miércoles, noviembre 30, 2022
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    La guerra falsa de la “robolución” para tapar su último viernes negro 

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    Utilizando las palabras de Jean Baudrillard, la tal guerra del régimen no está teniendo lugar, aunque lo parezca en el escenario de las ruedas de prensa.

    Es un fraude, una vulgar estafa.

    A primera vista, luce como un control de daños, una operación de propaganda, donde el madurismo finge gobernar con probidad y eficacia, en defensa de la justicia contra la corrupción. 

    En realidad, y fuera del plano de la posverdad, es un simulacro que solo declara el viejo conflicto que existe entre el madurismo y el chavismo originario que representa Rafael Ramírez, alrededor de los repartos mafiosos del dinero robado a PDVSA, una trama silenciada por el régimen por todos los medios, desde el 2004 hasta el 2017, mientras ocurrió el desfalco de la petrolera venezolana, para saquear el presupuesto nacional y mantener la ficción del estado mágico socialista, cuyo derroche en misiones compra la conciencia del electorado pobre.

    Disuelta la fantasía por la rapiña y la destrucción de la empresa, las viudas y sepultureros de la llamada “robolución”, proceden a desmembrarse en pequeños grupos de poder, atomizando a la izquierda y disolviendo su impacto, al punto de sobrevivir como un mito en fase de extinción.

    No es hoy cuando Rafael Ramírez es expuesto por la prensa, por una nueva riqueza que no tiene como justificar.

    Los periodistas de investigación han ventilado el asunto, como el caso de Alek Boid, Armando Info, el equipo de Tal Cual, Patricia Poleo, Lara Farías y Neomar Hernández, quienes lo han informado y cubierto para las redes sociales, sin censura, arriesgando el pellejo y el de los suyos.

    Es una falta de respeto y de sindéresis que ahora los Tarek se quieran vender como los sheriff del pueblo desvalijado y malversado, cuando ellos figuran en la lista de los más buscados y fueron cómplices, por omisión, de los escándalos que hoy denuncian, siguiendo un guion de inteligencia cubana, china y rusa, un brief que les diseñaron los publicistas de la campaña de “Venezuela se arregló”, con el propósito de desviar la atención de los problemas que auténticamente desvelan al ciudadano: el estallido de la burbuja del dólar a cuatro treinta, producto de la megadevulación que condujo el pago del bono vacacional.

    El mismo sistema que pasó un año apagando los fuegos de la política, para que la gente se drogará con una sobredosis de consumos en bodegones y conciertos, amanece nuevamente quebrado y más endeudado, teniendo que inventarse un show mediático que lo oculte y disimule.

    Así que Rafael Ramírez ha sido el elegido para incorporar el estereotipo de la manzana podrida, del caído en desgracia, del chivo expiatorio, del judas al que los apóstoles de Nicolás niegan y condenan al calvario de la opinión pública, después de retratarse con él, crecer con él, dejarlo hacer, celebrarlo en cadena, reubicarlo en la jerarquía burocrática.

    Por tanto, su degradación responde a la escritura de un libreto que lleva años redactándose primero en secreto, y luego al calor de las purgas que ha hecho Maduro para sacarse a cualquier competidor de encima.

    Lo hacen justo en agosto, porque les conviene lanzar un pote de humo, así como ajustar una deuda pendiente con un típico “disidente” que nace dentro de las filas de la dictadura, a fin de convertirse en supuesto opositor de columnas de opinión, podcast y demás efectos especiales.

    Ramírez también ha sido poseído por la crisis de la mediana edad que atormenta al estado agresor, sintiéndose finito y vulnerable, sabiéndose desplazado y degradado, entendiéndose como un eslabón de una estructura que va extinguiéndose, pues no permite el recambio generacional y se le agota el tiempo de permanencia en Miraflores.

    De modo que él tampoco supone una alternativa al desorden reinante. El problema es que pretende ocupar la silla de Maduro, proponiéndose como candidato. Una hipotética participación suya en las próximas elecciones, sí le restaría votos al electorado ya hiperfragmentado del madurismo.

    Así que lo inhabilitan de facto, prefiriéndolo quemar delante de las cámaras de televisión. Ramírez es más útil para el régimen, como falso enemigo, que como contendor en los comicios del 2024.

    Ellos se explotan de tal forma. El tema es que, como se escucha en los predios del Guaire y de los barrios, la única revolución que se vive es la de los juegos del hambre. Por eso hay tanto policía en la calle, conteniendo los amagos de estallido, reprimiendo y volviendo a matraquear como a principios de la cuarentena.

    Es la orden tácita que se ha dado, para que la tropa haga su agosto, preparándose para las navidades adelantadas, a costa de los bolsillos de la clase media extorsionada en alcabalas.

    El show, el teatro concluye con la ilusión de fabricarse otra oposición, de color rojo rojito, que sustituya a la película trágica del novelón interino, que ha perdido todo rating y que no sube cerro, ni con la mocha de Monoremos, Mazo Dando y Par de Calvos juntos.

    Ayer crearon la tramoya del bobo de Trapiello, un trapo harto cutre y viejo, una trampa, otro escándalo para desinformar.

    Actualmente, surge la guerrita virtual de Ramírez con Tarek, que es tan legítima como la lucha libre mejicana con máscaras populistas.

    Un enfrentamiento que está lejos de lesionar las bases del régimen, y que usted no debe tomar por letra muerta, para acostarse a dormir con un titular de Carla Angola que afirma que ya la cosa está lista en las Fuerzas Armadas, que mañana sí, que es es en minutos, que es inminente el cese de la usurpación.

    Parece que se juega a lo de siempre, que es inflar una expectativa, de la que sacan réditos propios y extraños, con el objetivo de manipularnos y decepcionarnos a la postre.

    No sea usted víctima de la manipulación de unos y otros que juegan a lo mismo.

    Regresemos a la política, pero no a la de la demagogia y la especulación, brindando falsas esperanzas.  

    Por el camino que van, los Tarek descubrirán que la tierra es redonda, y que también la compraron los bolichicos.

    La guerra falsa de la “robolución” para tapar su último viernes negro  4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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