lunes, diciembre 6, 2021
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    ¡Hola Alejandro Betancourt, la justicia llega!

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    Con cara de yo no fui, Alejandro Betancourt, el bolichico mayor de la estafa Derwick, recibió una sorpresa en Barajas de Madrid, al ser increpado decentemente por una dama venezolana indignada, como tantos coterráneos por tener que salir del país, con una mano adelante y otra atrás, a consecuencia del colapso eléctrico que provocó la estafa de las generadoras y plantas vendidas al estado, a precio inflado, por la compañía del que luce como que no parte un plato en el video rodado en el aeropuerto de España, sede y cuna de oro, la guarida que se construyó el supuesto empresario, con el dinero que le robó como caramelo a sus niños cómplices del petroestado venezolano, en una clásica jugada del tráfico de influencias y el desvío de fondos, que no es nuevo en el país y que se le conoce historia desde la época de la colonia.

    Interesados en la materia, pueden revisar los antecedentes, perfectamente ilustrados en expediente negro, por la pluma de Don Américo Martín en el libro “Los Peces Gordos”, una cronología porno y sin censura de las riquezas que surgieron al amparo de las haciendas administradas por gobiernos y dictaduras.

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    Pensará el ingenuo que la historia del peculado comenzó en Venezuela con Alejandro, pero se sorprenderá al saber que ningún período o década de la memoria de la nación se salva en la cantidad de rapiñas de las que ha sido objeto su tesoro público, al distraerse en beneficio de los tiranos de turno, de las familias asociadas, de las roscas de los partidos, de los militares alzados, de las dinastías gomecistas y perezjimenistas, de los eternos constructores de castillos en el aire que se unieron en matrimonio a la rosca de los ministerios correspondientes, a efecto de garantizarse un retiro dorado en el exilio, tocando piano y comiendo perdices.

    Por desgracia, si hay un libro amplio de la corrupción criolla, el capítulo chavista rebasa los récords de los anales en cuanto a saqueos se refiere.

    Ahí están los casos de Álex Saab y una larga lista de sancionados, para comprobarlo, todos ellos investigados responsablemente por la prensa independiente y valiente en la diáspora, desde Armando Info hasta Alec Boyd y su teoría ya comprobada por él de la “sociedad de cómplices”.

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    La chaquetica Ralph Lauren que se gasta el muchacho.

    De modo que la erra el que arguye que se trata de un problema de algunas manzanas podridas, de ciertos personajitos carentes de escrúpulos, porque en verdad estamos ante un resultado, una constante de un sistema que premia y perpetua la impunidad, en base a leyes maleables por tribunales truchos, sobre la base de un desorden constitucional que solo encarcela a los pendejos y a los peladores, tal como afirmó el Padre Alejandro Moreno, antes de fallecer, en sus artículos de prensa.

    Para acabar con los tiempos de rateros, no de carteritas sino de partidas presupuestarias, tiene que existir una reforma real del estado que no se ve por ningún lado. Una reforma que, mediante leyes, meta miedo de verdad, imponga la justicia y condene a los maleantes de cuello blanco, aplicando la vieja técnica del castigo ejemplar.

    De otra forma, de seguir igual, pues los bolichicos, con gomina y lentes de Hawkers continuarán reproduciéndose como larvas y parásitos del papá estado. Un asunto que no se resuelve con dilemas filosóficos e ideológicos inútiles, sino con acciones concretas.

    Así terminaron tras rejas incontables defraudadores del fisco en el mundo, incluyendo los procesos en contra de los ladrones del Foro de Sao Paulo, como el camarada Lula, a causa del escándalo de corrupción de Petrobas, sindicado de adjudicarle 8 millones de dólares en prebendas y contratos personales.  

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    La emblemática mujer toca la delicada mano del indiciado, mientras él sostiene y revisa un celular como si nada le pesara en la espalda, como si los apagones no fuesen con él, como si representara la imagen de otro inocente caraqueño del este, con pose y look de ganador, de exitoso, de gerente chic, de libertario casual, de meme que despierta las pasiones de la endogámica y permisiva comunidad de sifrizuela.

    Ahí donde Alejandro mejor ni se menciona, o apenas se comentan sus deslices como conductas impropias de una mansa ovjejita descarriada del rebaño, cual concejal empoderado, jactándose de alquilar a prostitutas y “niñas” para llevarlas al matadero de Tulum.

    Individuos de número así, creen salirse con la suya por la tangente, poniendo caritas de apenado, deslizando muequitas de avergonzado, defendiéndose con el clásico “podemos hablarlo”(con mi abogado que me proveerá de inmunidad por siempre).

    Será en la corte, donde podamos hablarlo con autoridad y seriedad, en un país con justicia transparente e imposible de comprar con una cuenta en un paraíso fiscal.

    Al final, que nadie se llame a equívocos y cuentos.

    El video le brinda un fresquito a muchos que son víctimas y que sufren por los desmandes de los bolichicos, pero no es suficiente con un ejercicio de catarsis colectiva, a partir de los videos de Alejandro y del concejal del Hatillo.

    En ambos casos, comunicados, escraches y lecturas de papeles escritos por asesores de imagen corrompidos, forman parte del mismo simulacro, del mismo espectáculo que no va al fondo de la cuestión.

    Urge adecentar al país con un cambio de timón, que traiga de vuelta valores democráticos y republicanos.

    Demandamos una restauración de la ética, que impida la actual propagación de los genes de los bolichicos y de los concejales amparados por partidos que hacen silencio frente al descaro y el desatino de sus miembros.

    La actitud es la de la mujer que desnudó al reyezuelo de una quincalla rota, de un imperio falso, en Barajas.

    A Alejandro que no le gustan los flashes y las preguntas incisivas, le ha salido una reportera espontanea con un manejo educado pero contudente de la escena.

    No será la última, pues la Venezuela decente se hartó de las vagabunderías de Alejandro y de sus compinches condescendientes en el latrocinio.

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