domingo, febrero 5, 2023
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    El pacto no secreto de Biden con Maduro

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    Es una mala noticia para libertad y la búsqueda de la democracia en el continente Americano, que la administración Biden juegue con fuego, al reconocer al “gobierno” de Maduro, según un enfoque pragmático y realista que le costará caro, pues fortalecerá la influencia del socialismo tóxico en el mundo de habla hispana, sumándose así a la campaña del demagogo Gustavo Petro, quien es favorito para ganar las elecciones del domingo en Colombia, país vecino y estratégico dentro de la diplomacia del departamento de estado.       

    Aunado al futuro gris de la nación cafetera, bajo control de los amigos de Nicolás y Díaz Canel, los periódicos “lefty” de la “bobolución” amanecen con un estallido de optimismo, que es puro doble pensamiento, tras el encuentro sucedido el sábado entre “representantes de Biden y líderes del madurismo”.

    Da bastante cringe, pena ajena, ver cómo la prensa celestina, de Alicia en el país de las maravillas arregladas, despierta haciendo alarde de su esquizofrenia y memoria de “Dori”, celebrando que “volverá la embajada que emite los visados”, cuando hace apenas 24 horas antes condenaban el falso rodeo del “imperio” a través de la OTAN, con el fin de derrocar y declararle la guerra nazi al pobrecito de “Putin”, que es la Marimar, la víctima de la telenovela que diseñó e implantó Rusia today, para el consumo de los analfabetos funcionales del progresismo.

    Ellos no piensan por cuenta propia y esperan que Telesur les baje línea, o VTV, o La Hojilla, o la propaganda de los servicios de inteligencia rusos y cubanos.

    Las consecuencias del infame “encuentro”, no se han hecho esperar: intercambiaron rehenes y liberaron a dos presos secuestrados por Miraflores.

    Biden sí negocia con “los más buscados” de una lista de condenados, que ahora reciben trato de “dignatorios”.

    En horas y días, sabremos qué darán a cambio al régimen: capaz reactivarán las oficinas y relaciones comerciales bilaterales, de repente se cumplirá el deseo de la colaboración de “levantar las sanciones” y “abrir la embajada”.

    En cualquier caso, han legitimado a un Maduro que se frota las manos, pasándole por arriba al extinguido experimento de Juan Guaidó, que de estrella en el 2019 pasó a ser un paria, un político zombie, que solo resucitan sus fanáticos de Twitter o sus doños del Cafetal.

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    Así de facto, quieren recuperar el contacto con un patio trasero que abandonaron, dejándolo a merced de Rusia, China, Irán, Corea y Cuba. A merced del eje del mal.

    El cambio drástico de relato, se inscribe en la proyección y el escenario de un conflicto ucraniano que no se resolverá pronto, que apenas comienza y que empieza a revelar su primer daño colateral serio, sobre el destino de la paz en Venezuela.

    Porque abrazar y sentarse con Maduro, desde la administración Biden, es garantizar la repetición del ciclo que vivimos en la actualidad. Es decir, permitir la eternización del nuevo modelo bolivariano en dólares inalcalzables para la mayoría, cancelando la vía del cese de la usurpación y posponiendo la necesidad de contarnos legalmente.

    Con los esteroides de Biden, Maduro se apresta a ser el Putin de Venezuela, por la década que sigue.

    De confirmarse el pacto con la traición, vencerá el oportunismo de los que ponen los negocios y la economía, por encima de la recuperación de la dignidad y los derechos conculcados por la dictadura.

    Biden ha sido mal asesorado, por una inteligencia que imagina que desarticular y revertir la política exterior de los conservadores, es la mejor opción.

    Mi humilde pronóstico es que así, Biden conspira contra sí mismo y su desafortunado mandato, generando el inevitable regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

    Un Trump que actualmente observa los toros desde la barrera, y sonríe irónicamente, porque los demócratas allanan el camino para su segundo período como presidente.

    En Venezuela, claro, avizoramos la superproducción de un espejismo, donde retornamos a la fantasía del Miami Nuestro, de la república saudita, con una PDVSA diezmada y una identidad rota, que renuncia a la creatividad y la resistencia, en aras de quedarse con algo del botín, así sea con las migajas del reparto que se viene.

    Es como una distopía, una ilusión óptica que nos convertirá en una suerte de versión caribeña y dominicana de Turquía, con palacios comerciales y lujos de alta gama, a costa de la precarización y la invisibilización de los más pobres y vulnerables, que carecen del poder de postear y ejercer influencia en Instagram, hoy centro del mercadeo pornoturístico del país, como un destino seguro de paisajes, hoteles, playas, bodegones y restaurantes.

    Bonito para pasear o posar de rico, si tienes Zelle o una maleta de dólares, pero un infierno para los que carecen de tiempo para andar montando bailes y rumbas en Tik Tok, porque tienen que madrugar en la cola de gasolina o en una fila del seguro social, esperando cobrar un bono inservible y de hambre.

    Un país que amenaza con consolidarse como una pantalla, como un loop de Reels en la tucacas de Cabeza de Caja, al ritmo del regetón y los story times de los influencers que comen y duermen tranquilos.

    Fuera de allí, te acecha el peligro y el riesgo de saberte en una boca del lobo, en un azar, en un lugar que es caro, costoso, intranquilo e inseguro.

    Más que un sueño americano, es una pesadilla por la que apuestan Maduro y Biden.

    Así queda el nuevo mantra: cese del interinato, gobierno de usurpación y fin de las elecciones libres.

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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