sábado, octubre 16, 2021
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    “Venezuela se está arreglando”: pero no todo lo que brilla es oro

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    Venezuela vive sumida en la última fase de su espejismo saudita, el de un país normalizado por la forzosa repatriación de capitales de corruptos, sancionados, bolichicos y afines, quienes invierten en la economía del bodegón y la construcción de elefantes blancos del futuro, para aceitar su rueda de poder y tráfico de influencias.

    La falsa “reactivación” del 2021 cuenta con, al menos, un antecedente inmediato en la recuperación del 2019, cuando Maduro dolarizó como en Cuba, por mera cuestión de supervivencia de su modelo, al hacer su fotocopia chimba de los modelos de China y Vietnam.

    De ellos remedó lo peor, como la política de represión y garrote, sacrificando la soberanía de la monedad nacional, en pos de recibir el subsidio indirecto de las remesas, los deliverys, las pequeñas empresas y emprendimientos, por concepto de impuestos y otras alcabalas de facto.

    Al ciudadano literalmente le ordeñaron sus bolsillos, pagando una mala gasolina cara, repartiendo coimas en las carretas y autopistas para circular entre militares armados hasta los dientes.

    El mito del 2019, de la fantasía de la reapertura, culminó en el 2020 con la instalación de la cuarentena infinita.

    Fue un año de más salida de capitales y de flujos humanos, a través de las fronteras atestadas de caminantes desesperados.

    Fue un año de paro y cierre técnico de cientos de compañías que quebraron, algunas de ellas siendo compradas a precio vil o directamente expropiadas por el estado opresor.   

    Murieron miles a causa del Covid 19, del hambre y de la diáspora.   

    La burbuja del 2019 estalló como tragedia y parodia de otras depresiones del pasado, como la del viernes negro, el Caracazo, la crisis bancaria, el control monetario de Cadivi, el 2014 y el 2017.

    Un ciclo que el chavismo administra y explota cada dos años, como un show de la catástrofe y la calamidad anunciadas.

    Verdaderos Hunger Games del socialismo, un casino de la Habana vieja, un juego de la langosta roja rojita, donde siempre gana la banca del comunismo, a costa de nuestra debacle social, cultural y moral.

    Luego nos llevan a un matadero conocido en negociaciones inútiles y elecciones estériles, que anticipan la repetición del círculo vicioso, a expensas de una oposición excesivamente condescendiente, dialogante y moldeable en escenarios de amenaza bélica, de totalidad como conspiración.

    No revires porque vas preso, no te alces, no convoques tanta calle o terminarás en un calabozo, olvidado y secuestrado por la noria, por el sistema de puerta giratoria de “los presos políticos” que enfrían y extorsionan en la república que tortura.

    Por eso, la leyenda y el lugar común de “la Venezuela arregladita de los influencers del 2021”, pues mueve a una risa cínica y a la evidente sospecha de ser parte de un camelo, de pertenecer a la producción de una película de propaganda bicentenaria, que ni Luis Alberto Lamata y la Villa del Cine están en capacidad de igualar con sus series de próceres truchos, de orgullo veneco, que disfrazan las consignas del populismo bolivariano, bajo un manto de capas hipsters y ridiculeces de telenovela de farándula decadente.

    No en balde, la actual sobreproducción de una “normalidad” de propaganda épica, cuenta con la inyección fortuita de un nuevo tabernáculo de héroes y de glorias del Circo del sol olímpico, que calman la furia de las masas, que domestican a la resistencia, entrelazando la gloria de las medallas con el telón de fondo de los próceres que limitan en Fuerte Tiuna y sus paradas coreanas de armamento ruso, durante los desfiles del 5 de julio.

    Sumemos al casting la participación especial de los lacrimógenos invitados de las culebras de Youtube, que lloran frente al Santo Ángel y compran casas en Lecherías, buscando convencernos de las oportunidades que se esconden en la patria fundida y restringida por el horizonte marxista.

    Este versito se baila a ritmo de Tik Tok, se potencia con las redes sociales, alimenta unas expectativas bárbaras que se frustran ante el menor choque con la realidad del Saime, del Seniat, de las Universidades públicas desautonomizadas, del desarrollo de los frentes de la disidencia cultural.

    Al chavismo hoy le conviene que te distraigas en un casino, que botes plata en una ruleta del Humboltd, que empeñes el sueldo en un comedero de diseño replicante, antes que ilustrarte y liberarte de las cadenas.

