miércoles, noviembre 30, 2022
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    El cuarto anillo de Stephen Curry o el golpe de David contra los Goliats de la NBA

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    Stephen Curry recibió anoche el premio de MVP por primera vez en la historia, al conducir el cuarto campeonato de sus Warriors en la NBA.
    Una auténtica proeza, una injusticia que la prensa no lo haya reconocido antes.
    Fue un verdadero lujo ser testigos, a la distancia que dota la televisión, del recital que ofreció Curry durante el sexto partido contra Boston en las finales.
    El base o falso escolta de los Warriors, es un jugador digno de estudio. Mide apenas un metro ochenta y ocho, desplegando un estilo letal desde la tercera dimensión que hizo escuela y partió en dos la historia de la la liga.
    Por eso, a Curry y sus Warriors o los amas o los odias.

    El cuarto anillo de Stephen Curry o el golpe de David contra los Goliats de la NBA 1


    Hablando con el experto en deportes, Miguel Rapetti, coincidimos en que sería una final donde los triples serían factor, para bien y para mal del espectáculo.
    En efecto, el primer partido pareció más una guerra de triples que un partido clásico con penetraciones y filtraciones veloces en la pintura, la antigua estrategia que rindió frutos en NBA.
    En el pasado, los gigantes dominaron el tabloncillo, los de Boston y los Ángeles, los colosos como Abdul Jabar, los fríos artilleros como Larry Bird, los chicos malos de Pistons, los bailarines refinados de Chicago Bulls, que también hackeron el sistema, doblegando a los pesados hombres de otrora.
    Por supuesto, que Curry sigue la estela de los Jordan, de los elegantes en modo Jhonson y Bryant, de los que te matan de lejitos como Reggy Miller.
    Pero hagamos una salvedad, una enorme diferencia. Magic dominó el mundo con sus dos metros seis. Kobe también volaba y la clavaba, perteneciendo al club de los ágiles bajo el tablero, bajo influencia de Michael. Miller cruzaba la frontera de los dos metros, confundiéndote con su performance acrobática.
    A su lado, Curry es un enano, un millenial de sonrisa canchera que puede pasar desapercibido en un concierto de Beyoncé y Jay Z. Lo confundirías en la olla con su tipo discreto, hasta para vestir, porque Stephen no es de alardear en Instagram, como un Neymar que hace más bulla en redes que por lo que hace en la cancha.

    Por algo Curry se recibió de sociólogo, es un tipo culto.


    Valga la comparación, Curry va más por la senda de un Mbappé o del enano hermoso, Lionel Messi, chicos millenials que no andan pendientes de buscarse pleitos con la industria, a través de sus declaraciones políticas, sino de producir un buen espectáculo y fijar una narrativa de empoderamiento desde ahí, afianzando la leyenda de los hombres que se crearon así mismos, gracias al impulso de una industria deportiva que llegaron a reinar.
    De ahí que los Currys del mundo no sean del aprecio de los boomers, de los generación X, porque han roto los paradigmas de los ochenta y noventa, imponiendo el baloncesto pragmático que hoy te permite ganar campeonatos, mientras Lebron, Kevin Durant, Harden, Doncic y Paul se tienen que conformar con ver el juego final desde un cómodo sillón de sus casas.
    Anoche Curry hizo su pequeña revuelta, su Last Dance, saboteando cualquier esfuerzo de los Celtics por regresar al juego y tener esperanzas de emparejar las acciones.


