sábado, octubre 16, 2021
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    Eduardo Casanova | Corrupción y socialismo

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    ¿Por qué hay países, como Suiza o los países escandinavos, en los que prácticamente no hay corrupción ni pública ni privada? U otros en los que la corrupción es mínima, y cuando es descubierta se paga puntualmente

    La corrupción en el régimen de Venezuela es algo evidente, que ha sido probado más allá de toda duda en varios escenarios: lo más reciente es lo que está ocurriendo en España y en Cabo Verde, y en España no es solo lo relativo al “Pollo” Carvajal, sino también lo ocurrido con una cantidad de apartamentos de gran lujo que fueron requisados por la justicia a un grupo de directivos chavistas de la industria eléctrica oficial, que se enriquecieron ilegalmente y en forma obscena perjudicando a toda la población venezolana.

    Y lo de Cabo Verde es demasiado notable como para ignorarlo: un colombiano se hizo multimillonario aprovechándose de la necesidad alimentaria del pueblo venezolano, mediante sobreprecios y todo tipo de abusos, pero también se enriqueció como testaferro de los altos jefes del PSUV en otros rubros que demuestran la corrupción de Nicolás Maduro y otros grandes capos del “socialismo del siglo XXI”. Y eso no es sino la punta de un  inmenso Iceberg que en buena parte, sumado a la ineptitud de militares y civiles chavistas, es responsable del desastre que ha arruinado a Venezuela.

    Por el tiempo en que viví en la China comunista como embajador de Venezuela me consta que la corrupción es generalizada: los “cuadros” y capos del Partido Comunista exhiben obscenamente su riqueza, que contrasta con la pobreza de la casi totalidad de los chinos. Uno los ve en sus automóviles de lujo, generalmente Mercedes Benz, mejor vestidos que los demás y gastando a manos llenas. Y por la relación que mantienen con el régimen corrupto de Venezuela no es difícil deducir sus niveles de deshonestidad.

    Pero la corrupción, que oficialmente se paga con la vida, lo que simplemente ha derivado en que se utiliza para eliminar a quienes no le convienen a los jefes de turno, no se manifiesta solamente en esos niveles altos: a título de ejemplo basta con ver lo que ocurre en la cotidianidad; en la embajada estaba (y supongo que sigue estando) estrictamente prohibido hacer alguna reparación, desde cambiar un bombillo hasta componer algún artefacto complicado. Son tareas exclusivas de la “Corporación de Servicios”.

    Cuando se descompone alguna cosa hay que llamar a la Corporación, y con el mayor descaro responden que podrán hacer lo que se les pide ¡en seis meses! Como en invierno no se puede esperar un semestre para reparar el equipo de calefacción, inevitablemente hay que caer en la práctica de pagarles un soborno bajo cuerda, y lo reparan en seguida. Y si se trata de una reparación menor, como cambiar un bombillo o reparar un enchufe, basta con que se les dé una pequeña propina para que hagan la vista gorda y permitan que el mismo personal de la embajada haga lo necesario. Y los colegas de otras embajadas en países socialistas, como la URSS y sus satélites, me informaron que era igual en aquellos lugares. Como en Cuba. Y hoy en día en Nicaragua.

    Es una constante invariable. ¿Y qué es la corrupción? El diccionario la define como “la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar)”. O, de acuerdo al diccionario de la Real Academia Española (RAE), “el vicio o abuso en un escrito o en las cosas no materiales”. Y en el ámbito del gobierno o de la administración pública: “generalmente indica el mal uso por parte de un funcionario de su autoridad y los derechos que se le confían, así como la autoridad relacionada con este estado oficial, oportunidades, conexiones para beneficio personal, contrario a la ley y los principios morales.

