miércoles, enero 26, 2022
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    «La Diosa versus los dioses» por Joaquín Ortega

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    Joaquín Ortega. La Casa de las Sospechas.

    Se cree que el mundo primero fue matriarcal. 25.000 años antes de nuestra era  cristiana la fertilidad era no solo mágica sino real: la siembra de alimentos y de personas se producía solamente en el terreno fértil del útero femenino. La mitología se apoyaba en la dinámica de guía y apoyo de la gnosis femenina. Empezando por las amazonas… y culminando en la terapia como rama femenina de la curación del inconsciente… la Diosa reinaba, elegía a su Dios compañero, mientras los dioses menores escuchaban.

    Atemisa, Isis, Astarte, Devi, Ekanini, la Venus de Altamira deidades imaginadas, pintadas o esculpidas presidían lugares sagrados cuyos templos mezclaban a partes iguales: el futuro leído por oráculos y la presencia divina en la tierra por medio de fecundaciones sagradas. Desde las planicies de África hasta lo más profundo de las selvas del Amazonas…griegos, romanos, vikingos, hindúes o mongoles respetaban los orígenes de la gran madre, construyendo imperios dirigidos al menos de la calle para afuera por varones. El hogar, el habla, la educación y la alimentación fortalecían el cuerpo humano (como un árbol sagrado) y allí la mujer dirigía, y por ende reinaba.

    El origen de todos los miedos es la ignorancia; así las cosas desconocer el proceso del embarazo se unía a la percepción que tenían guerreros y consejeros de las dinámicas de poder: el lecho de amor convence más que cualquier ejercicio retórico o argumental. Las líneas de poder comenzaron a generar argumentos que le cerraban el paso natural a enemigos femeninos o masculinos. Es por ello que la paciencia y sagacidad se puso a prueba y cuando las jerarquías se vieron indefensas a las relaciones horizontales decidieron fortalecer la burocracia alterando costumbres, reescribiendo el derecho divino, creando propaganda distorsionadora de ciertas decisiones femeninas.

    La gran Diosa o la Diosa primigenia también se altera en nuestros días: del placer puro a la maternidad y al amor en pareja o familiar, se pasa a una dinámica de promiscuidad, violencia y aborto. De la responsabilidad individual se llega por vía de distorsiones emocionales a teorías de lucha entre sexos. Del machismo se compra como definitivo una versión hembrista, que se parece demasiado a su enemigo original. De un macho castrador y despótico, hoy se impone en la política destructiva una hembra igual de primitiva.

    De pronto, se conecta todo éste ruido con la llamada conspiración de la religión del Nuevo Orden Mundial; en donde la tecnología y el satanismo van de la mano produciendo muertes de inocentes para alimentar al antiguo Dios Moloch. Asimismo, la tecnología va creando úteros artificiales, de manera de robarle al poder femenino el monopolio de la reproducción, del parto natural y orgánico. Frente a esto, las respuestas demenciales no se hacen esperar, de manera que se confunda cualquier feminismo legítimo y democrático con movimientos de automutilación o simplemente defragmentadores de la psique humana.

    La prehistoria es matriarcal, sin duda… pero la historia actual (secuestrada por la ideología de la despersonalización y el desencaje infantil) hacen necesario invocar de nuevo el lenguaje y la presencia de la Diosa, una que actúe de la mano (y codo a codo) con su compañero celestial, integrándose ambos en la tierra a la manera simbólica y alquímica junguiana, sin dejar de lado la complementariedad biológica de todo viaje humano en pareja o en familia.

    @ortegabrothers

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