    De ahí que les sirva el retroceso y la retirada de la competencia que aportan los teatros, los cines, las librerías y los espacios en los que se expande el pensamiento divergente.

    Preferible conservar el establo quieto de la granja, para contener próximas rebeliones.

    Diré que el consumo contemporáneo del país, fusiona las categorías que definió Lipovetsky en el libro “La Felicidad Paradójica”.

    Es decir, combina un ejercicio de distinción social, una voluntad hedonista de evasión y escape, una afirmación de la vida íntima del día a día, de cara a la incertidumbre del período Covid 19.

    En cada caso, se habla de porcentajes de población, absolutamente trazados por la investigación demográfica de las encuestadoras chavistas.

    No crean que todo esto es gratuito y escapa de un trabajo de planificación en horas de vacas flacas.

    Se sabe, por cálculo matemático, que un 11 por ciento sostiene a la burbuja de la normalización, drenando ingresos extranjeros a la economía interna, amén de las aplicaciones como Zelle, de las transferencias y del efectivo que permiten ahorros, viajes, encomiendas e inundaciones de billetes manchados por el narcotráfico.  

    Por supuesto, hay dinero legítimo ganado con el sudor de la frente, plata legal conseguida por esfuerzo propio.

    Pero el grueso de la masa circulante de divisas, no salió de la nada o por obra y gracia de la caridad de los buenos que somos más.

    De cualquier modo, menos de 400 mil personas tienen el músculo, para gastar y crear el artificio de Instagram, de un país arregladito que se fabricó un outlet de Miami Nuestro, con palmeras kitsch y locales que bañan la hamburguesa con tinta de oro, con el objetivo de trabajar la ansiedad y curar el aislamiento, tal como los dispositivos de entretenimiento de los penales y las cárceles, con sus discotecas y casinos.

    En tal sentido, para ir cerrando por hoy, el venezolano arrogante ha descubierto otra razón para sentirse orgulloso, potencia, primer mundo, calle, malandro con real, reconquistador del “ta barato dame dos”, pran, ombligo y centro del mundo, cosmopolita y exitoso, en el contagio de la sustitución de importaciones, en el hecho de comprar original o simples reproducciones de la oferta trendy internacional.

    Una oferta medio descafeinada y estereotipada, inofensiva y diluida, como una carta de tacos al pastor, vendidos como excentricidad gastronómica, como una cena deconstruida en 7 tiempos, al precio de 200 dólares.

    El dionisio arquetípico de Caracas, Maracaibo y Valencia, compra la pantalla, para fingir una sofisticación de la que carece al hablar y actuar, como el clásico echón delante de una historia o un reel.

    Nuevo rico que desfila en una pasarela a la que se le cae la luz y el punto de venta, a cada rato.

    La minoría restriega su privilegio en la vitrina, al tiempo que la mayoría debe conformarse con las migajas y cenizas del banquete, haciendo window shopping por Instagram.

    Se tendrá que conformar con un helado de McDonalds, una bomba de calorías en una chicha recargada de chucherías, un perro o una calle del hambre aumentada por el circuito de Food Trucks.

    El consumo, base fundante del neoliberalismo, le ha salvado las papas al madurismo en su fase superior de estancamiento.

    Para los que hemos estudiado algo de economía, entendemos que una demanda así de precaria solo puede aguantarse por un tiempo, dado que es un esquema Ponzi. Una pirámide.

    Estimo que la burbuja de la “Venezuela arregladita” durará y se prolongará por efecto de las elecciones regionales.

    Es el simulacro que necesita el desgobierno, para legitimarse, calmar las aguas y encarrilar a su rebaño.

    Tomen previsiones para cuando la fiesta termine y tengan que desmontar la carpa del circo, por inercia, agotamiento y falta de liquidez.

    Un país que no produce, que se come sus pocos ingresos, no puede sostenerse por mucho tiempo.    

    Sergio Monsalve. Director Editorial de Observador Latino.

    2 COMENTARIOS

    1. Imperdible. No deja de leerse, con un cierto dejo de tristeza e incapacidad. Es una radiografía tan exacta que refleja dónde está la causa de la enfermedad y su irremediable final. Es un recipe de lo mejor que me han recomendado, al menos para resistir con fe ante el diagnóstico de lo que será el final. Sin dejar que se me escapen unas lágrimas después de leer el final. Siempre, creo, que el escribir es una gracia divina. Felicitaciones.

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