    La corrupción también se llama soborno de funcionarios, su corrupción, soborno, que es típico de los estados de la mafia. Un signo característico de corrupción es un conflicto entre las acciones de un funcionario y los intereses de su empleador, o un conflicto entre las acciones de una persona elegida y los intereses de la sociedad. Muchos tipos de corrupción son similares al fraude cometido por un funcionario y pertenecen a la categoría de crímenes contra el poder estatal. Cualquier funcionario con discreción puede estar sujeto a corrupción en la distribución de cualquier recurso que no le pertenezca a su discreción (funcionario, diputado, juez, agente de la fuerza de seguridad, administrador, etc.).

    El principal incentivo para la corrupción es la posibilidad de obtener beneficios económicos (rentas) asociados con el uso del poder, y el principal elemento disuasorio es el riesgo de exposición y castigo. (…) La naturaleza sistémica de la corrupción se manifiesta en su naturaleza coercitiva para aquellos que trabajan en organizaciones gubernamentales cubiertas por ella: los rangos inferiores recaudan sobornos y comparten con los rangos superiores para mantener su propia posición. (…) Según estudios macroeconómicos y políticos, la corrupción causa daños significativos e impide el crecimiento económico y el desarrollo en interés de la sociedad en general. (…) En muchos países, la corrupción es punible por ley”. Eso dice el famoso y ubicuo Doctor Google, y es poco o nada lo que habría que agregarle. Pero, ¿por qué hay países, como Suiza o los países escandinavos, en los que prácticamente no hay corrupción ni pública ni privada? U otros en los que la corrupción es mínima, y cuando es descubierta se paga puntualmente.

    Para mí es cuestión de educación, y porque en esos países prevalece la moral burguesa. Y esto último explica en buena parte la corrupción que cunde en los regímenes socialistas, que hace pensar que socialismo y corrupción son inseparables. ¿Por qué? Porque para los socialistas el gran enemigo, el enemigo a vencer, es la burguesía, y la honestidad es uno de los valores más importantes de la burguesía. Transgredir los valores de la burguesía es algo que la mayoría de los socialistas considera legítimo. Y destruir a los Estado Unidos de América es una de las grandes metas de los socialistas.

    La droga, como elemento para dañar la juventud y la sociedad norteamericanas es algo que se han planteado como desiderátum los socialistas del mundo, y, por tanto, el tráfico de drogas no es un crimen sino un recurso importante de la guerra contra el capitalismo. Que como efecto inevitable de las drogas esté el enriquecimiento desorbitado de quienes las cultivan y las distribuyen, es harina de otro costal, y si no se tiene una rígida formación moral, típica de los burgueses, no es fácil renunciar a las ventajas que esa riqueza ofrece.

    Desde luego, eso opera con los jefes. Pero ¿se puede creer que los socialistas de a pie también son corruptos? En principio los socialistas de a pie son más bien víctimas de los capos socialistas, que los engañan y se aprovechan de sus buenas intenciones. Pero si se dan cuenta, por ejemplo, de que el régimen miente al atribuir el desastre económico del país a las sanciones de los gringos, se convierten en cómplices que contribuyen a la corrupción de los capos y por lo tanto son parte de la corrupción. Ayudan, no pasivamente sino activamente a depravar, echar a perder, sobornar, pervertir y dañar el país.

    Lo que implica que, lamentablemente, también son corruptos, además de idiotas, pues pecan sin disfrutar sus pecados. Se me dirá que antes de la llegada de los chavistas al poder había corrupción en Venezuela, y es cierto, pero con los chavistas se potenció y enfermó de gravedad al país entero. Antes existía, pero también había funcionarios y empleados honestos. Ahora es generalizada. En apretado resumen, bien puede afirmarse que el socialismo no es otra cosa que la corrupción de la política, de donde se infiere que corrupción y socialismo son inseparables, son, prácticamente, una misma cosa.

    Eduardo Casanova | Corrupción y socialismo 3
    Eduardo Casanova
    Eduardo Casanova Sucre Caracas, 1939. Novelista, ensayista, autor teatral. Ex Director del CELARG, ex Presidente de la Fundación CELARG. Ex Director General de Relaciones Culturales del MRE.

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