lunes, febrero 6, 2023
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    Mis cinco problemas con la Venezuela Premium

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    El fin de semana se prendió otro escándalo para desinformar: un video de una chica llamada @manarnaserm se hizo viral, por criticar al “new rich” de Avanti, desde una presunta experiencia como chica de clase con “old money”.

    Por supuesto, le llovieron críticas de todo tipo, descalificando al contenido por su ridiculez, su esnobismo, la incoherencia entre lo que ostenta y lo que es en realidad, su fenotipo mestizo de origen árabe, su desatino al prolongar la polémica del clasismo de Emely Barile, que tal parece que ha quedado “out” ante el ascenso de La Venezuela Premium de Manar.

    Al respecto, comparto cinco precisiones y observaciones.

    1) El comentario de Manar, aunque duela, no deja de tener razón. De seguro su defecto procede en la forma de manifestar su cuestionamiento, o su queja, o su malestar, o su desprecio de clase. En cualquier caso, cumple con señalar que el rey de Avanti está desnudo, porque ofrece productos no de Quinta Avenida o de Sacks, sino de un Macys caraqueño, una tienda por departamento con ropa cara de outlet de Miami. Recientemente, expertos en fashion han denunciado que han visto expuestas franelas de otras temporadas, vendidas a precios sobrevalorados de Harrods en Londres. Quiere ser Avanti nuestra Harrods, pero se perfila como un elefante blanco, que permanece desierto y ensimismado, con escasos clientes y movimientos, como un monolito de 2001, en el que se reflejan las carencias de nuestro planeta de los simios, incentivando peleas y discusiones tóxicas, a garrotazos y golpes bajos por redes sociales. Kubrick lo pronóstico en su drama distópico de ciencia ficción, así como en la estupenda “Barry Lyndon”, retrato de la decadencia aristocrática y exposición trágica de un trepador social, como hay tantos en la Venezuela Premiun. Entonces Avanti refracta, involuntariamente, al puente de hierro militar que la precede en las Mercedes, al río Guaire que desfila a diario delante de sus narices respingadas, que tienen que taparse indefectiblemente, con aires prepotentes, para no oler a las heces fecales que corren por los alrededores, en un ejercicio de fingimiento de demencia, que corre parejo a la esquizofrenia de aparentar que el país se arregló a los realazos en dólares, cuando la mayoría despierta en un 2023 de deuda, escasez y pesadilla. Nada más dense una vuelta por cualquier estación de gasolina, y verán un vacío similar al de Avanti.

    2) Pero claro, las formas importan. Llama la atención el forzamiento de un spanglish, con algunos tics y acentuaciones de caricatura, de “Wachu” en Open English. Se pregunta cualquiera dónde quedó el idioma que honró Andrés Bello, qué pasó con las bellas letras que cultivaron nuestros mejores prosistas y novelistas, por qué nuestros influencers de hoy no se comunican con la perfecta dicción de un Renny, de un Otolina que nos increpaba al mediodía con las palabras adecuadas, o de una Sofía que nos despertaba con Carlos Rangel en un castellano pausado y modesto de la Caracas de ayer. Por supuesto que todo ello se fue al garete, por lo que vemos como neolengua en la Venezuela Premium de Tik Tok, cuyas estrellas emergentes, como Manar y Emely, se expresan con un vocabulario precarizado de frases hechas, de mensajes lapidarios de galleta de la suerte, de arrogante empoderada con el aval de una fila de miles de “followers”, quienes siguen sus mantras y lecciones de autoayuda, con la inocencia o el morbo de un consumidor irónico, frente al colapso y al derrumbe de nuestra civilización en vivo y directo, cual caída del Manual de Carreño, cual demolición controlada como consecuencia de dos décadas perdidas bajo un régimen de sombras, de una dictadura que sepultó a la democracia y su sueño de movilidad social, para instalar una de las brechas más radicales en nuestra historia, entre los que tienen para comprar un lujo de mentira y los que mueren de hambre.

