martes, agosto 9, 2022
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    Orlando Viera-Blanco | Cuando una amiga se va…

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    «Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo,» decía Cortes

    Son las 8:00pm [Canadá]. Veo una llamada en el teléfono de quien no es usual hacerla a las 2 am hora de Europa. Con voz quebrada y apesadumbrada va directo al grano: “Orlando nuestra Inma se ha ido. Quería llamarlos directamente. Ya sabéis cuánto ella y la familia os quiere. Os quería decir de mi propia voz: Inma ya no está”.

    Quedé inmovilizado. Es el tipo de partida inesperada. Mantuve un silencio eterno aunque fueron segundos. Una película entera pasó por mi mente, con su imagen y recuerdos. Sólo alcancé a responder con un nudo en la garganta y en el corazón: “No me lo puedo creer”. Apenas estuvimos juntos hace un par de semanas…

    Los amigos los elegimos. Y son pocos….

    Nunca sabemos cuándo será la última vez que veremos a un amigo entrañable. Esos que el destino nos pone en nuestro camino y podemos elegir hermanos de vientres separados. Estuvimos juntos en un día muy emotivo para la familia. El matrimonio de mi hija. Inma lucía radiante, feliz, hermosa, porque así era ella, una amiga fraterna que derrochaba luz cuando los tiempos permitían los reencuentros. Su corazón vibraba de felicidad cuando recibía la noticia que le visitarías, y sus ojos se iluminaban al ver que algo bueno nos ocurría…

    Conocimos a Inma y a su esposo Joaquín en asuntos de trabajo. Rápidamente brotaba en ella una de sus más elevadas virtudes, ese don de sonreír y regalar felicidad. “Ven aquí que te quiero presentar a Inma, es realmente encantadora”, me dice Gabi, mi esposa”. Una pareja muy catalana de quienes no nos hemos apartado por más de cuatro lustros. “Hemos conversado un rato con tu esposa [Gabi]! ¡Tenéis un ejército en casa!”. Ambos teníamos críos en pleno crecimiento, los tres de ellos y los cuatro nuestros. Desde ese día, sus hijos han sido nuestros sobrinos y viceversa. Desde ese día hemos sido amigos entrañables. Su casa ha sido nuestra y la nuestra su casa. Hemos visto crecer a sus hijos y ellos a los nuestros. Y ya viene en camino, el primer nieto de Inma…

    Inma sufría con pasión y dolor venezolano nuestra realidad.

    Su verbo era directo y su representación de la vida, cálida, como un poema escrito con sabiduría y corazón, como dibujo plasmado con la luz de las estrellas. Llevó siempre presente su amor por Cataluña. Le causaba una trepidante tristeza la polarización de su provincia. Su lógica no por sencilla y puntual era imbatible: quienes nacimos bajo una misma tierra y un mismo idioma no podemos pisar la trampa de la violencia y la división. “Orlando, seguid adelante como el quijote andante (…) saludos a tu bella madre, que ha tratado a mi hija como una nieta […] Como dicen ustedes, dios los bendiga y cuidaros mucho, que la primavera acaba y el cuerpo demanda reposo. Venir pronto, ya sabéis cuánta ilusión nos da de veros y tenerlos en casa…

    En tiempos de exilio forzoso estas palabras de aliento, confortan. Una de las carencias más sentidas cuando nos vemos impedidos regresar a nuestro país, es la reminiscencia, es la memoria de lo vivido en casa, es el buen recuerdo de vivir en libertad lo que alivia la carga. Tener cerca a personas maravillosas que nos animan, nos mueve el listón por ser representación cálida de amabilidad y nostalgia, es sentirnos libres.

    Inma tenía esa virtud. Era un remanso, un reposo. Contenía su tristeza por lo que ocurría en España o Venezuela. Exhibía el don de la nobleza que obliga. Aún en la adversidad invitaba a echar para adelante, remar juntos. Recordaba que nuestra fortuna son nuestros hijos, nuestra amistad, ¡nuestra cultura! «La vida al final Orlando, es la familia, los amigos, nuestra identidad, para reír o llorar, para luchar y triunfar juntos…» Una mujer que lo dio y lo dejaba todo por dar y vivir, que no se permitía “un quiero, pero no puedo” porque siempre pudo lo que quiso y lo que no, que tendía su mano por ti. Un ejemplo de nobleza, entereza y fuerza a la vez, que siempre estaba porque le interesaba el estar de los otros…

    Te echaremos de menos…

    Inma fue y seguirá siendo un ser humano excepcional. Lo ha sido como esposa, madre, hija y hermana. Una amiga sin igual. Un alma buena se ha marchado…

    Me gusta vivir mi vida como una utopía. Creer y compartir otros ideales es ilusión. No es vivir de ilusiones. Es vivir por ellas para hacerlas realidad. Inma nos recordaba lo importante que es atesorar esos momentos de luz. Por eso reía cuando lloraba su alma. Y su mirada llena de dulzura la irradiaba. Caminaba sin descanso. Escribía sin acritud. Trabajaba sin respiro. Y quería, quería vivir felizmente. Si la vida se empeñaba en demorarla, ella insistía en subir montañas aun creyendo que no tenía pulmón; ir al mar cuando para otros no valía la pena nadar y seguir andando hasta el amanecer.

    Tu ausencia será la luz en las estrellas y tu cariño lo guardaré como el recuerdo de un niño en los brazos cuyo sueño vigilas. Dicen que la amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad. Tu ausencia será un recuerdo perenne de lo que es una buena amiga, por lo que siempre estarás presente para duplicar nuestra Felicidad y disipar nuestras ansiedades…

    Vuela alto querida Inma como dice la prosa de Alberto Cortez, “cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, que ilumina el lugar, donde hay un niño dormido…y queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo”.

    No es un adiós, es un hasta siempre querida amiga. Dios te tenga en la gloria. Te echaremos de menos

    @ovierablanco

    Embajador (designado) de Venezuela en Canadá

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    Orlando Viera Blanco
    Embajador (designado) de Venezuela en Canadá

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