miércoles, febrero 8, 2023
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    Pedro Castillo y Cristina K: cuando los golpistas se quedan solos frente al espejo

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    Pedro Castillo y Cristina K cayeron en menos de 48 horas, escondidos bajo el ritual de la bandera, el set de madera que parece de cartón piedra y la arenga desquiciada a la tropa.

    El primero fue depuesto por el congreso, después de querer cerrarlo y gobernar por decreto, como Fujimori hace 30 años y Vizcarra más recientemente. Ambos autogolpes contaron con el apoyo de las fuerzas armadas y parte del pueblo, por desgracia, en un típico arrebato del populismo latinoamericano.

    Castillo pensó en repetir la fórmula, pero le salió mal, por fortuna, debido al rechazo masivo de la gente en la calle. Movilización más intervención oportuna de los agentes del orden, impidieron al aprendiz de Hugo Chávez cometer una tropelía similar a la de Nicolás Maduro, cuando impuso su infausta constituyente por encima de la Asamblea Nacional, votada en 2015.

    Los tiranos se parecen, cometen los mismos errores, y la historia generalmente no los absuelve, pagando condena por sus violaciones al derecho.

    Por su lado, la chapuza de la vicepresidente de Argentina, su corrompida gestión de un absurdo enriquecimiento ilícito de sus arcas personales, condujo a un largo proceso en tribunales, donde ella quiso utilizar su poder para obstruir la justicia.

    Tampoco le funcionó la estrategia de sabotaje y supuesta víctima de magnicidio, siendo declarada culpable y condenada a 5 años de prisión, con una inhabilitación de por vida, para ocupar cargos públicos.

    Así empieza a resquebrajarse el mito de una Navidad perfecta para los tiranos, de un mes de ensueño para la extensión infinita del Foro de Sao Paulo en la región. Por regla general, diciembre se instrumentaliza políticamente, con fines demagógicos y rastreros.

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    En Venezuela, el régimen tiende a repartir sus aguinaldos a manos llenas, su perniles cada vez más diezmados, sus dádivas, generando un impacto negativo en la inflación, la cual se verifica actualmente en el precio del dólar en alza. Una especie de devaluación camuflada, producto de la impresión de moneda sin respaldo y del aumento del gasto público.

    De tal modo, San Zar Nicolás surfea la ola de tamaño adverso, por 30 días adicionales, donde sigue ganando tiempo, a merced de una comisión estéril de negociación.

    El clima del diálogo es parte del ecosistema totalitario de Maduro, apoyado por una corte de colaboradores y de intelectuales condescendientes de oposición, quienes justifican pragmáticamente la “sentadera”, porque no hay más opciones reales en la mesa.

    Con una mentalidad así de conformista, hoy Perú amanecería en toque de queda y con el inexperto Castillo con la banda presidencial cruzada en el pecho, dando una alocución al peor estilo de Aló Presidente. Por igual, Cristina andaría bien tranquila, imaginando su vuelta a la Casa Rosada, en próximos comicios.

    No será así, pues la división de poderes ejerció sus funciones, en el restablecimiento del hilo democrático. Por ende, es la fuerza del progresismo oscuro de LATAM, la que ha amanecido golpeada, con dos fichas menos con las que contar en su bolsa de reparto de cuotas, bolsos, coimas y dinero negro.

    No se olviden que Antonini Wilson pasaba plata entre Venezuela y Buenos Aires, que Cuba le puso mano al Continente, a través de sus garras y marionetas que manipula psicológicamente, desde los laboratorios de La Habana. Una operación que pasó de la clandestinidad de la guerrilla en los sesenta y setenta, a dar zarpazos mediante campañas emocionales y candidatos de izquierda, que juegan con las necesidades de los pobres, haciéndoles creer que subirán de nivel al votar a los alfiles del castrismo.

    Lo lograron en Venezuela, convirtiéndola en una colonia ideológica de un comunismo caribeño, signado por el atraso, la censura, la violación de derechos humanos y la cancelación de la historia, congelándola como en la URSS.