    3) Voy con un rápido análisis político. No es casual que la polémica de la Venezuela Premium, haya llegado como lápida y réquiem del interinato, del proyecto naufragado de Juan Gerardo Guaidó Márquez. Una cosa viene de la mano de la otra. Me explico. Mi tesis es que un debilitado Maduro, apremiado por las circunstancias, compró el proyecto de dolarizar al país, como en Ecuador, para aliviar ciertas presiones económicas, y sacarse de encima el cese de la usurpación. Es decir, improvisando sobre la marcha, el madurismo abandonó el barniz socialista del discurso chavista, para abrazar el pragmatismo económico de un capitalismo chino y ruso en una suerte de mala copia de Singapur y Dubai que es ahora Venezuela. Resultado: la detonación de una bomba nuclear, de una onda radiactiva que provocó la erosión del piso político con el que contaba la oposición en el país. La gente se olvidó y la olvidaron a protestar, porque costaba caro, podías terminar preso y desaparecido. Así que mejor, era preferible rendirse a una especie de embrujo colectivo, de nuevo estado mágico, que dotaba primero de bodegones, después de conciertos, luego de un parque de restaurantes en las alturas de lo incosteable, y finalmente un templo, un santuario, un centro de peregrinaje de la Venezuela Premium, como Avanti, al cual desear y aspirar, al que ofrecer al “new rich” en colusión con algunos restos fósiles del “old money”, entre la Caracas de Coca tan Blanca y la Venezuela de las Tussis VIP. Nada más y nada menos, que un brutal esquema inducido, que una mascarada que legitima las inculturas del lavado, el blanqueo de capital, el derroche narco de unos bolichicos y sus pares, demasiado narcisos y arrogantes, como para entender que son títeres de un teatro orquestado en cenáculos de señores de las sombras. Una conjura, una verdadera conspiración, que desactivó cualquier esperanza en un cambio político, al precio de entregarse al SOMA, al Mundo supuestamente feliz de una vida de lujo, que si no tienes es por tu culpa o porque no has entendido las reglas del juego, que premian a la impunidad y la corrupción. De ahí el surgimiento de una degeneración de relevo, de chamos cínicos y canallas, de jóvenes que restriegan su riqueza inverosímil de Ferraris, delante de una masa de menesterosos que están demasiado desesperados en resolver la papa y la sobrevivencia, como para procesar lo que ven sus ojos como espejismo de una Venezuela Saudita que volvió con unos esteroides chimbos, en el sentido de inocular polarizaciones, odios y desmovilizaciones. El interinato es una víctima de ello, también fue victimaria de su propio deslave por corrupción y los creadores del plan celebran en un cañonazo, en una celebración ruidosa de fin de año, que todavía sigue. Ahí se enmarca el ascenso de una Venezuela Premium, que abraza a un seudoneoliberalismo, a una versión manipulada y masticada de un egoísmo libertariano, que no es cierto, por improductivo. Me late que el madurismo, en sintonía con el lacavismo, comprendió la jugada del entorno adverso, y le picó adelante, como siempre, generando la burbuja de una reactivación, que no es para débiles y que glorifica al que ganó su renta de por vida, al costo que sea. La pregunta es: ¿cómo puede combatirse, estamos en una situación irreversible, o es muy tarde? Lo cierto es que las Manar del país, se ríen de los dilemas que planteamos, mientras se maquillan el rostro con una frialdad que asusta.

    4) Un tema que captura mi atención de analista, es la estética del mensaje, su puesta en escena, su arquitectura de efectos y afectos, siendo un ejemplo de comunicación en la era de la posverdad, al combinar dinámicas de realidad documental con cuestiones de absoluta ficción en la construcción narrativa. Por un lado, la chica maneja con no poca soltura y destreza, su dispositivo de Tik Tok, usando un plano medio con iluminación apropiada, que reluce sus facciones y su carga erótica, que seduce al espectador. Desde allí, se cautiva y engancha a un algoritmo que premia la hipersexificación de los cuerpos, los ojos maquillados con delineador de Kardashian, la displicencia de las aspirantes al Trono de Paris Hilton en su reality show de una aplicación de inteligencia artificial, operada en China, para más señas. En la China del control social y biopólitico de los cuerpos domesticados, del experimento de una granja orwelliana que persigue y desintegra a su disidencia interna, a través de una operación de Big Data. De modo que los algoritmos nos han traído hasta acá.

