domingo, enero 23, 2022
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    Eduardo Casanova | Los traidores

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    La situación de Venezuela a partir de 1999 no puede ser más absurda. Un país que llegó a ser próspero, mucho más próspero que todos los de su región, y que por cuatro décadas había sido un verdadero ejemplo de estabilidad y democracia, un país que contaba con una industria petrolera ejemplar, eficiente y capaz por sí sola de aportar casi todos los recursos que necesitaba la nación

    Un país que servía de ejemplo a todos los de su región, y al que se mudaban muchísimos habitantes de otros países, especialmente de los de su región, un país que parecía estar a punto de convertirse en país del primer mundo, un país que había sido ejemplo de estabilidad democrática por cuatro décadas, un país que parecía estar a punto de lograr que la casi totalidad de sus habitantes lograra llegar a un nivel óptimo de felicidad. Y de repente se convirtió en una verdadera pesadilla, todos los males del mundo le cayeron en rápida sucesión al país y a su población.

    El daño fue irreparable. Y Chávez y los suyos, lacayos todos de Cuba, atribuyeron la causa de los males a las sanciones de los Estados Unidos, como si el gobierno de los Estados Unidos le hubiera aplicado a Venezuela las mismas medidas que el régimen cubano, ignorando olímpicamente que en realidad las sanciones a los cubanos no son las culpables de la ruina del pueblo cubano: en realidad la verdadera causa de las dificultades de los cubanos es la ineptitud de sus dirigentes, sumada a las pésimas decisiones que han tomado a lo largo de seis décadas. Y esa es la verdadera causa de las dificultades de los venezolanos en los últimos 22 años.

    No hay tal guerra económica ni guerra eléctrica. La hiperinflación y todos los problemas de la economía venezolana se deben a los disparates que han hecho y siguen haciendo los altos funcionarios chavistas, a la locura de Chávez de destituir de un plumazo a más de once mil trabajadores y funcionarios de PDVSA, con lo que el país se quedó sin personas con experiencia y formación en los asuntos petroleras y PDVSA, que era una de las mejores empresas petroleras del mundo, se convirtió, de la noche a la mañana, en una auténtico bodrio, incapaz de extraer petróleo o de producir gasolina.

    Y para colmo, Chávez y los suyos prefirieron sacrificar a los venezolanos para ayudar a los cubanos, y la poca gasolina que se producía en Venezuela, fue a tener a Cuba, mientras en Venezuela se armaban colas interminables y los venezolanos se veían obligados a hacer colas de cinco y seis días, dormir y hacer sus necesidades en sus vehículos, en donde también tenían (y tienen) que comer. Y esa decisión de sacrificar a los venezolanos para hacerle la vida más grata a los cubanos sí es una de las razones principales de la ruina total de Venezuela.

    Tal como la decisión de privilegiar la producción termoeléctrica frente a la hidroeléctrica, lo que también se hizo para favorecer a los cubanos mediante la compra de equipos chimbos que duraron lo que un suspiro en una hamaca. Es evidente que la causa de los apagones es una combinación de la ineptitud de los chavistas y la corrupción rampante de los jefes chavistas.

    Las grotescas excusas que se refieren a iguanas y a zapatos y a cometas de niños y a ataques con drones y cosas por el estilo no son otra cosa que claras demostraciones de una inmensa ignorancia y de un hasta mayor desprecio por la inteligencia de los venezolanos. No hay ni ha habido nunca nada parecido a una guerra eléctrica o a una guerra económica.

    Lo que hay es la incompetencia de los socialistas. Como he dicho muchas veces, los socialistas son ineptos por definición, pero no son ineptos por ser socialistas, sino son socialistas por ser ineptos, y en el caso de los chavistas, esa ineptitud se potencia porque los chavistas son traidores a la patria y lacayos de los cubanos. ¿Qué mayor prueba de la preferencia de Chávez por Cuba y los cubanos que su decisión de tratarse en Cuba y no en Venezuela o en Brasil?

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    La medicina cubana tiene no menos de cincuenta años de atraso con respecto a la venezolana o a la brasilera, y esa decisión de Chávez hizo imposible cualquier posibilidad de sobrevivir, aceleró su muerte y aumentó inmensamente sus sufrimientos. Venezuela contaba entonces con varios oncólogos eminentes a nivel mundial, tal como Brasil, pero Chávez optó por irse a Cuba y someterse a tratamientos que tenían cuatro o cinco décadas de atraso, y bien caro que lo pagó.

    Es posible que lo haya hecho para asegurarse de que se mantendrían los secretos y no se colarían informaciones que no le convenías, pero a un costo demasiado alto para él como ser humano. Y había dado demostraciones de que no se le aguaba el ojo a la hora de traicionar a Venezuela.

    No otra cosa fue la entrega de todo lo relativo a identificación, como la emisión de cédulas de identidad y pasaportes, a cubanos. A título de ejemplo, uno de mis hijos se quedó sin pasaporte, y por tanto sin posibilidad de viajar al exterior, por un error garrafal de un cubano, y, desde luego, el poder de los cubanos sobre los venezolanos en ese campo fue decisivo.

    Fue una forma de control de un país sobre el otro. Peor aún, la decisión de convertir en presidente de la República a un inepto, inexperto y nada recomendable como Nicolás Maduro, se tomó porque era en más pro-cubano de todos los posibles candidatos, y es una decisión que le ha costado muy caro a los venezolanos.

    Creo que nunca en la historia universal se había visto que un país débil haya podido conquistar a uno más fuerte sin disparar un tiro. Y ese fue el caso: Venezuela cayó en las garras de Cuba por decisión de las autoridades venezolanas, y con la anuencia de los encargados de vigilar la soberanía del país, los militares, que así se convirtieran, masivamente, en traidores a la patria.

    De hecho, no hay razón alguna que justifique la existencia de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Además de traidores a la patria son corruptos, ladrones y abusadores. No sé cómo hizo Costa Rica para eliminar las suyas, pero su caso es la prueba viviente de que se puede. Y se debe. Porque la excusa de que si no hay ejército, aviación y marina de guerra, cualquier país vecino nos puede invadir, no es válida. Con las Fuerzas Armadas que tenemos ahora, formadas por traidores a la patria, corruptos y perezosos, perderíamos cualquier guerra hasta con Andorra. O con los boy-scouts de Liechtenstein.

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    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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