    Por ello, es buena noticia la caída de Castillo y Cristina, dos caras de la misma moneda. Fíjense que no es casual que ocurra, tras la cortina de humo del Mundial, antes de la posible coronación de Brasil o Argentina, que eclipsarían cualquier conversación relevante, hasta enero.

    Los jueces en Argentina aplicaron el VAR, picaron adelante en su ofensiva, y sentenciaron a Cristina, no bien culminó la fase de octavos de final en Qatar 2022. Del mismo modo, ocurrió en Perú, país alienado y distraído por el deporte rey, que allá sirve de circo en ausencia de pan. El legislativo sesionó y aceleró la causa por incapacidad moral contra Castillo, exigiendo su moción de vacancia, ergo, su remoción y destitución.

    ¿Qué hizo el tirano chambón del sombrero de paisano? Escenificar una tramoya mediática, una predecible puesta en escena, un programa de televisión que conocemos en Venezuela.

    Por ejemplo, Pedro reprodujo la infame cadena de Hugo, cuando partió la pantalla en dos, durante los sucesos del 11 de abril. Un Chávez acorralado y aislado, activó el Plan Ávila contra el pueblo, al cual juró nunca apuntar con los fusiles de un soldado. El león furioso se redujo a la imagen de un pequeño dictador, que levanta los fusiles y los círculos del terror, contra la gente desarmada. Y así le fue. Permaneció depuesto por un fin de semana.

    Por su parte, Castillo vive su laberinto, su proceso de enajenación y psicosis, negando la realidad delante de una cámara y una gris escenografía burocrática de un despacho que puede ser hasta de utilería, por lo estereotipado.

    Nótese que es el mismo simulacro de un poder menguante, de una hora menguada. Cuando el político se queda solo, no le queda más que hacer un en vivo y directo, que hacer un live para comunicarse sordamente con nadie, con la reproducción de sí mismo y de su espectáculo de un egocentrismo ridículo, vergonzoso.

    En tal sentido, la mirada de Cristina se refugia por igual en la amenaza y el ejercicio de una retórica autista, que cree infundir respeto y autoridad, desde la limpieza del propio ombligo, batiendo papeles al aire y profiriendo incoherencias retóricas de forma autoritaria. Cristina también está fuera de la realidad, sigue convencida de sus fueros, se empeña en grabar mensajes a la nación, como si fuese la Presidenta en ejercicio.

    Muy tranquilamente pudiese ordenar mejor sus ideas, y retirarse publicando un par de Tweets, o un comunicado. Nos ahorraría tiempo y dinero, el trámite de verla disociada, desprolija, desprovista de argumentos, poseída por el melodrama de la posverdad.

    Ha preferido abusar de poder, secuestrar la atención, literalmente partiendo la pantalla como Hugo, apenas se había dictado sentencia en su contra, como para que se hable de ella, en lugar de su condena, que es la auténtica noticia.

    Menos mal que los teatros de Castillo y Cristina, que sus disparates ensimismados, no han tenido mayor efecto sobre la realidad. Han quedado como registros de una perversión autoritaria, que pretende anular los hechos con golpes de estado informáticos y radioeléctricos, transmitidos y diseminados en simultáneo por redes sociales.

    No son casos aislados en la región y tendrán repercusiones. Empezó el 2023 para la causa de la liberación en LATAM. Se palpa un cambio de timón, una ligera esperanza de voltear el esquema del Grupo de Puebla en América Latina.

    No desperdicien la oportunidad en Lima.
    Puede ser un efecto dominó que no anticipamos.
    Y es que así es que se ejerce la política.

    Pedro Castillo y Cristina K: cuando los golpistas se quedan solos frente al espejo 3
    Sergio Monsalve
    Director Editorial Observador Latino. Comunicador social. Presidente del Círculo de Críticos de CCS. Columnista en El Nacional y Perro Blanco. Documentalista, docente, productor y guionista.

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