    5) Hay un sonido diáfano y semiprofesional de Podcaster, con un micro colocado al borde una camisa negra, que hace juego con las cejas, el peinado ondulado y el color negro del vestuario. Nuestras influencers nacieron y aprendieron rápido, son nativas de un lenguaje que antes costaba estudiar en cinco años de carrera, y ahora se aprende con un tutorial de diez minutos. Por ello, las nuevas caras del momento, desprecian la escolaridad, no la honran, parece que no les hace falta porque dicen tener éxito. Pero la negación de la universidad y la academia que manifiestan, revela complejos y resentimientos. El complejo del Podcaster que siempre se ufanará de sus millones de seguidores, para compensar que carece de formación intelectual, colegiada. Un privilegio, el de la educación, que en el mundo real continúa sumando y marcando diferencias. Los Tik Tokers no podrán aspirar a cargos en instituciones de medicina, a puestos de relevancia en una agencia de asesoría financiera, a un lugar en un bufete de abogados que exige un título de por medio. Mucho menos a impartir clases, a inspirar confianza más allá de su jaula de oro digital. Cuando el éxito efímero pase, que pasará, una generación Tik Toker, ahora arrogante por la fama, tendrá que lidiar con un auténtico planeta que todavía consagra el mérito, que honra a los influencers positivos como Daniel Dhers, que reconocen con justicia una carrera dorada como la de Messi al levantar una copa del Mundo, después de mil intentos y tres décadas en el negocio. En vez de conformarse con el presente, deberían apostar al futuro, desarrollando una carrera que beneficie al país. Pienso que así llegaron lejos los mejores venezolanos, que los tenemos antes y después: un maestro Cadenas laureado a su tercera edad, un Lorenzo Vigas levantando un León de Oro, una Mariana Rondón alzando la Concha de Oro, un Miguel Ferrari ganando el Goya, una Yulimar Rojas rompiendo todos los récords posibles, una Karina Sainz Borgo publicada en medio mundo y en todos los idiomas, un Chanetón con su estrella Michelín, un Oscar D León que le recomienda a Bad Bunny que sea humilde y empático. Gente emprendedora y auténtica que honra al gentilicio, que deja un legado. En últimas, Manar tiene tiempo de evolucionar y crecer. Puede rectificar si quiere, igual Emely que ya se muestra más comedida y cercana. Es un problema que se justifiquen, alegando que hablan desde sus alter egos, y que lo suyo es solo un personaje. El tema es que, como sabemos por Freud, el supuesto alter ego trasluce nuestra verdadera intención y personalidad. Así que más que una broma, que salió mal, es una radiografía de una generación de Tik Tok, que confunde lo Premium con un asunto superficial. Hemos visto que todo es más complejo y que se remonta al origen de Venezuela, con nuestras sustituciones de élites, nuestra historia de cambios radicales, de nuestros Amos del Valle, nuestro doce apóstoles, nuestros sifrilandos del country en los setenta que terminaron en la cárcel, nuestros yupis de coche bomba, nuestros últimos bolichicos que robaron, huyeron y no los pescaron. Del clasismo de otrora a la Venezuela Premiun de ahora, lo que ha cambiado es la actitud y el medio. Actualmente es cool mostrarse así, en “modo odiosito”. El “old money”, en efecto, ni se siente y busca pasar desapercibido.

    El silencio ha sido oro para los que de verdad cuentan con las fortunas en el país, la gente “fina” es de súper bajo perfil y ni se nota, la gente educada de dinero considera de mala educación el ostentar, conozco a muchos en Venezuela y tienen sensibilidad social, se preocupan y hacen obra social, son filántropos y generan empleo con sus empresas. No tienen perfiles abiertos en Instagram. Como sea, al final, hay que invitar a que se miren las esencias y los corazones, no las apariencias que engañan. Hoy mi problema es con la Venezuela que nos mal acostumbró al gato por liebre, al paquete chileno, al simulacro. Nuestro trabajo como ciudadanos y periodistas, es exponerla y criticarla, para superarla.

    Mis cinco problemas con la Venezuela Premium 4
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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