miércoles, enero 26, 2022
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    Se buscan nuevos chivos expiatorios para ocultar el estallido de la burbuja decembrina

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    La estrategia es la siguiente: cómo la burbuja de diciembre va camino de pincharse, o ya se pinchó, pues buscan chivos expiatorios, a quienes culpar, para desviar la atención. Es un numerito del manual de cómo se convierten en tiranos. Lo usan contra periodistas y políticos.

    El 2022 despierta de la ilusión navideña, con una nueva lista negra, una cacería de brujas en el mundo digital, cuyo efecto sobre la realidad es traumático, porque causa persecución, la pérdida de empleo, el miedo y hasta consecuencias somáticas impredecibles.

    El objetivo es socavar la idea de la existencia de cualquiera oposición. No es casual el tiempo de la respuesta del poder fascista. Semejante pote de humo se inscribe en el contexto de la elección en Barinas, una región sobre la que temen que caiga del lado de la oposición.

    Por ello, todo el barullo y la inquisición roja, todo el esfuerzo trillado en amedrentar a las personas y los ciudadanos que dignamente informan, para romper los cercos de la censura. Mi solidaridad con todos los agraviados en la disidencia.

    Cuidado con caer en los peines que van poniendo los dobles agentes y los espías declarados. He notado que se acrecienta, además, una técnica típica en los últimos 20 años, que es exponer no solo a periodistas y políticos, sino a miembros de la clase media, jóvenes emprendedores.

    Se ponen a circular videos o imágenes, sacadas de contexto, para generar cascadas artificiales de indignación y humillación, señalando a supuestos «sifrinos» insensibles que consumen, indiferentes ante la realidad del hambre, etc.

    El propósito aquí es satanizar la identidad de los hombres y mujeres que son independientes, y que han logrado sobrevivir sin claudicar en Venezuela.

    Es una demonización de las clases medias que lleva tiempo incubando la dictadura, para de nuevo destruir a la oposición, fragmentándola.

    De tal modo, se impone la narrativa de la negación de la experiencia, de la condena de los venezolanos consumidores que se quedaron en el país. Según dicho falso dilema, el venezolano que se quedó debe sencillamente censurarse y no vivir, no publicar nada sobre su vida de consumo en redes sociales. Debe castrar su experiencia. Imagínense, el colmo de la represión.

    Finalmente, se crea una matriz favorable a la propaganda bolivariana, donde se encuentra una excusa para dividir a los venezolanos de oposición, los que se quedaron y los que se fueron.

    Algunos se comen el cuento, caen en la trampa, y terminan acusando a los venezolanos que se quedaron, desde el exilio.

    Este escenario de división, de alimentar el resentimiento, de falso dilema, también favorece a la dictadura.

    Piénselo bien antes de sumarse a una campaña de desprestigio de venezolanos de oposición. No le hagan el juego a la dictadura.

    El chico que sale a divertirse o a cenar un día con su novia en Caracas, con el dinero ganado con el sudor de su frente, pues no es el enemigo.

    Tampoco lo es la chica que decide compartir una historia o un Tik Tok, sobre su experiencia en un restaurante, al que asiste porque tiene trabajo, gracias a dios, y quiere regalarse un día de diversión y desahogo con sus amigas en la Sin City.

    Vemos que Venezuela amanece en enero como un pueblo fantasma, como un cementerio, en muchas partes.

    El espectro de la crisis empieza a hacerse más visible, incluso en zonas de aparente privilegio.
    Por ello, el apuro del poder por encontrar culpables y lanzar potes de humo.

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