miércoles, enero 26, 2022
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    Matar a los cuatro de Liverpool: Conspiraciones sobre The Beatles

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    Por Joaquín Ortega. La Casa de las Sospechas.

    El arte es el medio de expresión humano por excelencia. Las emociones, ideas y anhelos se reflejan en canciones, dibujos, pinturas, películas y obras de teatro. En sus plataformas y lenguajes pueden cambiar (o no) el mundo interior de las personas. De lo que no queda duda, es que ya sea que se insinúen temas de agendas ocultas…o que se hagan manifiestos directos de objetivos políticos explícitos… sin una propuesta estética clara, mal pueden lograr nadie un mensaje exitoso en las audiencias.

    Música y asesores

    Desde que la música popular se asoció a ideas normalizadoras, distractoras o subversivas el poder político y los organismos de inteligencia comenzaron a observar de cerca a creadores, ideólogos, financistas, promotores y masa repetidora. La canción de protesta y el cantante guitarra en mano (como heredero directo del poeta griego o el juglar europeo) podía ser modelo y modelador de conductas.

    Los asesores de los reyes ponían en boca de los trovadores de camino las supuestas bondades de su reinado; igualmente, en su fuero interno el común de las personas se burlaban a partes iguales de la humanidad de sus monarcas y del dolor que sufrían en las alturas sometidos a dramas totalmente humanos. Por otro lado, desde las naciones enemigas se financiaban algunas contenidos para minar la moral del enemigo engordando historias de traición, bastardía o simplemente falta de coraje.

    Nace el rock. Crecen los Mass Media

    Además de ser una fuente de ingresos nunca antes vista, la industria discográfica  apoyó a la batalla occidente versus oriente. La realidad de la cortina de hierro y un agresivo mundo bipolar necesitaban desesperadamente canciones de guerra o paz, en función de ese objetivo a gran escala que significaba la repartición del mundo en dos inmensos bloques políticos y económicos.

    Al ser The Beatles la propuesta musical y estética más representativa de los años 60 se convirtieron en foco de atención de tabloides amarillistas y seguidores tanto más obsesivos. Llamarse Fans, esto es, “fanáticos” habla del nivel de extremismo al que pudieran llegar dichos consumidores, si sus fetiches adolescentes sufrían algún bien, algún fracaso… o simplemente opinaban sobre un tema social, del cual ya era suficiente para que se le considerara como santa palabra.

    Conspiraciones sobre The Beatles

    Había tanta confusión que se decía que las canciones de The Beatles estaban compuestas para lavar el cerebro (a jóvenes de cualquier país y sistema político) y que junto al diseño de un modo de vida anti militarista (o cripto militarista) estaban destinadas a demoler agendas izquierdistas, derechistas, pacifistas, tradicionalistas, progresistas…todo dependiendo del enfoque de quien diera la explicación. En Europa y Estados Unidos se perdían infinitas horas analizando una misma canción y se podían llegar a conclusiones totalmente enfrentadas y excluyentes, generando cada vez más incongruencia entre los observadores menos apasionados.

    Para muchos analistas el consumo de drogas, una vida sexual dispersa, el consumo de películas pacifistas y las formas de alimentación veganas crearían el mejor caldo para la despersonalización de los individuos: produciendo masas poco molestas y contestatarias, solo de la boca para afuera. Dicha explicación daba para todo y propiciaba la pregunta: ¿drogas a la mano para destruir a la juventud occidental por objetivos comunistas o drogas a la mano para destruir a la juventud que se estaba inclinando al comunismo? No había forma de ponerse de acuerdo.

    Portadas de Long Plays, forenses y el mismo elenco

    La portada del disco Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band prendió la mecha de la discusión que dura hasta el día de hoy. Allí, Paul McCartney aparecía descalzo,  apuntalando una leyenda urbana que afirmaba que el músico no solo había muerto en un accidente de tránsito, sino que fue sustituido por un impostor: Billy Shears (o William Campbell) de extraordinario parecido físico al finado Paul, eso sin contar un evidente talento en la composición y el canto. A todas estas Paul no muere una si no dos veces, pues las teorías más delirantes exponen que en el disco que grabara con Michael Jackson la canción Say, Say, Say es un guiño al Six, Six, Six del número de la bestia bíblico y ahora ese “Faul”, ha sido sustituido por un tercer clon de confección híbrida humano tecnológico.

    Otra portada polémica fue la de Yesterday And Today en donde los cuatro de Liverpool disfrazados de carniceros sostienen partes de un muñeco de bebé. Algunos la interpretaban como una referencia al estado del cuerpo de Paul luego del fulano choque, otros la conectan con la conspiración más reciente: la del adrenocromo, el robo, cría y consumo de niños para élites que persiguen la eterna juventud como vampiros posmodernos.

    Y como las teorías cíclicas no cesan, las personalidades involucradas en el mundo de la música popular manipuladora de masas incluyen al publicista Edward Bernays, al Insituto Tavistock, a supuestas organizaciones tibetanas, proto nazis de la sociedad Thule, ex Gestapo y las SS.

    Misión: matar a los apóstoles de la música popular. Operación Caos

    Sin extendernos en un tema aparte conocido como el “Club de los 27” (artistas que mueren antes de cumplir los 28 años) el Rock and Roll siempre ha estado en el ojo del huracán: muertes extrañas y no tan extrañas, si entendemos un estilo de vida límite que empuja lógicamente a desenlaces funestos. Pensemos en Jimmi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Kurt Cobain, Tupac, Kurt Cobain, Mike Hutchence, Chester Bennington, Amy Winehouse, Chris Cornell. Cada uno con una historia conspiranóica a cuestas. La supuesta operación Caos que enfilaba su inquina contra los melenudos pacifistas negados a prestar sangre y vida a la maquinaria de guerra en Vietnam sigue atrayendo tanto la atención, que junto a las tesis de control mental de famosos ofrece todos los años argumentos para películas y series con las que dormimos o despertamos regularmente.

    El gusto de los fanáticos por escuchar canciones al revés, tracks alternativos, explorar un solo canal de las grabaciones, ver sigilos y mensajes de sociedades secretas en cada gesto se han vuelto una parte de la lectura de la cultura pop desde miradas alucinadas. Al final de cuentas, abrir y cerrar los ojos con o sin música  es una práctica tan antigua como humana y matar ídolos se nos da también como silbar canciones.

    @ortegabrothers

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