domingo, agosto 7, 2022
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    «Leo Taxil: el primer Mad Men» por Joaquín Ortega

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    Joaquín Ortega.

    La publicidad propone bajo una serie de técnicas la venta de un producto (entre una variedad de marcas) muchas veces con los mismos ingredientes y preparación; queda de los creativos lograr captar la atención del público y generar fidelidad y recordación. La propaganda y la difamación utilizan las mismas técnicas, pero los fines son infinitamente peores y con efectos nefastos para quienes entran en su área de influencia, por decir lo menos.

    El seudónimo y los textos

    Leo Taxil era uno de los seudónimos que utilizaba Gabriel Jogand-Pagès, un furibundo escritor cuya cáustica e inventiva pluma capturó la atención de un público diverso, produciendo una verdadera confusión entre casi todos los lectores que repasaban sus escritos. A partir de lugares comunes, fábulas, leyendas clásicas y una sazonada mezcla de verdades con mentiras elaboró una inquietante ficción humorística que atrapó a ingenuos y sagaces por igual. No sería hasta que él mismo revelara su impostura literaria cuando tirios y troyanos cayeran en cuenta del engaño.

    El libro revelaba supuestas misas negras en las tenidas masónicas, denunciaba una serie de ritos más cercanos al surrealismo y la caricatura (vistos con los ojos contemporáneos, claro está) y repetía, muchas veces las cosas que querían escucharse en los conciliábulos más conservadores… o pro monárquicos (políticamente hablando) de la Europa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

    Doble agente y legado

    Luego del éxito de sus obras Leo Taxil se dio a la tarea de llevar y traer información del ámbito de la masonería hasta la iglesia católica. Cruzando fácilmente las fronteras de las sociedades secretas y aprovechando la vara alta con sus amistades en el clero, hizo que ambos bandos creyeran las versiones más fantásticas de uno y otro mundo. Metódicamente en su venganza contra masones logró difamar a la sociedad secreta por excelencia, pero también dejó al descubierto las prácticas de financiamiento de la iglesia contra sus enemigos argumentales en la tierra.

    Al día de hoy muchas de las técnicas de propaganda política comparten algunas de éstas metodologías y procesos… y se encuentran en las obras de Eduard Bernays, pasando por los pasos para despersonalizar a grupos o individuos en sectas o masas ideologizadas, hasta manuales pre electorales.  Entendemos el éxito de Taxil porque sus textos fueron leídos, compartidos, repartidos, reimpresos y comentados en peñas políticas, colegios, universidades, programas de radio y de televisión durante un siglo entero y lo que va de éste.

    Transmedia antes del transmedia y técnicas vigentes

    Como contenido creativo se adaptó a la narración radiofónica, al folletín por entregas y en términos estéticos alimentaban al pasquín auditivo de terror. Su mezcla de fantasía con mitos previos eran del gusto sobre todo de los más pequeños.

    En términos de técnicas Taxil al igual que un texto previo conversación en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu (que luego daría pie al infame Protocolos de los sabios de Sión) ofrecía la materia y la forma para construir un exitoso marco para el engaño masivo. Veamos:

    1.- Más que ideas hay que pronunciar lemas o consignas

    2.- Se deben lanzar a diestra y siniestra comentarios explosivos (los llamados “mensajes granada”

    3.- Se debe apuntar a las emociones y tocar siempre temas altamente sensibles y controvertidos 

    4- Posteriormente hay que generar simpatía, a través de la unidad (Por ejemplo: ahí está el enemigo común, pero nosotros somos mejores)  

    5.- Se deben contar verdades a medias

    6. El mensaje se basa en la repetición, la saturación y el desgaste de la autonomía de la voluntad de quien lo escucha.

    7.- Hay que crear un mensaje repetido, coordinado y orquestado en clave de campaña propagandística. Así, cada quien dice lo mismo en sus palabras, pero cada mensaje (aún siendo el mismo) parecerá distinto.

    La ideología no es broma

    Como vemos católicos, fascistas, comunistas, sectarios, terroristas, integristas e ideologizados en general han utilizado alguna de estas tácticas, las cuales en regla de manual no incluyen la altísima creatividad y humorismo de Leo Taxil; quien fuera posiblemente el primer creador de rumores con base a una mundo fantástico propio, del que tengamos noticia.

    Y pensar que un consumado bromista (confesado con vítores y risas en la Sociedad Geográfica de Paris en 1897) produjo un chiste tan cruel como radioactivo a lo largo de los años.

    @ortegabrothers

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