bien a las zonas cálidas venezolanas, especialmente en las costas. Barlovento, las costas de Aragua, Yaracuy y Zulia, fueron centros en donde los africanos se establecieron y lograron mantener cierta cohesión cultural. Y es cultural, justamente, el mayor aporte de esa corriente inmigratoria africana, que no por forzada tiene menos importancia que la europea.

    Gracias a sus aportes, que pueden sentirse claramente en la música, en la arquitectura, en la artesanía y en el lenguaje, se ha integrado lo que Bolívar, que aun siendo descendiente de esclavistas aceptó que había que combatir el esclavismo, llamaría la “nueva humanidad”, que se manifiesta claramente en lo religioso, los bailes de San Juan, los de San Benito, el colorido de los altares, y hasta los cultos en los que, como dioses paganos, se hacen presentes hombres y mujeres, santos cristianos y personajes históricos o populares, como José Gregorio Hernández, el general Juan Vicente Gómez, la corpórea e incorpórea María Lionza, la hermana María de San José, Pedro Camejo (Negro Primero), Santa Bárbara, y en muchas manifestaciones artísticas en los Valles del Tuy, en las costas de Aragua, en Lara, en Yaracuy, en el Sur del Lago de Maracaibo, en la amplia región llanera y hasta en el piedemonte andino, en donde no fue tan importante la presencia africana como en las zonas bajas de la nación.

    La cultura venida del África se nota con especial claridad en la música, no solo la que es absolutamente negroide, en la que están presentes tambores y otros instrumentos que casi sin transformación alguna atravesaron el océano y acompañaron la nostalgia de los viajeros forzados, sino en muchas manifestaciones en las que se mezcló con el elemento indígena y el europeo para formar una música única, especial, que es la que define, justamente, esa nueva humanidad a que se refirió Bolívar. Bolívar, a pesar de que su antepasado don Simón Bolívar, el primero de su estirpe en Venezuela, fue también uno de los primeros en traer al país esclavos del África, pensó seriamente en abolir la esclavitud.

    En especial cuando organizó la llamada Expedición de los Cayos y por exigencia de Petión. Alejandro Petión, que a pesar de estar en plena guerra civil en Haití contra Henry Cristophe, de las amenazas de Morillo y del gobierno español, y de la espada de Damocles que Francia le tenía encima, respaldó con palabras y hechos a Bolívar, que de nuevo entraría en acción. Petión tenía entre sus mayores gente que viajó del África muy en contra de su voluntad, pues era hijo de un colono francés llamado Alexandre Sabes y de una criolla de color, de apellido Petión. Interesado en la Independencia americana, recibió a Bolívar el 2 de enero de 1816 y le entregó 6.000 fusiles con sus bayonetas y sus municiones, una buena cantidad de bastimentos y una imprenta, pero exigió a cambio que el Libertador aboliese la esclavitud en Venezuela, que fue lo que hizo en cuanto arribó a su patria al frente de doscientos cuarenta hombres, destinado al fracaso.

    En realidad las condiciones no estaban dadas para abolir la esclavitud, sobre todo porque muchísimos de los que acompañaban al Libertador en su gesta eran propietarios de esclavos y no tenían la más mínima consciencia de que serlo era un crimen. La promesa bolivariana se cumpliría varias décadas después, y no por razones humanitarias, sino porque ya no era buen negocio mantener esclavos y sí lo era darles la libertad.

    Eduardo Casanova | Los que vinieron de África 3
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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