viernes, febrero 3, 2023
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    La doble ruptura y la búsqueda de una alternativa política en Venezuela

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    Hoy 23 enero se reclama un editorial político. Llevaba tiempo evadiendo el tema, porque ya no prende en el algoritmo, porque la gente se cansó de hablar de la misma mala noticia. Es la realidad. Culpa del estado, del desgobierno y de su floja oposición, actualmente cuestionada.

    Pero el deber moral llama y nos invita a proponer una reflexión.

    En primer lugar, justifico el título de la siguiente forma: el escenario del 2023 es el inverso al de 1958, cuando se derrocó a Pérez Jiménez, al punto de encontrarnos en una situación paradójica, donde los jóvenes reivindican con nostalgia al dictador de aquel entonces, en una reescritura histórica carente de sentido, porque olvida a la Seguridad Nacional y a las víctimas del régimen de los cincuenta.

    En la actualidad, vivimos bajo la sombra de un pensamiento militar, de una inteligencia acuartelada, cuyos jerarcas reciben sanciones internacionales y condenas por violación a los derechos humanos. De tal modo, como dice el profesor Pino Iturrieta, nuestro pasado no pasa.

    En el milenio, con las tumbas, regresamos a las mazmorras de la Cárcel Modelo, a la Isla Guasina, a las torturas silenciadas e ignoradas por la comunidad de países progres.

    Sin embargo, apenas protestan duro los profesores subpagados ante la indiferencia del Ministerio de Educación, señalado por derrochar en fiestas de navidad, en lugar de resolver un aguinaldo decente para los maestros de la escolaridad pública. Muchos sufrieron la pena de no celebrar el año nuevo, con una mesa desierta, sin pernil ni pan de jamón.

    La mayoría ha decidido, un poco, fingir demencia, sobrevivir, concentrarse en resolver sus problemas inmediatos y urgentes.

    Por tal motivo, llamo a mi artículo “la doble ruptura”, un proceso, una categoría de análisis de Pierre Bourdieu, según la cual los venezolanos sienten una profunda decepción tanto del falso socialismo, como del fiasco de su oposición más condescendiente, electorera y atomizada.

    Por eso, nadie lloró en el funeral del interinato, que al final murió de nada. Solo quedaron para la foto doméstica, las reyertas entre sus viudas y sus alacranes, aun menos queridos y respetados por la opinión pública.

    La doble ruptura nos ha dejado un vacío político en la nación. De ahí que se consuele y compense con una fantasía de consumo por las nubes, con una apariencia de prosperidad que no sube cerro, con un simulacro de arreglo que explota cual burbuja en enero, con el diseño de un consenso mediático, por redes sociales, en el que la discusión por la farsa de la Venezuela Premium, oculta a las verdaderas angustias del ciudadano.

    Parte del rollo es que Tik Tok, con su algoritmo Chino, ha posicionado una realidad aspiracional, de lujo y Ferraris, que es para unos pocos influencers.
    Un pote de humo, con gusto de enchufado y aroma de nuevo rico, que se instala como parangón de envidia, de si tú quieres-tu puedes, en el inconsciente colectivo.

    El asunto es que la cultura del derroche, resulta insostenible como paradigma social, cuando la contrastamos con los salarios de hambre y los precios dolarizados, inalcanzables para casi todos.

    Acierta Nehomar Hernández al afirmar que los políticos han perdido sintonía, al verse como seres distanciados de semejantes dilemas, de tales crisis. Muy por el contrario, asegura el comunicador, los líderes de los Partidos han descubierto el fashion y le han cogido el gusto al guiso de almorzar en las Mercedes, a costillas del trauma nacional.

    La polarización, que antes amagaba con pelearse y diferenciarse como en la lucha libre, optó por mimetizarse en un carrusel de lujo, en una pasarela de experiencias VIP.

    ¿De dónde sacan la plata? ¿Cómo hacen mercado? ¿Quién les pagan los trajes? ¿Por qué viajan tanto? Nadie lo sabe. Es un misterio.

    El asunto es que ambas fracciones se apoltronaron, se quitaron la careta de la disyuntiva, prefiriendo normalizar sus relaciones de contubernio en mesitas que negocian quince puntos a favor de ellos, y ninguno para nosotros.

    Se ha permitido que la farsa de México, llegue demasiado lejos, como una serie amañada con capítulos hinchados y temporadas enfermas de importancia, en las que de verdad no pasa nada.

    Es la ausencia de conflicto, la negación de la acción dramática, el estancamiento perfecto. De manera que el 23 del 2023, vaya fecha, amanece con la persistencia de un autogolpe, que perpetua la historia de la que abusa el estado. Una historia manipulada, suspendida y huérfana de narrativa.

    ¿Hacia dónde vamos?

    Capaz el futuro inmediato, se cuece a fuego lento, y no lo sabemos. De repente estalla en mil pedazos, como la era de la Unión Soviética, y se lleva por delante a unos y otros, confiados en su mito de eternidad.

    Por lo pronto, se requiere de una alternativa, de recuperar el espíritu de la democracia, de buscar un liderazgo y un proyecto que nos entusiasme con más empatía que resiliencia o adaptación al abismo de la náusea contemporánea.

    Con un outsider que no se ve en las encuestas, con varios marcadores en contra, Venezuela despierta un 23 de enero, en la zona de confort de los villanos de siempre, a quienes conviene la calma chicha.

    Tomemos un respiro para meditar en ello, y mirar con otra perspectiva el devenir del año.

    De la doble ruptura debería nacer una alternativa.

    ¿Ustedes qué piensan?

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    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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