    Invito a los más jóvenes y escépticos a que revisen el archivo y se concentren en la demoledora conspiración de Curry en tierra de Boston, para coronarlo y darle el MVP que faltaba delante de la historia de la franquicia verde más ganadora del planeta.
    Curry, como MJ, prefiere liquidar una serie en el sexto de visitante, antes que alargar una agonía que puede resultar contraproducente y favorable al enemigo en la arena.
    Pensábamos que habría un séptimo juego, que el de anoche sería un trámite de Boston en su casa, para forzar el mata mata en San Francisco.
    Pero Stephen Curry, guiado por sus desafiantes aliados, tenía un plan distinto, con la guía de un soberano entrenador como Steve Kerr, campeón con Chicago y San Antonio, así como receptor de cuatro coronas con Warrios de la mano de sus nuevos All Stars.
    Por supuesto que Curry no ganó solo, acompañado por el siempre provocador Klay Thompson(uno que despierta sentimientos encontrados y es su papel), por un descomunal Draymond Green(cuyo rol es ensuciar y ser el chico malo que odias, pero también el de encestar 23 puntos, solo anoche), y el aporte de los obreros silenciosos(Wiigins, Poole y Payton).
    En algún instante, como hispanos, nos entró un orgullo divino, cuando el dominicano Al Harford empezó a reventar las redes, iniciando una remontada épica en el tercer cuarto.
    Sin embargo, con su tradicional protector bucal de medio lado, Curry miró los toros desde la barrera, descansó en el banquillo y decidió retornar, para fusilar la autoestima de Boston, a punta de triples traviesos, mágicos, imposibles.
    Si Curry será recordado como el rey de los triples, anoche a sus 34 años quiso callarle la boca al universo del basket, enseñando por qué no hay forma humana de contenerlo en una final.

    El cuarto anillo de Stephen Curry o el golpe de David contra los Goliats de la NBA 2


    Sin ver, como una máquina inteligente, Stephen tomaba el balón, cruzaba la cancha con dotes de Street basket, y lanzaba kilométricamente, como si estuviese en una jornada, entre panas, del juego de las estrellas, disparando unas locuras como de Playstation.
    La actuación suya incluyó dos gestos que estallaron las redes sociales, asumiendo su condición de ícono que hace memes y GIFS por toneladas.
    Después de un triple, señaló su mano, afirmando que ya tenía el anillo antes de sonar la chicharra. Finalmente, interpretó el sticker de acostarse a dormir, mandando a los fanáticos de Boston para el estacionamiento.
    Naturalmente, si eres del otro equipo, lo odiarás. Pero después de todo, no es nada personal, solo bussines.
    Stephen sabe, por experiencia de su década dorada, que a Boston no se le pude dejar con chance, con vida, porque se reanima y te apabulla en su caldera del diablo, que vio la proeza de tener el récord imbatible de Bill Russel, al conquistar once anillos, siendo el jugador más dominante de la historia de la NBA.
    Curry optó por rendirle honores a la memoria, al destino, imprimiendo su firma en el club selecto de los cuatro anillos, junto con LeBron James, Shaquille O’Neal, Horace Grant, John Salley, Manu Ginobili, Robert Parish, Tony Parker, Will Perdue y Andre Iguodala(que ayer vio minutos en un bonito tributo del señor Keer).
    La NBA evoluciona a pasos meteóricos. Solo el año pasado, volvió el clasicismo del tamaño, los rebotes y las tapas de no no, en la consagración de Giannis Antetokounmpo.
    Por el contrario, el 2022 ha ratificado que el big data suma y estremece las redes, sin necesidad del dream team de bestias colosales e intimidantes.
    Los Warriors casi lucen como un equipo Hollywood de estudiantes prodigios de una Universidad.

    Se ríen, se lo gozan en familia, y están felices de poder enterrar los pronósticos, de ir en contra del orden y de lo predecible, combinando las técnicas de los suburbios, del atletismo de alto rendimiento, de la NBA más Jordan, y de la moda europea de Tony Parker.
    No en balde Curry no solo fue infalible desde Saturno. También sorprendió al esquivar Celtics y brazos de Goliats, a su paso, clavando su estocada de David en la pintura.
    Es el rey de lo pequeño que es hermoso, de su Liliput que es la nueva NBA.
    Un triunfo para los negados que pasan a ser imprescindibles.
    No te piques.
    Estás invitado a su fiesta que es la de los Mavericks de la meca.

    El cuarto anillo de Stephen Curry o el golpe de David contra los Goliats de la NBA 6
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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