martes, agosto 9, 2022
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    El aturdidor: No pares de soñar

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    Entonces las tempestades [las dictaduras], no acaban cuando escampa sino cuando redimimos la naturaleza de las cosas, que es reformar, modificar, instituir y corregir, actitudes

    La colaboración y obra de Émile Zola sobre la novela experimental es fundamental para comprender los denominados procesos cognitivos, epistemológicos, de cómo observamos, experimentamos, aprendemos y validamos hipótesis para conseguir soluciones.

    No comamos cuentos….

    En El Mensajero de Europa, Zola lanza a la humanidad una obra copiosa: 64 textos entre 1875 y 1880 entre los cuales cabe destacar diversos fragmentos de L’assommoir [el aturdidor] Le roman expérimental [la novela experimental]. Este amplio ensayo—indispensable para conocer los fundamentos doctrinales del naturalismo—fue escrito en 1879, publicado más tarde en Le Voltaire, diario republicano.

    Quiero destacar al decir de Zola, “como del empirismo, poco a poco, pasamos a la verdad gracias al método experimental”. No a la imaginación, no al voluntarismo, no a la idealización o a la manipulación por convertir la realidad “en un maridaje de ficción a todas luces imposible de corte cientista, por ser una especulación romántica de corte cuentista». De allí el proverbio: “no comamos cuentos”.

    Diseccionar la política

    Cuando esta dinámica de experimentar para lograr soluciones se traslada a la política, pasamos de una logicidad de soñar milagros a soñar realidades. Me decía el gran artista venezolano, Jacobo Borges: “No se sueña dormido Orlando, hay que soñar despierto, para andar y hacerlos realidad”.

    Claude Bernard-apunta Zola-ha combatido toda su vida para hacer de la medicina en una disciplina científica. Asistimos así, a los balbuceos de una ciencia que se desprende [y se defiende] del empirismo para fijarse en la verdad, gracias al método experimental. Escribe Bernard: “Damos el nombre de observador al que aplica los procesos de investigación simples o complejos, un estudio de los fenómenos donde nada varía y todo queda tal como la naturaleza se los ofrece. Damos el nombre de experimentador al que utiliza los procesos investigaciones-simples o complejos-para variar o modificar los fenómenos”.

    Como Zola, sugiero el método experimental como conductor de conocimiento tanto de la vida física como de la vida pasional e intelectual. Una misma ruta de la química a la fisiología, de la fisiología a la antropología, de la cultura y la antropología a la sociología, de la sociología a la política, de la política al derecho, del derecho a la reforma, de la reforma a la justicia y de ella a la paz. Un orden que va de lo humano-del cuerpo bruto o vivo-al hombre-verdad: organizado, educado, convivencial, ciudadano, racional…por experimentado, no por simple contemplador aturdido. Es padeciendo la historia como el hombre sobrevive sus pestes, enfermedades, guerras, conquistas o tiranías.

    La ciencia experimental-sentencia Zola-no debe inquietarse por el porqué de las cosas, sino por el cómo. Y en el cómo está la explicación, la solución…No se cura un cáncer por observarlo. Se cura por experimentar que es modificar, ajustar, instituir, verificar, atacar de raíz. Mutatis mutandis, el análisis social y político explica el porqué del fenómeno; el presente, el estatus quo, el diagnóstico, que es idealización. Pero es preciso pasar a la experimentación, a la realización, que es acometer la reforma y redención del fenómeno.

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    Ya en la profética Carta de Jamaica de Bolívar [1815], percibimos que el valor universal del Libertador no fue la guerra de Independencia, sino su profundo carácter de reformador social Su maestro Don Simón Rodríguez-testigo de aquella actitud-afirmó 2 años antes de la muerte Bolívar [1.828] “que esa reforma nunca se había intentado”. Más grave: al día de hoy no la hemos emprendido.

    Es momento de diseccionar la política. De asumir responsabilidades históricas, de aceptar culpas. Hemos padecido loas consecuencias de la exclusión, el populismo, el nihilismo y el rentismo. Un cáncer sistémico. ¿Hemos experimentado su cura? No se trata por cierto de ofrecer una receta económica. Es conociendo el cómo llegamos aquí, la violencia pasiva [que es indiferencia, ignorancia, rechazo del otro], como podemos conseguir procesos de saneamiento de desórdenes y desigualdades sociales.

    En política, antropología y sociología, conocer el problema es participar de él. Y no lo desanudan los aturdidores. Lo resuelve cada ciudadano, ofreciendo al menos, los buenos días….

    El desabrido esperar

    El experimentador-dice Zola-“es quien en virtud de una interpretación más o menos probable de los fenómenos observados, instituye la experiencia de manera que, en el orden lógico de las previsiones, dicha experiencia ofrezca un resultado que sirva de control a la hipótesis o a la idea preconcebida…”

    Me atrevo a lanzar una hipótesis: “Si sustituimos nuestra actitud pasiva, nuestra aproximación omnisciente, erudita, crítica, por una acción humilde y participante de reforma social, los procesos de cambio serían más empáticos, menos empíricos y en efecto, plausibles”.

    El problema no es la dictadura, es el aturdidor: El que todo lo sabe porque todo lo observa, lo anticipa, crítica y proclama; todo lo cuenta [!] pero nada arriesga, nada experimenta. No familiarizarnos con el problema-negarlo o desconocerlo-impide solucionarlo. Poco o nada sentimos culpa de nuestra realidad, de nuestra tragedia, porque desconocemos su génesis, el sufrimiento del ignorado. No podemos disecar la humanidad pretendiendo no ser parte de ella. Tampoco apuesto desconfiar de la idealización por elegir una experimentación con “un esqueleto teórico de corte cientificista” [Dixit Leopoldo Alas] Nuestro deber es identificar el problema, entendiéndonos como parte de él.

    ¿Qué siente hoy un venezolano qué ha cabalgado de Venezuela a México o Argentina, a solas? Sin duda siente y resiente un rechazo tanto por el régimen como por la clase política que prometió cesarle; por los aturdidores críticos donde Usted y yo, no somos excepción.

    Mi búsqueda es una mirada sobre la naturaleza del hombre. No seguir escribiendo una novela de exposición, prólogo, nudo, clímax y desenlace. Es adoptar una lógica histórica-un censo de experiencias, odiseas, desprecio y necesidades-que anule la evasión de culpas y nos haga participantes.

    Experimentar es leer literatura clásica y cotejarla con la vida para sensibilizarnos. Es leer Los hermanos Karamazov de Dostoyevsky, el Drama de Iván [Ateo] Dimitri o Alexei [ortodoxo] y vivirlo como propio. No es idealizar. Es experimentar sufriendo, que es soñar despierto…Es leer La Tempestad de Shakespeare, comprendiendo como el que más, que el que perdona, bendice dos veces: al que lo da y al que lo recibe. Así superó Próspero su exilio, su tempestad…

    Entonces las tempestades [las dictaduras], no acaban cuando escampa sino cuando redimimos la naturaleza de las cosas, que es reformar, modificar, instituir y corregir, actitudes.

    Dijo El Libertador: “¡El castigo más justo es aquel que uno mismo se impone…” Vale concluir: qué mayor castigo que observar pasivamente, contemplativamente, que es soñar dormidos y permanecer aturdidos. Ese día paramos de soñar…realidades. Y esperamos el milagro, un desabrido esperar, que no llega….

    @ovierablanco 

    Embajador designado de Venezuela en Canadá 

    Orlando Viera Blanco | La Shoá, el exterminio nazi: ¿evitable?
    Orlando Viera Blanco
    Embajador (designado) de Venezuela en Canadá

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