lunes, junio 27, 2022
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    «La teoría del cisne negro» por Joaquín Ortega

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    Joaquín Ortega.

    En ciencias sociales se dice que un cisne negro es la prueba en contrario de la generalización. En algún momento los científicos afirmaron que: “todos los cisnes son blancos”; pero resulta que apreció uno con plumas de pigmentación oscura y hasta allí llegó el éxito de la tesis. Hoy en día, en el habla cotidiana se dice que “cisne negro” es un evento inesperado, imprevisto o al menos poco probable.

    Son muchos los analistas y Think Tanks que consideran que los potenciales escenarios de desequilibrio global pueden ser previstos e incluso manejados desde el Estado o las corporaciones. Muchos de estos supuestas realidades futuras las encontramos en profundidad en revistas como The Economist, en la DNI de EUA, en análisis de perspectivas de la Rand Corporation o en infinidad de centros académicos europeos y asiáticos.

    Cuáles y cuántas son las previsiones; al menos son ocho previsiones o peligros por área; de las cuales muchas de éstas ya han sido expuestas por los llamados investigadores alternativos, esos que de vez en cuando reciben la mala prensa acusándolos de la manera más simplista como “conspiranóicos”. Pero vayamos en orden:

    El primero de ellos es el desmembramiento de Estados Unidos. El colapso del orden interno de ese país produce una crisis mundial. La anarquía internacional provoca el colapso tanto en el orden económico como en el equilibrio de poder militar; lo que significaría en lo inmediato guerras intestinas, invasiones entre países vecinos, incapacidad para sobrellevar el cambio financiero y el fracaso rotundo de todo tipo de tecnología para la subsistencia humana, más allá de aquellas técnicas que dejaron de usarse hasta finales del siglo XIX.

    El segundo es la posibilidad de una crisis mundial producto de un evento de acción meteorológica: manchas solares, tormentas geomagnéticas, colisión con objetos celestes, etc. Sin satélites ni tendido eléctrico (ni mucho menos artefactos electrónicos) las comunicaciones y los traslados por aire, tierra y mar se enfrentan a una situación de cero movilización. Quien no depende de electricidad es posiblemente alguien que viva en los espacios más agrestes del planeta.

    El tercero es que las grandes potencias sufran un ataque cibernético o un evento nuclear. Actores no estatales son capaces de convertirse en un verdadero peligro para las sociedades modernas atacando de manera enmascarada a países naturalmente enemistados. Tanto las guerras nucleares como los ataques cibernéticos son tan posibles como el terrorismo no religioso o el terrorismo no militantemente humano. Solo pensemos en aquella escena de 28 Days Later (Danny Boyle. UK, 2002) donde un comando pro derechos de los animales libera a un grupo de monos infectados de un mal de rabia reforzado en un laboratorio de guerra británico.

    El cuarto gira en torno a un cambio positivo en la perspectiva democrática de países como Corea del norte, China y en especial Irán. El cambio posible de volverse menos beligerantes y enfocar su energía en la paz y no en el desarrollo de armas con objetivos de exterminio de naciones vecinas crearía un nuevo énfasis en voces más morigeradas en los foros internacionales. Todo ello redundaría en la economía de estos países, tradicionalmente enemigos del comercio tradicional y de la paz.

    El quinto es el referido a un colapso específico en China. Que caiga su poder de compra per cápita, que cayera su consumo y que movimientos anti totalitarios y pro democráticos crecieran para enfrentar la férrea estructura del partido comunista chino. El efecto en la economía global no habría que esperarse más allá de días o incluso horas. Movimientos de corte nacionalistas y algunos de índole separatista aparecerían como nuevos actores de su futuro inmediato

    El sexto es el colapso de la Unión Europea, la caída del Euro y la posterior quiebra financiera de socios en Asia, sur américa y las islas del caribe.

    El séptimo tiene que ver con el cambio climático y sus efectos acelerados en el entorno del planeta tierra vinculados a lluvias o sequías, específicamente en lugares donde se producen la mayor variedad y cantidad de estos alimentos

    Por último, el escenario que ya nos tienen preparados desde que apareció el marketing del terror con Wuhan en 2018: las nuevas pandemias. Entrarían en escena un grupo de nuevas enfermedades, en especial aquellas que infecten vías respiratorias, las cuales producirían la muerte de al menos un tercio de la población mundial, en menos de seis meses.

    @ortegabrothers

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