martes, agosto 9, 2022
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    El Nuevo Estado Palero

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    En un país donde nueve de cada diez personas dice ser católica, la santería y el espiritismo gana cada vez más adeptos. Algunas estimaciones aseguran que los seguidores de estos cultos alcanzan el 30% de los casi 28 millones de venezolanos. Otros, como el antropólogo Ronny Velásquez, aseguran que la mitad de la población practica, de alguna u otra forma, ya sea el espiritismo o la santería.

    Juan Paulier, BBC Mundo.

    “La religión del chavismo es la santería cubana”. David Placer, autor del libro “Los Brujos de Chávez”.

    Caracas ofrece una paisaje difícil de interpretar, a la distancia desde una visión superficial.

    El turista tampoco sabrá leer o entender qué pasa. Incluso, para nosotros aquí, se nos convierte en un misterio lo que sucede, aparentemente por azar, como la victoria de la oposición en Barinas, que tal parece beneficia y brinda esperanza al voto opositor, cuando en realidad concede oxígeno, legitimidad y sobre todo una ocasión para que Maduro haga una de sus purgas políticas en PSUV, quitándose de encima la influencia de los Chávez y Diosdado, que no solo le molestan y pesan, sino que lo embarcaron en la humillación de tener que hacer una segunda vuelta en el estado de Hugo Rafael, para volverlo a perder.

    Pero, de nuevo, sabemos que en Venezuela nada es lo que parece y nada parece seguir un orden lógico.

    Es lo que llaman, precisamente en los manuales de la CIA, operaciones “Mindfuck” o de “destrucción de mapas mentales”, que se utilizan para desviar la atención, al presentar teorías conspirativas absurdas y falsas, que el pueblo termina por comprar y aceptar.

    De modo que el primer “Mindfuck” del 2022 ha sido Barinas con su elección.

    Tienes que leerla al revés, dos veces, para más o menos comprender qué pasó allí.

    Pero hoy no quiero hablar de Barinas, en específico. Solo me tomé un desvío, para llegar al punto del inicio con las citas de BBC y David Placer, que entran como un guante en la conversación que les quiero proponer.

    Resulta que en diciembre tuve un encuentro cercano del tercer tipo con un amigo que maneja información, que estudia al país desde su condición de académico, formado en las mejores universidades de Venezuela.

    Entre dos tragos decembrinos, me preguntó qué pensaba de la estatua horrenda de Guaicaipuro, que montaron frente a Banesco, a la altura del Meliá.

    Un punto estratégico en la ciudad, en pleno cruce de vías de la antigua autopista Francisco Fajardo, a la que cambiaron el nombre, como todo, a fin de imponernos la narrativa forzada del día de la resistencia indígena, mientras los verdaderos llamados de la tribu mueren de hambre y son esclavos de las minas en el Amazonas.  

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    De inmediato, medio prendido por la influencia de un escocés, apenas logré hilar un discurso, basado en el libro de Carlos Rangel, “Del buen salvaje al buen revolucionario”.

    Básicamente, le dije al bro, comparto la opinión de Francisco Toro, que afirma que es un ejemplo de “uglyfication”, con el doble propósito de lavarnos el cerebro, acostumbrándonos al despliegue de una iconografía que busca doblegarnos y colonizarnos, a partir de mitos premodernos que nada tienen que ver con la evolución de una ciudad cosmopolita como Caracas, llena de obras de arte y de arquitecturas milagrosas como las de Villanueva, Sanabria y Ponti.

    Mi amigo, conocedor del tema, coincidió en que la estatua de Guaicaipuro no puede competir con la esfera de Soto, el diseño del Hotel Humboldt, los jardines del Parque del Este o el Abra Solar de Alejandro Otero en Plaza Venezuela.

    Sin embargo, me invitó, cual Morfeo en Matrix, a pensar de nuevo en mi respuesta.

    En medio de una clásica reunión caraqueña de diciembre, fui a recargar mi vaso con un whisky doble, porque uno se calienta y emociona, cuando consigue una buena conversa en una rumbita.

    Puedes estar bailando hasta abajo, o disfrutar de pasar inadvertido, pero nada prende más la noche que hablar con alguien inteligente que te pone a dudar y a reflexionar, entre palos de medianoche.

    Una tradición, un clásico.

    Como estaba de vacaciones, decidí tomármelo con soda, apagar el celular y regresar al lugar donde me esperaba mi pana con sus ganas de expandirme la mente.

    Así que concluí mi intervención, afirmando que es la punta del iceberg de un proyecto de instalación de banderas progres, nacionalistas y populistas, que pertenecen al patrimonio de la izquierda, dándose una legitimidad de origen, un relato de un orden natural de cosas que les confiere argumentos en su narrativa de reconquista y venganza histórica de los vestigios étnicos, de los cuales ellos se sienten herederos y reivindicadores ante los “imperios”.

    Mi amigo deslizo una sonrisa pícara, sin ser condescendiente, pero con el suficiente acento que anuncia la desactivación de tu mapa mental.

    Hora de volar, entonces, pues el Morfeo procedió a enseñarme el desierto de lo real, desconectándome de mi Matrix.

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    Según su punto de vista, el Guaicaipuro gigante representa un “trabajo” del sincretismo, de la palería cubana y de la influencia espiritista que gobierna invisiblemente al país, entre la Habana y Caracas.

    Un tema que ha desvelado a investigadores respetados como David Placer y Ronny Velázquez, por ejemplo.

    De Santa Bárbara a Changó, los cantos Yorubas glorifican a las tres potencias: Negro Primero, María Lionza y El Cacique Guaicaipuro.

    Dicen los creyentes que “si les damos fuerza, nos van a curar”, “todas las materias, ya van a bajar”.

    De la corte india a la malandra, Venezuela se ha sumergido en una realidad paralela, de calles de brujos y ensalmes, que operan como consuelo, adormidera, opio, placebo y hasta alternativa de médicos improvisados sin título, que conceden cierto alivio y desahogo anímico a una población pobre y carenciada, que ha visto como el estado se retira y la sume al abandono, dejándola a merced de sus sentidos comunes y de sus escasos recursos de supervivencia, amén de la crisis, el Covid 19 y la soledad depresiva.

    De ahí que vayan en franco aumento los casos de suicidios, los cuadros desesperados de gente que paga una consulta de cinco y diez dólares con un santero, para que le calmen los dolores del coronavirus con ramalazos, tabaco y buches de aguardiente, a falta de un auténtico servicio sanitario que funcione y ofrezca soluciones a una mayoría desamparada.

    Para el amigo, nada de lo que ocurre es producto de una coincidencia o de un fallo en la Matrix.

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    De modo que la elevación de Guaicaipuro obedece a una estrategia de normalización del estado palero, con miras a consolidar el culto de las tres potencias en Caracas.

    Al lado están ya María Lionza y El Cacique, esperando por la estatua de Negro Felipe en la autopista.

    Curiosamente, la instalación de la escultura en Caracas, ha coincidido con el declive fundante de la mitología del árbol de las tres raíces, así como de su ideólogo, Hugo Chávez, en la tierra de Barinas.

    Los Santos Protectores de aquella región, según la teología y el nuevo culto chavista, eran Zamora y Hugo Rafael, quienes juntos y por separado se encargaron de librar una guerra civil contra los centrales, desde el llano.

    Hoy ha ocurrido una situación anómala y diferente en la Ciudad Marquesa, en cuanto las espadas de Bolívar no pudieron proteger al Delfín de los Chávez en Barinas, evitando su desastrosa caída.

    Debe ser que Arreaza falló el cálculo, al arrimarse a un culto que ya no prende en Miraflores y que ya no gusta a los Maduro, que es el del cuartel de la Montaña.

    En Venezuela las campañas políticas, a falta de discurso, se han impregnado de un aroma a pipa, tabaco y look de José Gregorio Hernández(recuérdense de José Vicente Rangel), para subir cerro y ganar adeptos en el inconsciente colectivo.

    Por algo, con el Mazo Dando, exhibe una puesta en escena que emula la de un santuario de la montaña de Sorte.

    Así por igual el set de “La Hojilla” y las series de televisión que patrocina el estado, como la del Bicentenario a la gloria de Negro Felipe.

    Me cuenta el insider que no es solo un asunto de “pobres”, sino que los nuevos ricos abrazan el misticismo en boga, pagado consultas de cien y quinientos dólares, para verse con las brujas de moda en el este de Caracas, haciendo cola delante de sus casas y mansiones.

    Inauguran bodegones y tiendas de lujo, con curiosos rituales de santería cubana, que afirman el pacto secreto de la Misión Barrio Adentro, con médicos que diseminaron el culto afrocaribeño de Orisha y el chamanismo yoruba, para controlarnos mejor.

    Finalmente, me invito a que observara los brazos y las muñecas de los caraqueños de hoy, pues sus pulseras delatan la extensión y propagación de su tesis, es decir, que el espiritismo ha regresado con todo en Venezuela.

    Yo la verdad no creo en brujos o santeros, pero en el país y fuera de sus fronteras no se puede desestimar su poder mágico, en el establecimiento de una nuevo estado palero.

    Visto lo visto, en Barinas aconteció un hechizo, que embelesa a una cierta oposición, porque Sergio Garrido reconoce a Maduro como su presidente legítimo.  

    Las cortes, adecas, mudecas y maduristas, se han alineado.

    Capaz Venezuela lo que necesita es un exorcismo.

    Mientras tanto, con permiso, voy por un refill.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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